Ruta a Marte sin levantar los pies de la Tierra

  • El río Tinto, en Huelva, es uno de los análogos terrestres de Marte más excepcionales para investigar las posibilidades de la vida en el planeta rojo · La NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) han llevado a este emplazamiento de la provincia de Huelva sus investigaciones en astrobiología, han probado equipos robotizados y hasta trajes de astronauta · Pulpí y el barranco del Jaroso, en Almería, también se han situado en el punto de mira científico por su riqueza en minerales también hallados en la superficie marciana.

Fotografía del río Tinto, con sus características aguas de color rojizo.

La NASA puso el primer pie en el río Tinto en 1999. Un helicóptero condujo a su director, Daniel Goldin, hasta este punto fascinante e inexplicable del planeta que acababa de atrapar la atención de la poderosa agencia espacial estadounidense porque demostraba que la vida es posible en condiciones y circunstancias nunca antes imaginadas. Hacía entonces una década que el microbiólogo Ricardo Amils había descubierto en el río onubense centenares de hongos, algas, protozoos y bacterias capaces de soportar niveles extremos de acidez, hierro y partículas de cobre y zinc hasta entonces incompatibles con la vida. En aquel viaje, Goldin y su equipo recogieron las primeras muestras.

Felipe Gómezinvestigador del Centro de Astrobiología (CAB), recuerda que hasta los años 80 el río Tinto se había relacionado con la contaminación. La acidez de sus aguas (Ph 2), derivada de la presencia de ácido sulfúrico, y la abundancia de minerales pesados se consideraban consecuencia de la actividad minera. “Después se vio que no era efecto de la contaminación, sino de la acción natural de los minerales”. El descubrimiento de microorganismos capaces de desarrollar procesos biológicos en condiciones extremas captó la atención de los astrobiólogos y fue el origen de una relación que con el paso de los años solo ha ido a más. Cada misión enviada con éxito a Marte ha aportado información que ha hecho más valioso este enclave como análogo terrestre del planeta rojo.  Responsable desde hace lustros de organizar las visitas científicas a la cuenca onubense, subraya el interés del Tinto por su “minerología basada en el ciclo del hierro”. “Estas aguas tienen una química muy compleja, pero, a pesar de ser un ambiente tan extremo, en ellas viven representantes de todas las ramas del árbol de la vida”. “Su diversidad es tremenda”, concluye.

La hipótesis de partida es que si en Marte puede haber o ha habido algún tipo de vida, de alguna manera tiene que tener similitudes con la que se ha hallado en las aguas rojas del Tinto. Felipe Gómez resalta la actividad de los quimiolitotrofos, microorganismos comepiedras que no necesitan materia orgánica, sino que crecen oxidando el azufre y el hierro de la pirita a sulfato y a férrico, dos de los elementos más relevantes del río onubense. “Hay minerales de mucho interés astrobiológico. El más interesante es la jarosita”. El rover Opportunity, que aterrizó en Marte en enero de 2004 y todavía sigue operativo, constató la existencia de este mineral en aquel planeta. Su importancia radica en que se trata de un mineral hidratado, un sulfato de hierro, potasio y magnesio que necesita agua y todo lo que apunta al agua en Marte multiplica las posibilidades de la vida.

Ricardo Amils (con barba), que identificó los primeros microorganismos en el río Tinto, junto a Carol Stoker, del NASA Ames Research Center, durante el proyecto Marte, en una imagen de 2003.

El entorno del Tinto ha sido también el emplazamiento elegido para testar instrumentos utilizados durante los últimos 15 años de exploración planetaria. En septiembre de 2000 se probaron en sus aguas ácidas prototipos de robot enviados para investigar la superficie de Marte y en 2003 el taladro con el que después se tomaron muestras subterráneas. Un equipo de científicos del Centro de Astrobiología y de la NASA dirigidos por Carol Stocker llegó a instalar un laboratorio en lo alto de Peña del Hierro, cerca de Nerva, equipos del rover Curiosity se han testado en la cuenca onubense y el catedrático de la Universidad de Valladolid Fernando Rull ha comprobado en Huelva cómo trabaja el Raman LIBS, tecnología que incorporará el rover europeo Exomars para caracterizar minerales en su futura misión al planeta rojo.

Felipe Gómez, experto en radiación y habitabilidad del CAB, reconoce que desde hace 15 años todo el que tiene un nombre propio en la investigación y exploración planetaria ha pasado por el Tinto. Recuerda por ejemplo la inexplicable imagen de un astronauta caminando sobre escorias mineras a tiro de piedra de la localidad de Nerva. Fue hace cuatro años. El Austrian Space Forum llevó hasta la Peña del Hierro un traje de bajo peso pensado para llegada del humano a Marte. “Se probó, se hicieron ensayos con una serie de sensores de seguimiento médico que remiten información en remoto y el astronauta hizo varios experimentos”. En aquella misma campaña también rodó por aquellos suelos un nuevo prototipo de rover para la exploración de la superficie marciana.

El ingente interés que levantan el Tinto y su Cuenca en la comunidad científica, sin embargo, no ha fagocitado el protagonismo de otros dos puntos de suma relevancia científica localizados justo en el extremo opuesto de Andalucía: el barranco del Jaroso y la geoda gigante de Pulpí.

El equipo de José María Calaforra trabaja en estos dos análogos marcianos, donde se han localizado sulfatos de hierro y calcio también identificados en la superficie de Marte, así como otros silicatos y sulfatos de zinc “que podrían ser candidatos” a existir de acuerdo con los últimos descubrimientos de la geoquímica de este planeta. Su valor es la presencia del agua en su composición y cada vez que aparece una molécula de agua en uno de estos minerales se multiplican las esperanzas de que los procesos biológicos en Marte sean posibles.

El interior de la geoda de pulpí.

La geoda de Pulpí es un fenómeno excepcional. Con un volumen próximo a los 11 metros cúbicos, tiene ocho metros de longitud, 1,80 metros de ancho y 1,70 de alto. Se descubrió en 1999 a 50 metros de profundidad en el interior de la Mina Rica, en el paraje minero del Pilar de Jaravía, inactiva desde que en los años 70 del siglo XX se abandonó la extracción de hierro, plomo y plata. Calaforra, en un artículo del que es coautor publicado en la revista Estudios Geológicos, indica que es “uno de los pocos ejemplos descritos de una cueva cuyas paredes, techo y suelo están totalmente cubiertos por cristales pinacoidales de yeso selenítico”. Concluye que es un “elemento geológico único”.

En la Mina Rica, emplazada en la Sierra del Aguilón, se han encontrado otras geodas de menor tamaño y cristales de yeso rellenando fracturas de la roca. Las técnicas de espectroscopia Raman (tecnología que utilizan tanto la Nasa como la ESA en sus próximas misiones para caracterizar las rocas de Marte) se han identificado otros 27 minerales .

El Barranco del Jaroso, en Cuevas de Almanzora, es el segundo punto en el que trabaja el equipo de Calaforra. La elección de este barranco ignoto de la Sierra de la Almagrera no es casual. Conoció días de esplendor en el siglo XIX cuando se descubrió un filón argentífero que convirtió a España en una potencia exportadora de plata y plomo, hasta que agotados los recursos, o al menos perdido el interés económico, se abandonó a mediados del siglo XX. De aquel pasado queda un reguero de muros de hornos de fundición, chimeneas, restos de poblados, pozos, túneles de ferrocarril y cargaderos sumidos en el olvido y el abandono.

Fue ahí donde a mediados del siglo XIX se identificó y describió por primera vez la jarosita, el mismo mineral que el rover Curiosity localizó en la superficie de Marte en 2011. Los geólogos de José María Calaforra, integrados en el consorcio que bajo el liderazgo de Fernando Rull diseñan y preparan el instrumento de caracterización de materiales que portará el rover de la misión europea Exomars, trabajan tanto en la identificación de los minerales hidratados, “para que el espectómetro láser tenga una buena base de datos”, como en el interior de las cuevas. El proyecto europeo contempla taladrar la superficie de Marte para tomar muestras subterráneas. Estas pruebas se realizarán en el interior de túneles volcánicos y es necesario afinar la tecnología para conseguir instrumentos pequeños y con gran capacidad de maniobra. 

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