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La Rábida sella en oro 70 años de proximidad

  • La Universidad Internacional de Andalucía distingue con su máximo galardón a la comunidad franciscana del monasterio de Santa María de La Rábida con quien comparte vecindad y espíritu iberoamericano

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Málaga Hoy

La Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) ha distinguido con la Medalla de Oro de la institución a los franciscanos del monasterio de La Rábida, coincidiendo con el sexto centenario de la comunidad que acogió a Cristóbal Colón antes de partir hacia América.

Los franciscanos y la UNIA tienen una historia común que va más allá de la relación de vecindad y colaboración que mantienen desde hace décadas. Ambos son esenciales para comprender qué es el espíritu colombino. En los años 40 la Escuela de Estudios Hispano-Americanos empezó a acariciar la idea de crear una institución académica junto al convento franciscano. Así nacieron en 1943 los cursos de verano de La Rábida. Durante los primeros años los ya tradicionales cursos de verano se celebraban de hecho en el claustro del monasterio, razón que explica por qué todavía los grandes actos protocolarios de la UNIA también se llevan a cabo en este espacio monumental.

Sobre aquella primera iniciativa se edificó en 1993 la Universidad Internacional de Andalucía, sumando a los cursos de este enclave de Huelva los que también se desarrollaban en Baeza (Jaén).

El rector de la UNIA, Juan Manuel Suárez Japón, ha destacado  la labor social y la colaboración que a lo largo de estas siete décadas a prestado el monasterio a la actividad universitaria. Durante la entrega de la Medalla de Oro a la comunidad franciscana, que tuvo lugar el 17 de diciembre, subrayó que la institución se siente continuadora "de aquellos americanistas que abrieron por primera vez las puertas de La Rábida a la vida universitaria y de todos los profesores y alumnos que, desde entonces, han seguido sosteniendo esta experiencia".

La presencia de la orden franciscana se remonta a diciembre de 1412 después de que el Papa Benedicto XIII permitiera a fray Juan Rodríguez y sus compañeros del eremitorio de Santa María de La Rábida establecerse en comunidad.

La Rábida fue en aquellos primeros años de su trayectoria  cobijo frecuente para quienes buscaban protegerse de los ataques de los piratas y el Papa Eugenio IV otorgó una bula de indulgencia a todo aquel que ayudara en este lugar a los viajeros necesitados.

Pero el gran momento histórico del monasterio y de la comunidad franciscana llegó con Cristóbal Colón. El navegante se refugió en el convento en 1485 y la comunidad religiosa, especialmente fray Juan Pérez y fray Antonio de Marchena, se aprestaron a ayudarle en sus relaciones tanto con la Corona como con la marinería. De hecho fueron los frailes los que le pusieron en contacto con el armador Martín Alonso Pinzón, que  con los años fue enterrado con hábito de franciscano en el monasterio.

Santa María de La Rábida acogió 30 años después a Hernán Cortés, allí fue sepultado uno de sus hombres, Gonzalo de Sandoval y allí recibió poco después a Francisco Pizarro.

El monasterio cayó en decadencia y en el siglo XIX casi alcanzó la ruina hasta que, poco antes del IV Centenario,  Alfonso XII apoyó su rehabilitación, al tiempo que la Real Sociedad Colombina Onubense se afanaba en dar a conocer y poner en valor todos los lugares que habían tenido relación con la aventura de Colón.

Ya en el siglo XX , los tripulantes del Plus Ultra se alojaron en el convento antes de emprender el primer vuelo transoceánico de la historia de España, que partió el 22 de enero de 1926 de  Palos de la Frontera con destino a Buenos Aires.

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