EMILIO MARTÍNEZ DE VICTORIA

"Enviamos a investigadores fuera para especializarlos y ahora no los podemos traer"

  • El catedrático que dirige el Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Granada lamenta la falta de fondos para repatriar a algunos de sus científicos jóvenes con más proyección · La relación entre genética y nutrición se abre paso entre las líneas de investigación de este centro

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El Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos José Mataix Verdú tiene 48 investigadores, 12 grupos científicos, más de un centenar de proyectos de I+D para los que ha conseguido financiación compitiendo en convocatorias públicas, medio centenar de tesis dirigidas y prestigio. Mucho prestigio. En septiembre reúne en Granada a la flor y nata de la nutrición en el mundo y acaba de inaugurar una exposición en el Parque de las Ciencias porque tampoco deja atrás la divulgación, “ya no estamos en una torre de marfil”, dice su director, el catedrático de Fisiología Emilio Martínez de Victoria. Pero esta trayectoria científica y social acumulada en 24 años no es suficiente para repatriar a media docena de científicos. Los había enviado durante los últimos años a centros punteros de Europa y Estados Unidos para que se especializaran y ahora no pueden regresar porque los recortes impiden la contratación de científicos. “Es nuestro mayor problema”, apunta Martínez de Victoria.

–¿Qué hacen en el instituto?

–La Universidad de Granada, al amparo de la Ley de Reforma Universitaria, lo crea en 1989 con el profesor Mataix al frente y a partir de lo que era, y que se mantuvo, la Escuela de Nutrición de Granada fundada por el profesor [Gregorio] Varela en el año 70. Al principio hubo algunos grupos dedicados a la tecnología de los alimentos, pero ahora centra su mayor actividad en la relación entre nutrición y salud. Trabajamos en aspectos relacionados con la cara saludable o no saludable de los alimentos en relación con las enfermedades que causan mayor morbilidad en el mundo: cáncer, enfermedades cardiovasculares y obesidad.

–Parece que el público general entiende la relación entre la obesidad y las enfermedades cardiovasculares y la alimentación. ¿También en el caso del cáncer?

–No. Y yo creo que aunque se habla mucho de colesterol y obesidad la gente todavía no tiene claro que la nutrición no soluciona estas enfermedades cuando ya han aparecido, sino que tienen que prevenirlas antes con una nutrición adecuada. Dicen no tomo leche entera que tengo colesterol, pero lo dicen cuando ya está en más de 250 o cuando tienen algún problema cardiovascular. Nosotros trabajamos en el tema de la prevención porque el 80% de las enfermedades cardiovasculares se pueden prevenir simplemente con dieta.

–¿También trabajan el lado de la sensibilización social?

–Tenemos dos perfiles. Hoy día la universidad no se concibe como antes, como la gran torre de marfil donde los investigadores estaban metidos en sus laboratorios haciendo experimentos y pensando... Ahora tenemos proyectos de investigación, básica y aplicada, pero también trabajamos en la diseminación de nuestras propias investigaciones y las de otros. La prueba más importante es que el día 5 de junio inauguramos en el Parque de las Ciencias la exposición Nutrición, impulso vital. Se trata de sacar todo lo que vemos en el laboratorio para que la gente lo conozca.

–Nunca se habló tanto de alimentación y nunca hubo tantos problemas relacionados con la nutrición. ¿Qué falla?

–Es la propia naturaleza del ser humano... Como decía Grande Covián es más fácil cambiar de religión que de hábitos de alimentación. La gente dice: no debería tomar queso porque me sube el colesterol pero me gusta tanto... Es decir, aunque tengamos la información y nos bombardeen todo el día diciendo lo que es bueno comer o no, luego está al lado el Burguer King, la publicidad, los cromos que te dan con donut ... Tenemos una contradicción entre los mensajes de la industria alimentaria y los que da la gente de la nutrición. Y hay otra cosa importante que son la cantidad de mitos y leyendas. Mucha gente dicen cosas que no son verdad o sólo son medias verdades. Ahí están las dietas. Hay muchas dietas y mucha gente que se enriquece con ellas, pero la verdad es que cada vez hay más gordos. Y el problema no es que no sirvan para nada, sino que pueden hacer daño y provocar enfermedades.

–En 30 años ha habido un cambio brutal en la alimentación. Éramos flacos ya hora la obesidad es un problema.

–Exacto. Ha pasado cuando hemos globalizado la dieta y hemos dicho ¡uy qué bien las hamburguesas y la comida rápida!. El problema es que estamos adquiriendo hábitos no saludables que antes, entre lo que fue la posguerra y nuestras costumbres alimentarias con los platos de cuchara, no teníamos. En los años 50 y 60, cuando Ancel Keys comenzó a estudiar la dieta mediterránea fue a Nápoles para ver la relación entre el colesterol y las enfermedades cardiovasculares y un catedrático de Medicina le dijo que allí poco tenía que hacer porque casi nunca se veían problemas de infarto o enfermedades cardiovasculares. Ha sido la occidentalización de la dieta lo que ha provocado estos cambios en los últimos 30 ó 40 años.

–¿La nutrigenómica y la nutrigenética qué son?

–El futuro de la investigación en nutrición. Desde que se secuenció el genoma humano se vio que los alimentos también tienen capacidad para expresar o no determinados genes relacionados con determinadas enfermedades. La nutrigenómica estudia cómo los componentes de los alimentos influyen sobre nuestros genes que, a su vez, son los que determinan la función de nuestras células. Es decir, permite conocer si un alimento es capaz de expresar o no un gen y en función de eso sabremos si ese componente tenemos que tomarlo más, menos o evitarlo. La nutrigenética, en cambio, lo que hace es decir cómo nos puede sentar un alimento u otro en función de nuestro genoma, porque no sólo nos diferenciamos en el color de ojos o de pelo. También somos distintos en nuestras vías metabólicas y un alimento puede sentarme a mí bien y a otra persona mal. Es lo que se llama nutrición personalizada: cada persona necesita un tipo de alimentación en función de sus características genéticas. No quiere decir que cada individuo sea completamente distinto. Hay grupos con determinados perfiles genéticos que tienen unas necesidades alimentarias y otras, con otros perfiles, que tienen otras necesidades.

–Es el futuro de la investigación, pero también de la industria.

–Exactamente porque la industria desarrollará alimentos para determinados perfiles genéticos. Lo que pasa es que aún estamos en los albores. Ya se ofertan por ahí perfiles genéticos relacionados con la alimentación, pero estamos en los inicios. Esto no ha hecho más que empezar, se conoce si acaso un 1% de los genes que pueden influir.

–¿Queda menos en el campo de la nutrigenómica?

–Cada vez se sabe más sobre los efectos que tienen los alimentos sobre la expresión de genes. En nuestro laboratorio estudiamos cómo se expresan determinados genes en niños con síndrome metabólico, enfermdad que provoca presión arterial alta, alteración de los niveles de lípidos... Ese síndrome está relacionado con la expresión de determinados genes. Pero todavía le falta mucho porque la obesidad, salvo en casos my concretos no depende de un solo gen sino de muchos y, por lo tanto, no se puede decir que si uno se expresa o no una persona va a ser o no obesa.

–O sea, que un determinado perfil genético se expresa o no en función de lo que el individuo come.

–Exacto. Por ejemplo, las características genéticas en un niño puede hacer que tomando las mismas grasas que otro engorde más y otro, en cambio, puede no engordar tanto con las grasas y sí con los azúcares.

–¿Las causas de la obesidad son las mismas en niños y adultos?

–Prácticamente, aunque en los niños aparece también un componente my importante de sedentarismo, de falta de actividad física, pero siempre se acompaña de que comen más de lo que gastan.

–¿Cómo es la relación del instituto con la industria ?

–Bastante buena desde el inicio. El profesor Mataix cuando creó el instituto una de las líneas principales era tener relación con la industria alimentaria que, de alguna manera, es la que determina los hábitos alimentarios. La industria en aquellos años todavía no estaba tan concienciada con la investigación, teníamos que buscarla para ofrecerle nuestros servicios, pero hoy día recurren a nosotros. De hecho, ahora mismo con todo el problema que tenemos con la crisis y los fondos de investigación por parte de los gobiernos autonómico y nacional la mayoría de los ingresos del instituto se sostienen con contratos con la industria y proyectos europeos, en los que también interviene la industria.

–¿Qué tipo de empresas acuden al instituto?

–Hay de todo. Grandes multinacionales como Coca-Cola o Puleva y pequeñas empresas como una granadina que hace alimentos para personas con ciertas alergias e intolerancias alimentarias... Es decir, empresas pequeñas que no se pueden permitir un departamento de I+D y grandes que aunque tienen departamentos de I+D carecen de la capacidad que tiene ahora mismo el instituto.

–Aunque ahora su principal fuente de ingresos sean los contratos con empresas y los proyectos europeos, ¿cómo les afectan los recortes?

–El dinero para proyectos de investigación ha disminuido porque dan menos proyectos y con menos dinero, pero el problema más importante que tenemos ahora mismo en la universidad es el del personal. Hoy día prácticamente no se puede contratar a nadie. Nosotros tenemos una capacidad determinada para trabajar y necesitamos gente: jóvenes que haga tesis, que se formen y saquen el día a día. Nosotros podemos dirigir la investigación, diseñar los experimentos, etcétera. El trabajo diario es lo que más se está resintiendo ahora mismo.

–Por la imposibilidad de contratar.

–Exacto. La limitación de los proyectos no permite muchas veces contratar personal predoctoral para que haga la tesis y otra cosa importante es que tenemos personas formadas en el extranjero que no podemos recuperar porque no salen plazas. Son investigadores posdoctorales formados fuera que deberían iniciar nuevas líneas de investigación porque para eso los enviamos .

–O sea que se fueron no sólo porque a ellos les interesara, sino porque también le interesaba al instituto.

–Exacto. Los hemos mandado a formarse en centros punteros de investigación de otros países. Por ejemplo, estamos trabajando en temas de problemas de mitocondrias y grasas de la dieta y para eso mandamos a una investigadora a uno de los mejores hospitales del mundo, en la Universidad de Columbia, en Nueva York, para que se formara en todo lo relacionado con las mutaciones del ADN en mitocondrias y seguir profundizando en un tema que nos interesa, pero ahora no la podemos traer. Eso mismo pasa en la mayoría de los casos. Son personas que están dando vueltas de un país a otro porque no pueden regresar.

–¿Cuántos están en ese limbo?

–Ahora mismo en el extranjero, que yo sepa, entre seis y siete. De mi grupo hay dos: la chica que estaba en Nueva York y que ahora está en Inglaterra, y otra que lleva un año en la Universidad de Marsella formándose en cáncer de páncreas porque es otra línea que nos interesa. Hay otro chico en Estados Unidos esperando volver, otro en Inglaterra, otro en Alemania... Y no hay manera. Entre que no dan proyectos para reincorporarlos y no salen plazas de investigadores tal y como prometieron en su momento.

–Y es personal que ya ha pasado por el instituto, que ya está formado, que ya ha llegado a lo mejor.

–Está en el momento ideal para que la producción científica sea de lo mejor. Es una pérdida importante, es la famosa pérdida de cerebros que tenemos ahora mismo y que yo creo que es la principal causa de que la investigación en España esté retrocediendo. Cada vez tenemos menos posibilidades. Intentamos captar fondos de la industria, pero para gente con una cierta edad un contrato de seis meses o un año sin saber qué pasará después es una situación muy comprometida para ellos.

–¿La iniciativa privada no es suficiente?

–Lógicamente. Tampoco quiero decir que vivamos de la iniciativa pública y de los fondos públicos. Lo ideal sería que la industria y la Administración colaboraran en grandes proyectos para desarrollar la industria alimentaria que, por otra parte, es una de las principales de España y la más competitiva para exportar. Ahora se ha constituido, en colaboración con la industria, una red de campos de excelencia internacional en temas agroalimentarios para potenciar nuestra salida al exterior, la investigación y la innovación.

–¿Qué es la European Food Information Resource Network, que usted coordina en España?

–Es una red de excelencia europea que unifica las tablas de composición de alimentos. Una de las herramientas más importantes para saber cómo come una población y cuáles son sus problemas alimentarios es conocer los componentes que tienen los alimentos y esa red lo está haciendo. La forman investigadores de 23 países y participa la industria. Intenta que las bases de datos de cada país sobre la composición de los alimentos estén conectadas y tengan las mismas características. Hoy día igual un señor toma una pizza que es italiana, un queso francés o un chucrut alemán. Tenemos que normalizar los datos para que cuando hagamos una encuesta sepamos transformar los alimentos en cantidades de hierro, de vitamina A, etcétera. Cada país tenía un sistema de análisis de los nutriente y un sistema de almacenamiento distinto y no podías comprar lo que comía un español y un francés porque no tenían nada que ver sus bases de datos. Ahora, al amparo de todo esto, hay un proyecto europeo llamado euromenú en el que se va a hacer una encuesta alimentaria en toda Europa aprovechando esa armonización de las bases de datos.

–¿Qué significa la exposición Nutrición, impulso vital?

–Que no solo estamos en el laboratorio, sino que llevamos afuera toda la información. Fue una idea de la Fundación Iberoamericana de Nutrición hacer junto con la universidad una exposición coincidiendo con el congreso mundial de nutrición que se celebra en septiembre en Granada para dar a conocer todos los aspectos de la alimentación. Estará un año en Granada y después va a itinerar por México, Colombia y Brasil para terminar dentro de cuatro años en Buenos Aires donde se celebrará el siguiente congreso mundial de nutrición. La exposición es novedosa porque relaciona la alimentación saludable con los hábitos de vida saludables en un medio sostenible. 

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