Emigrantes en Yale y Max Planck

  • Eugenio Olmedo y Enrique Jiménez recogieron el mismo día el premio nacional de Bachillerato y juntos también se convirtieron en emigrantes · El primero estudió Derecho pero es el instituto Max Planck de Alemania el que se aprovecha de su talento · El segundo cursó Filología Clásica y Hebrea pero ahora investiga para la Universidad de Yale, en Estados Unidos.

Eugenio Olmedo (en la imagen superior) encadena premios: el nacional de Bachillerato, el de Jóvenes Juristas, a la Mejor Trayectoria Académica de Andalucía y a finales de año recibió otro de la Universidad Jaume I a la mejor monografía en transportes. Estudió Derecho en la Universidad de Málaga, se doctoró en la Universidad de Bolonia y es máster en Derecho Mercantil. Si en vez de dedicarse al derecho jugara al tenis podría llamarse Rafael Nadal y, aún así, afirma que España, “no brinda ninguna oportunidad científica ni para mí, ni para casi nadie”.

Su interés por la investigación, una vocación que descubrió cuando estudiaba la carrera, le condujo primero a estudiar en Málaga un máster en Asesoría Jurídica de Empresas y después, gracias a una beca del Real Colegio de España en Bolonia, a realizar un doctorado en Derecho de sociedades y de los Mercados Financieros. El 22 de marzo de 2013 defendió la tesis, coronada con un sobresaliente cum laude por unanimidad. Sin embargo, en agosto finalizó su beca en la Universidad de Málaga y se apagaban sus posibilidades para hallar un hueco en un sistema universitario que por ley no convoca plazas más que para reemplazar al 10% de los docentes que se jubilan.

“Viendo la puerta cerrada para trabajar en la universidad española tuve que recurrir a Alemania donde el Instituto Max Planck me concedió una beca para desarrollar un proyecto de investigación sobre acuerdos y concentraciones de compañías aéreas desde la perspectiva del Derecho de la competencia”, cuenta por correo electrónico desde Munich. “Esto es otro mundo”, agrega. Refiere que no se trata solo de tener medios superiores sino también de la oportunidad de “trabajar con gente de casi todos los países: europeos, estadounidenses, suramericanos, africanos, asiáticos...”.

“Alemania ha invertido e invierte mucho en investigación y se nota”. Desde su punto de vista es la prueba de que “invertir en investigación y en educación es positivo para un país”, porque mientras Alemania no sufre la crisis, en el sur de Europa “[nosotros] seguimos recortando en educación e investigación”.

“Ah, ¿pero a España se puede volver?” es la respuesta que salta de Eugenio Olmedo a la pregunta de si planea volver. “Las únicas noticias que veo de España es que cada vez se recorta más la inversión en investigación y educación, que cada vez tienen que cerrar más institutos y centros de investigación; que las Universidades están sufriendo verdaderas penurias para seguir adelante… En definitiva, lo único que se ve es precariedad”.

El investigador del Max Planck lamenta que la generación científica más preparada de la historia tenga que abandonar el país justo cuando empieza a tener repercusión internacional, de modo que toda la inversión que se ha realizado en su formación sea para “instituciones extranjeras”.

Admite que le gustaría regresar a su país y que su trabajo repercutiera en su tierra pero teme que no haya “planes futuros de retorno ni para mí ni para la mayoría de los investigadores que estamos fuera”.

En este punto de su trayectoria, Eugenio Olmedo cree que la historia de la universidad española es “un cuento frustrado”. “Durante las últimas décadas se han hecho grandes esfuerzos por alcanzar resultados que coloquen nuestra universidad en el lugar que merece. Incluso nos hemos obsesionado por que algunas entren en rankings. Ahora, en cambio, las políticas que se están adoptando recorren ese camino en sentido inverso y a una velocidad todavía superior”. La inversión anterior “se está regando con sal”.

Desde su punto de vista, los recortes en personal, becas y material impiden que sean competitivas y él mismo es un buen ejemplo: “Los resultados de mi investigación ya no cuentan para mi universidad, sino para el Instituto Max Plack”, mientras que, por ejemplo Alemania, invierte en investigación y en captación de talento “porque resulta rentable” en términos científicos y económicos.

El panorama visto desde la perspectiva de los derechos sociales es, a su juicio, aún más dramático porque los recortes conducen a desmantelar la educación pública y “sin una universidad pública y una adecuada política de becas muchos de nosotros no habríamos podido siquiera tener una educación universitaria”.

La conversación por correo electrónico con el granadino Enrique Jiménez (en la imagen superior en una fotografía tomada por María de la Cruz en Granada) también deja traslucir que esos recortes han pulverizado parte de los anclajes que le ayudaron a construir su carrera académica. Tras recibir en 2005 el Premio Nacional de Bachillerato, logró una beca de la Comunidad de Madrid dirigida a captar talento externo que le permitió “estudiar en la Complutense Filología Clásica y Filología Hebrea”, recuerda ahora desde Yale. En 2008 obtuvo otra beca, “que ya no existe”, puntualiza, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. “Allí pude especializarme y escribir mi tesis doctoral en asiriología”,disciplina que estudia la lengua y las culturas de las civilizaciones mesopotámicas. “Mi especialidad es la literatura babilónica, una de las más antiguas de la historia. Es un campo muy dinámico, con decenas de miles de textos aún inéditos”.

La beca del CSIC la encadenó con otra concedida por Alemania para trabajar en Heidelberg. Fue un antiguo profesor de esta universidad alemana al que había conocido durante una estancia predoctoral quien le abrió las puertas de Yale. “Es un contrato para un proyecto que está empezando ahora y que consiste en la edición digital del corpus de los comentarios mesopotámicos” en los que “los babilonios trataban de explicar sus propios textos, aclarar su sentido o darle nuevos sentidos”.

Enrique Jiménez reconoce que es una “oportunidad única” trabajar en Yale. “Además de tener algunos de los mejores especialistas del mundo, posee una de las colecciones de tablillas cuneiformes más extensas, una de las bibliotecas más completas y una actitud de decidido apoyo al investigador que no se halla fácilmente en otros sitios”.

Calcula que estará entre dos y tres años en la que se considerada la tercera universidad más importante de Estados Unidos, según el informe 2014 US News & World. “Después no tengo muy claro qué haré. A mí me gustaría volver a España, pero la cosa está difícil”, indica, no solo en alusión a que los recortes prespuestarios han dejado pocas oportunidades “que también”, sino porque, además, “las humanidades no son nunca prioritarias. En mi caso, la asiriología está casi completamente ausente de la universidad española, lo que contrasta con los países europeos de nuestro entorno”.

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