El corazón industrial de Europa reclama estudiantes

  • La región de Baden-Württemberg, más pequeña que Andalucía pero con el doble de renta per cápita, logra que el 25% de sus estudiantes en áreas como economía o ingenierías sean extranjeros con el objetivo de suministrar personal formado en la cultura alemana para atender el desafío de la globalización · Los estudios, tanto de grado como de posgrado, son gratuitos en todas las titulaciones y centros.

Vista del campus norte del instituto tecnológico de Karlsruhe, uno de los grandes centros de I+D alemanes. / KARLSRUHE INSTITUTE OF TECHNOLOGY

¿Son sostenibles 10 universidades públicas para un territorio de 87.000 kilómetros cuadrados, apenas ocho millones y medio de habitantes y 220.000 alumnos? Esta es una pregunta comodín que periódicamente se sitúa en el debate público. Los detractores del sistema aluden a los efectos de la dispersión de los recursos. Los defensores a su impacto social. La naturaleza de esta polémica, sin embargo, está ampliamente superada en el entorno. Un ejemplo paradigmático lo ofrece Baden-Württemberg. La poderosa región del sur alemán es la mitad que Andalucía, el doble de rica y tiene tantas universidades públicas como el conjunto de España. ¿Y controversias por el tamaño? Ninguna. El panorama se redondea con la gratuidad total de los estudios universitarios, tanto de grado como de máster.

Alemania tiene 400 universidades, frente a las 82 existentes en España. Tan solo en el estado federado de Waden-Württemberg tienen su sede 70, con un presupuesto global que asciende a 3.854 euros. En conjunto cuenta con 358.000 alumnos. Es decir, el gasto por estudiante se eleva a 10.765 euros. Las 10 universidades andaluzas, en cambio, tienen previsto para este ejercicio un presupuesto global de 1.152 millones de euros, o sea, 5.074 euros por alumno. En el conjunto de España el panorama no mejora mucho: el presupuesto público para 1,4 millones de universitarios se sitúa en 9.000 millones (6.400 euros por persona).

Estas distancias en el mapa universitario son un reflejo mimético de las diferencias macroeconómicas que separan una de las regiones más ricas de Europa de la tercera más pobre de España.  Baden-Württembert es el corazón del poderío industrial germano, su PIB per cápita se eleva a 37.400 euros, frente a los 16.600 euros por habitante de Andalucía y los 22.000 de España, según datos de Eurostat de 2013. La tasa de desempleo del 4,1% (7,1% en Alemania y 10,7% en la Unión Europea) contrasta con el 35% de parados que arrojó la EPA del tercer trimestre en la comunidad andaluza.

El peso de la economía, sin embargo, no es el único factor que explica las distancias. También median cuestiones culturales. Un ejemplo: el gobierno de Baden-Württemberg realiza periódicamente campañas de difusión de su sistema universitario para captar alumnos extranjeros. El objetivo, más allá de proporcionar jóvenes a las aulas de un país cuya población -como sucede en España- envejece, busca poner a disposición de la industria personal moldeado en su propio sistema y en su propia lengua para atender los desafíos de la globalización económica.

Este esfuerzo ha permitido que el 25% de los alumnos que estudian en las universidades de este estado titulaciones del ámbito de la economía, ciencias sociales o alguna ingeniería sean extranjeros. En conjunto hay 42.000 estudiantes de otros países, de los que 23.000 proceden de Europa - 1.223 son españoles- y 12.500 de Asia.

Esta oferta académica tiene dos ganchos de primer orden: los estudios son gratuitos y las posibilidades de hallar empleo muy altas gracias a la profunda conexión que mantienen las instituciones académicas con la poderosa industria de esta región que, por ejemplo, alubró compañías del porte de Mercedes o Porshe.

Pau Bertomeu (izda.) y Cristian Palmer, estudiantes españoles en la Universidad de Heidelberg.

El valenciano Pau Bertomeu terminó el curso pasado Traducción de Alemán en la Universidad de Valencia. Tenía claro que el siguiente paso era hacer un máster. Sopesó posibilidades. En España es difícil encontrar un posgrado oficial por menos de 2.500 euros. Ahora lo realiza en la Universidad de Heidelberg, una institución con siete siglos de historia y diez premios Nobel a sus espaldad. El coste de su matrícula ha sido cero. Es más, ha logrado una beca del Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD en sus siglas en alemán), ayudas reservadas a alumnos de perfil muy alto, que le cubre gran parte de los gastos derivados. Además, afirma que la vida ni siquiera es cara en esta tranquila ciudad de 140.000 habitantes.

El Gobierno federado de Baden-Württemberg incluso ha hecho las cuentas. Calcula que los costes totales de un estudiante extranjero -sin beca- en una de sus universidades se aproxima a los 800 euros, cantidad que incluye desde el alquiler, hasta la calefacción, internet o el ocio. ha hecho las cuentas. Calcula que los costes totales de un estudiante extranjero -sin beca- en una de sus universidades se aproxima a los 800 euros, cantidad que incluye desde el alquiler, hasta la calefacción, internet o el ocio.

Pau cursa en el actual semestre siete asignaturas impartidas por otros tantos profesores, pero en su clase son solo tres alumnos. Nadie sugiere siquiera suprimir un título por tener tan pocos estudiantes. “¿Diferencias? Sí, las hay. La relación alumno profesor no es tan estrecha, las exigencias académicas son mayores y se espera más del trabajo autónomo del alumno”, explica junto al balear Cristian Palmer, estudiante Erasmus de Musicología procedente de la Universidad de Salamanca. Llegó a Heidelberg hace tres meses y subraya su interés por continuar en esta ciudad sus estudios. Además de haber confeccionado su curriculum académico siguiendo sus inquietudes con asignaturas de varias titulaciones, forma parte de un grupo de teatro y de otro de debate. “Creo que mis posibilidades para formarme son mejores y eso es importante para una generación con tanta incertidumbre como la nuestra, donde serás útil si te formas y eres competente”. 

La política de internacionalización académica es otra de las diferencias que separan el modelo que se aplica en España del que existe en esta región alemana. Las universidades españolas abordan esta tarea en solitario. Cada institución marca su estrategia, si bien existe una cierta preferencia por las misiones al exterior. Es decir, se establecen países o regiones prioritarias, un grupo del equipo de gobierno se desplaza, firma convenios de colaboración y, con el tiempo, recibe misiones inversas.  Las universidades de Baden-Württemberg, en cambio, han optado por un amplio programa internacional. Ofrecen más de 200 títulos en inglés o al 50% inglés/alemán. La distribución por áreas es reveladora: en el ámbito de los negocios y el derecho disponen de 15 grados inglés/alemán, 42 másteres fundamentalmente en inglés y siete doctorados. El campo de las ingenierías se cubre con cinco grados bilingües, 50 másteres mayoritariamente en inglés y tres doctorados. En matemáticas y ciencias la oferta comprende un grado inglés/alemán en biotecnología, 33 másteres en inglés y 14 programas de doctorado también en inglés. Finalmente hay cinco másterse en inglés y dos bilingües en informática, 10 grados en artes, ciencias sociales y humanidades, de los que tres tienen una mínima parte de asignaturas en alemán, así como 32 másteres casi todos en inglés y tres doctorados también en este idioma.

Además buena parte de la acción internacional la asume el Gobierno regional con campañas para dar a conocer su oferta universitaria, al margen de los acuerdos bilaterales que cada universidad negocia con otros centros de todo el mundo y los programas de internacionalización que acometa en solitario.

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