Granada y Jaén, en el top mundial de la computación

  • La Escuela de Informática de Granada ocupa el puesto 42 del ranking de Shanghái y la de Jaén se sitúa entre las que ocupan las posiciones 50 y 75 · Nunca una universidad española llegó tan alto en la historia de esta clasificación internacional.

España no tiene ninguna universidad entre las mejores del mundo. En la clasificación general que hace cada año la Universidad Jiao Tong de Shanghái hay que descender por debajo del puesto 150 para encontrar a la Universidad de Barcelona, la institución académica española mejor valorada en este ranking. Estados Unidos, con Harvard, Stanford y el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) a la cabeza, copa los 50 primeros puestos, seguido del Reino Unido, con seis universidades. Sin embargo, si este desolador panorama del sistema académico español se observa desde el punto de vista de las áreas de conocimiento hay dos sorpresas significativas: La Universidad de Granada figura entre las 50 mejores del mundo en informática y la Universidad de Jaén, a pesar de su juventud y tamaño, aparece entre las 75 primeras.

La edición de 2015 del ranking de Shanghái, publicado el pasado 15 de agosto, sitúa la Escuela de Informática de la Universidad de Granada en la posición número 42. “Es un hito que no había pasado nunca en la historia de España, donde no tenemos ninguna universidad por encima del puesto 150”, subraya el director del centro, Joaquín Fernández Valdivia.

El asunto tiene aún más valor porque esta guerra se juega desde una inferioridad absoluta. La clasificación se elabora teniendo en cuenta tanto el impacto científico como los premios Turing conseguidos desde 1971 por los profesores y desde 1969 por los exalumnos. Ambos conceptos concentran el 25% de la nota final que se concede a cada universidad.

Sin embargo, nunca en la historia un español ha ganado uno de estos galardones equivalentes al Nobel en el campo de la computación. Por tanto, ese puesto 42 de la Universidad de Granada y la posición de la Universidad de Jaén (que se sitúa en el grupo comprendido entre las 51 y 75 mejores del mundo) los han obtenido única y exclusivamente a partir de la publicación de artículos y por el número de ocasiones en que sus trabajos han sido citados por otros investigadores. En resumen, este es un objetivo logrado a pulmón en el que de partida las dos universidades andaluzas compiten con un 25% menos de nota. Solo hay que tener en cuenta que Stanford, que lidera el ranking en computación, tiene en su historia 18 premios Turing.

Pese a las distancias que separan una universidad como Stanford con un presupuesto de 5.502 millones de dólares para el curso que empieza ahora, frente a los 98,7 millones de euros de la Universidad que ha tenido la Universidad de Jaén en 2015 o los 400 millones de la Universidad de Granada, los expertos en computación andaluces se pueden codear sin rubor con los californianos en conceptos como producción científica en las mejores revistas de este área. La nota de Stanford por publicar en el 20% de las publicaciones más relevantes del campo de la computación asciende a 89,9 puntos. La Universidad de Jaén ha obtenido 87 puntos en este caso y la de Granada 86,3.

El número de artículos en publicaciones de este área de conocimiento (PUB) reporta 68,3 puntos a Stanford, 58,1 a Granada y 34,1 a Jaén. La mayor distancia, además de en el hecho de no tener premios Turing, reside en el número de profesores e investigadores en computación altamente citados. Stanford alcanza la máxima calificación en este apartado (100 puntos) que pesa un 25% en la nota final, mientras que Jaén ha obtenido 19,9 puntos y Granada 14.

Las clasificaciones de universidades son observados desde la comunidad académica con frialdad. Se cuestionan los métodos y criterios de elaboración y la falta de ponderación a partir de parámetros como el presupuesto. Joaquín Fernández Valdivia zanja rápido la cuestión: “Los rankings hay que relativizarlos. No es importante no aparecer. Lo importante es aparecer”.

La Universidad de Granada figuró por primera vez en el ranking de Shanghái, uno de los más reputados que existen, en 2007. Entonces figuraba por debajo del puesto cien y en esa franja se mantuvo hasta que en 2013 saltó hasta el grupo de universidades colocadas entre la posición 76 y 100. El año pasado se produjo el avance definitivo, al escalar hasta el cuadragésimo tercer puesto y este año ha subido otro peldaño más.

Joaquín Fernández Valdivia señala que la clave del éxito radica en que se investiga “en la frontera del conocimiento, sin miedo ni aversión al riesgo. Esa es la manera de estar en la vanguardia”. En este sentido, pone de relieve el valor de una escuela que pasa por ser “la más pequeña del país. No podemos crecer más porque no tenemos infraestructuras”, puntualiza. El centro su andadura hace 25 años con un pequeño grupo de profesores de Física y Matemáticas de la Universidad de Granada. En la actualidad dispone de una plantilla compuesta por 220 personas, de ellos un gran número de catedráticos. “Hay departamentos como el de Ciencias de la Computación con 76 personas docentes, de los que 25 son catedráticos, y en Arquitectura de los Computadores la situación es parecida”. En 2013 publicaron 170 artículos científicos y el año pasado 160, abarcando una gama de especialidades que abarcan desde inteligencia artificial e ingeniería del software hasta arquitectura de la computación o la electrónica.

El valor de estos resultados tampoco pasan desapercibido para los alumnos como pone de manifiesto que este año se hayan recibido 630 solicitudes para las 300 plazas de nuevo ingreso que se ofrecen en el grado de Informática y 167 para alguna de las 50 del doble título en Informática y Matemáticas.

Además, el año pasado se leyeron 34 tesis doctorales y el anterior 26. El director de la escuela pone el acento en el logro que significa “mantener el nivel a pesar de tantas dificultades”, en alusión a los recortes que desafían tanto la investigación como la docencia y limitan las expectativas de los jóvenes. “Perdemos a los jóvenes. A medida que hacen el doctorado se van y no vuelve. Este país hace un esfuerzo ímprobo en su formación, pero otros se aprovechan de su talento”, lamenta.

Pese a todo, Joaquín Fernández Valdivia está orgulloso de la contribución que ha hecho la Escuela de Informática a lo que denomina la “isla tecnológica de Granada”. “Aquí, en menos de una hectárea de superficie, tenemos reunida la formación, la investigación y la transferencia”, generando el caldo de cultivo que ha convertido “Granada en un polo de atracción para empresas tecnológicas. Ya son más de 300”.

El ranking de Shanghái en el campo de la computación analiza 1.200 universidades de todo el mundo y elabora una lista con las 200 mejores, en la que se detallan las 50 primeras posiciones y el resto se organizan en grupos. El área de informática de la Universidad de Jaén aparece entre las 50 y 75 primeras del mundo. La vicerrectora de Tecnologías de la Información y Comunicación de Jaén, María José del Jesús, pone de relieve la calidad de la investigación que se lleva a cabo “porque se publica en revistas de muy alto impacto y porque además lo publicado es citado por muchos otros investigadores”. Lidia Ortega, subdirectora de la Escuela Politécnica Superior de Jaén, subraya el mérito que implica para una universidad pequeña y joven, fundada en 1993, colocar un área en una posición destacada de esta clasificación mundial. “Es el trabajo sacado adelante por cuatro grupos de investigación el que nos ha subido en el ranking”, reconoce. El Departamento de Informática solo cuenta con 50 profesores e investigadores y 19 becarios. Las posibilidades para crecer y brindar oportunidades a sus mejores alumnos son muy limitadas. “Se van todos. Unos a la empresa privada y otros a la docencia”, admite Lidia Ortega.

En el centro se leen todos los años entre tres y cinco tesis doctorales en el área de informática y entran 150 alumnos procedentes de la convocatoria de la Selectividad de junio. La gran mayoría proceden de la provincia de Jaén, si bien Lidia Ortega resalta el potencial que da aparecer en posiciones destacadas del ranking de Shanghái para captar alumnos internacionales para los estudios de posgrado. 

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