Robots para el coche, el plástico y el aceite

  • El catedrático que dirige el grupo de Robótica, Automática y Visión Artificial de Jaén consigue que el 50% de su presupuesto de I+D proceda de contratos con empresas privadas

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“España ocupa el noveno puesto en el ranking mundial de publicaciones científicas de alto nivel. Realmente somos una potencia. Sin embargo, estamos muy lejos en la rentabilidad real de esa investigación. Tenemos que hacer investigación fundamental, pero también tenemos el deber de que tenga repercusión en la sociedad. Es una obligación”. El catedrático Juan Gómez lleva esta reflexión a la práctica en el grupo Robótica, Automática y Visión por Computador que dirige en la Universidad de Jaén. Desde que el equipo se fundó hace 11 años, el 50% de su actividad se ha financiado a través de convocatorias públicas de I+D. La otra mitad de sus fondos (dos millones de euros) procede de los contratos de investigación con empresas.

Juan Gómez reconoce que la ingeniería robótica cuenta con la ventaja de su trasversalidad. Es aplicable a casi cualquier sector productivo. Este grupo jienense ha aplicado sus conocimientos en robótica, automática y visión por computador al sector de la automoción, al del plástico o al aceitero.

Hace ocho años comenzó a trabajar con la fábrica que la multinacional Valeo, una de las grandes industrias auxiliares del sector de la automoción, tiene en Martos (Jaén). Entre otros trabajos ha diseñado para esta compañía un sistema de ensamblaje automático de faros de coches y un detector automático de los defectos de los cristales mediante visión computerizada. En ambos casos Juan Gómez destaca el grado de precisión que hay que alcanzar (de apenas unas décimas de milímetro) para que sean aceptados por el fabricante.

Para Andaltec (centro tecnológico que agrupa a 29 empresas del sector del plástico, con sede en Martos) ha desarrollado un sistema de clasificación del plástico técnico. Los restos de material procedentes de la industria se suelen trocear y enviar a países en los que los costes laborales son muy baratos para separar manualmente cada tipo de material antes de proceder a su reciclado. El método ideado por este equipo pasa por aplicar visión de infrarrojos para catalogar los residuos procedentes del plástico técnico.

El sector del aceite es otro de los campos de actuación preferente del grupo que dirige el catedrático Juan Gómez, compuesto por una decena de investigadores. En este sector ha creado métodos que permiten desde reducir el consumo de energía en el proceso de producción hasta obtener aceites de mejor calidad, mejores prestaciones de la maquinaria utilizada en la recogida o sistemas para automatizar los test de rendimiento graso de las aceitunas.

Este equipo también se ha encargado, por ejemplo, de diseñar sistemas que mejoren la gestión de una fábrica ladrillera o de la inmótica de las instalaciones deportivas de la Universidad de Jaén (desde el control de presencial, al cierre de instalaciones o del riego).

El catedrático reconoce que en los 22 años que ha dedicado a la investigación, 11 de ellos en la Universidad de Sevilla y otros 11 en la de Jaén, el cambio de cultura que se ha producido en la percepción que las universidades y las empresas tienen de la transferencia tecnológica es espectacular, pero no suficiente. “Ayudas como las articuladas a través de la Orden de Incentivos de la Junta de Andalucía y programas como el Interconecta han contribuido mucho, pero todavía no es suficiente. Queda muchísimo por hacer y la responsabilidad es de las dos partes”, admite.

Reconoce que muchas empresas ven ya la tecnología y el conocimiento como una ventaja competitiva, pero también observa que para muchas "sólo una ventaja financiadora”, lo que no es óbice para que también admita que las universidades tienen que ser “más proactivas” y proclives a asumir el cambio de mentalidad que significa transferir conocimiento al tejido productivo. “Debemos hacer ese sobreesfuerzo. La responsabilidad es mutua. Al 50%”, puntualiza.

De acuerdo con su experiencia la transferencia tecnológica tiene una segunda ventaja poco reconocida pero nada desdeñable: se convierte en una vía excepcional de incorporación de titulados universitarios al mercado laboral. “Nos cuesta que los estudiantes se queden”, subraya el director del grupo de investigación. “Muchos están trabajando con las empresas con las que hemos realizado proyectos de investigación”.

Al margen del apartado de transferencia de conocimiento, el grupo orienta su trabajo en el campo de la investigación fundamental o básica hacia el control de fuerza de los equipos robóticos que operan en entornos no estructurados, es decir, en espacios cambiantes y desconocidos, y en el sector del aceite, comprendiendo el proceso completo desde la olivicultura hasta la elaiotecnia (tecnologías relacionada con la producción de aceite). En la actualidad está montando un laboratorio de automatización y robótica para aceite y olivicultura en Geolit, el parque tecnológico de Jaén. 

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