Médicos en alerta

  • Medicina ya no es lo que era. Aquella carrera garantía de seguridad laboral y de posición social se empieza a ver dañada por el fin de la oferta de empleo público y los recortes en sanidad. Esta titulación se ha nutrido tradicionalmente de los mejores alumnos gracias al sistema de números clausus, pero ahora los titulados más jóvenes se asoman a su futuro desde el desconcierto y muchos sin descartar la emigración.

Miguel Ángel Cornejo(en la imagen superior) recogió en 2003 el premio a la mejor trayectoria personal y académica de Cádiz. Acababa de terminar el bachillerato y el reconocimiento no sólo valoraba su expediente académico, sino también el esfuerzo adicional de un adolescente hijo de una familia modesta para sacar adelante los estudios. Ahora es médico. Realiza el MIR como internista en el hospital Puerta del Mar de su ciudad y está a verlas venir. La suya no ha sido tarea fácil. Salta a su memoria su primer ordenador, que le compró su abuela, y el tiempo que dedicó a estudiar el examen del MIR “por mi cuenta porque no tenía dinero para pagar una academia, con unos manuales que había conseguido gratis. Salió bien, incluso quedé en buena posición”.

En este momento prefiere no pensar. Dejar pasar el año y medio que le queda de residencia y entonces decidir. “No se cubren bajas ni jubilaciones, los residentes que acaban se tienen que ir y otros que deberían tener ya contrato indefinido les rebajan las horas y el sueldo. Las expectativas son muy malas. Desde que comencé el MIR el panorama no ha hecho más que empeorar”, concluye.

Su estrategia pasa por evitar el estrés anticipado. “Mejor esperar a ver qué pasa cuando acabe en mayo de 2015, porque ahora mismo las salidas laborales son complicadas”. Tiene la presión añadida de la responsabilidad familiar, porque es padre de una niña de dos años, su mujer está parada y su padre, empleado de una empresa de mensajería, sujeto a un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE).

Observa el sistema educativo y lamenta que se recorten las becas en vez de “gestionar mejor el dinero y controlar más a quién se da y en qué se emplea”, al tiempo que se muestra orgulloso de la capacidad que ha tenido su generación de médicos residentes para unirse y movilizarse contra el intento de la Junta de recortar las horas de guardia.

“Los residentes de los últimos años nos aconsejan que estudiemos idiomas porque ahora mismo la salida es irse fuera”, apunta Francisco Blanco Rodríguez (en la imagen superior), estudiante de Écija que en 2007 logró la mayor nota en Selectividad en la Universidad Pablo de Olavide. Logró un 9,6 que le abrió las puertas de la Facultad de Medicina de Sevilla. El año pasado terminó la carrera “a curso por año y sin ninguna asignatura para septiembre”, puntualiza, y en febrero se presenta a los exámenes del MIR con el objetivo de hacer la especialización en ginecología.

Francisco Blanco cuenta los años con la “confianza en que cuando a mi me toque la situación haya mejorado”. Calcula que los cuatro o cinco años que, según la especialidad, consume el MIR le permitirán esquivar lo peor del temporal y asomarse al mercado laboral cuando la tormenta haya pasado.

La cordobesa Isabel Bravo (en la imagen superior) también optó por Medicina. En julio de 2004 aparecía en El Día de Córdoba como la estudiante que había conseguido mejor nota en Selectividad en la provincia (9,7). Contaba entonces que quería ser psiquiatra. Después vino el premio de final de carrera junto a su compañero de la Universidad de Córdoba Enrique Gómez y el sexto puesto nacional en el examen de MIR de 2011 y, sobre todo, el descubrimiento de la radiología, una especialidad que le atrae porque “es bonita y variada”, permite “hacer diagnósticos y tratamientos” y la obliga a estar permanentemente alerta porque está “en constante desarrollo”.

En la actualidad es residente de tercer año en el hospital Reina Sofía de Córdoba. Le queda año y medio “para estudiar y prepararme lo mejor posible e intentar aprender al máximo de aquellos que me enseñan cada día: mis compañeros y adjuntos”. Después se tendrá que enfrentar “solita” al mundo laboral.

Confiesa que ahora tiene dos preocupaciones: encontrar trabajo cuando acabe la especialidad y que su formación sea adecuada para desempeñar su trabajo. No obstante, está convencida de que la formación teórica que reciben los alumnos Medicina es completa y buena, aunque le gustaría que hubiera aún más prácticas porque ahí es donde “se aplican todos los conocimientos que nos enseñan en las clases y donde realmente conocemos las enfermedades y los pacientes, que no explican los síntomas como aparecen en los libros”. 

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