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Bellas Artes consolida un programa de becas residencia para artistas

  • Acoge a seis de sus titulados para que desarrollen proyectos que proponen erotizar la arquitectura, convertir viejos plásticos de invernadero en esculturas, utilizar el origami para repensar el barroco, dar vida a muebles viejos en instalaciones que desvelan el alma urbana, crear un estudio de videojuegos y promover nuevas formas de entender el comisariado artístico.

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La Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Málaga (UMA) ha becado a seis antiguos alumnos que durante un curso académico disponen de un estudio individual en el centro, acceso a los recursos e infraestructuras y tutorización abierta del cuerpo docente. Cada beca comprende, además, una asignación de 2.000 euros anuales.

El programa se creó hace cuatro años con la intención de facilitar opciones a los titulados de la facultad, con la particularidad de que no sólo se enfoca hacia la actividad artística, sino también hacia el emprendimiento. En este sentido, dos de las becas están expresamente orientadas a proyectos que promuevan la empleabilidad o la creación de una empresa, aunque siempre con componente creativa.

Propuestas de segunda vida para plásticos usados en invernaderos, la relectura de la dimensión artística y sociológica del barroco a partir de construcciones basadas en figuras de origami, reconstrucción del alma de la ciudad a partir del mobiliario arrumbado en las calles y la erotización de la arquitectura son las propuestas artísticas apoyadas por la Facultad de Bellas Artes, junto a un proyecto de videojuegos y una segunda iniciativa sobre la ideación en el comisariado artístico.

Anaís Angulo recoge mesas, sillas, colchones y armarios viejos abandonados en las calles de Málaga para reinterpretarlos en función tanto del lugar en el que los encuentran como en función del mensaje que le transmiten. "Es un trabajo medio abstracto medio figurativo abierto a la interpretación", explica, junto a una mesilla de noche con tres patas y media que ha recubierto de pegatinas de colores con motivos infantiles, pero dejándole un sutil protagonismo a las formas construidas con perlas minúsculas de color rosa que alguien antes pegó a la madera. La obra que combina el desequilibrio de la pata rota y el colorido de las pegatinas la ha titulado Lagunillas, nombre de una de las calles más decrépitas de Málaga que también ahora lucha por reinventarse al calor del empuje del centro histórico. El proceso creativo de esta artista se completa con un plano en tres dimensiones de la ciudad que integra las piezas.

La obra de Paloma de la Cruz aborda la erotización de la arquitectura. "Trabajo con la vagina como modo de inversión del falo", indica. El método consiste en modelar el barro en la vagina para generar formas fálicas que después esmalta con formas y colores que simulan la lencería. Este fue el punto de partida de un proyecto que gira en torno a la cerámica. Elabora pequeños azulejos que después esmalta como si estuvieran recubiertos por tejidos de lencería. Encajes, arrugas y fruncidos sobre los pequeños baldosines se encargarán después de "erotizar la arquitectura patriarcal". Una derivación son los bidés decorados con azulejos que simulan ropa interior y ligueros, dejando los sumideros, unas veces tapados y otras expresamente subrayados, a la interpretación libre.

El arte del origami es el recurso base sobre el que Juanoto hace una lectura personal y emocional del barroco. "Nos pasamos todo el día haciendo pliegues para esconder debajo la política, la economía, la vida social y personal. Este momento es también muy barroco", indica. Su proyecto persigue construir una instalación monocromática con figuras origami de un rojo intenso y mate elegido entre una gama seis tonos de la obra de Georges de la Tour, con la que genera volúmenes en tres dimensiones que permiten observar no solo con los ojos, sino también con el tacto. Reivindica "recuperar las manos para volver al origen del arte, porque en el arte no todo vale", puntualiza.La propuesta de Juanoto es una evolución de sus últimos trabajos en los que los módulos de origami negros, blancos y grises simulaban una segunda piel.

Sabina Huber encontró hace tres años en los plásticos usados en los invernaderos una materia prima excepcional. Los ha buscado en Almería y también en Málaga. Plegados sobre sí mismos, los que eran solos desechos, cobran cobran nuevas formas y asumen las huellas de la vida que les inventa Sabina en su estudio. La beca de la facultad de Bellas Artes le permitirá abordar esculturas de mayor tamaño, experimentar con nuevos tratamientos e identificar los materiales más apropiados en sus construcciones.

Javier Bermúdez y Alberto Rico son los dos becarios que lideran proyectos orientados al emprendimiento. La meta final a la que les compromete el programa es participar en el concurso de spin-off de la Universidad de Málaga. Alberto Rico trabaja junto a un informático del software, un "casi ingeniero técnico industrial" y un físico en un estudio de videojuegos. Evidentemente él se ocupa del apartado creativo. "Es arte relacional", explica para despejar dudas en torno a la parte creativa de su trabajo con el que también aspira conseguir una fórmula "que nos dé de comer".

Frente a la ingenuidad de algunos desarrolladores noveles que promueven proyectos mastodónticos que después no tienen capacidad ni recursos para gestionar ni llevar a término, este equipo ha apostado por hacer muchos juegos pequeños, pero completos. Unfair Jousting Faires uno de los primeros que han lanzado. Disponible en la plataforma especializada Steam por cinco euros ha conseguido "ponernos en el mapa del desarrollo en España".

Finalmente, Javier Bermúdez lidera una spin-off en torno al comisariado, si bien no tanto entendido desde la perspectiva de la producción como de la gestión e ideación.

La beca concluye con una exposición de la obra creativa en el Archivo Municipal de Málaga. José María Calero el profesor de Bellas Artes que arrancó la iniciativa, actual director de secretariado de Innovación Social de la Universidad de Málaga, precisa que el programa es, a fin de cuentas, un "coaching para ayudar a nuestros titulados de grado y máster. Les facilitamos asesoramiento para que su salida a la vida profesional sea más fácil".

La iniciativa, además, es posible porque la facultad dispone de espacio suficiente como para proporcionar un estudio a cada uno de los artistas. "Es una de las fortalezas de ser pequeños. Tenemos espacio, que es un lujo, y podemos trabajar de forma muy coordinada. Los alumnos pueden acceder fácilmente a los profesores y los profesores los conocemos", destaca el decano del centro, Salvador Haro.

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