Las facultades de Medicina se quedan sin médicos

  • Los cinco decanos de Andalucía alertan de la desaparición de esta figura que combina el trabajo en el hospital con la enseñanza, esencial para la formación clínica de los alumnos · Solo quedan 209 en Andalucía, la edad media ronda los 60 años y hay centros en los que se jubilarán todos en apenas cinco años.

El decano de Medicina de Cádiz, Antonio Lorenzo (dcha.), es uno de los 23 profesores vinculados que quedan en su Facultad. En la imagen, en el Hospital de Puerto Real a finales de diciembre. / FITO CARRETO

Solo 209 catedráticos y profesores universitarios imparten formación clínica en los hospitales a todos los estudiantes de Medicina de las cinco facultades de Andalucía. Son los últimos y están abocados a la extinción. Los decanos de Andalucía han hecho sonar la alarma al unísono: o se favorece la incorporación de médicos o las facultades de Medicina dejarán de ser lo que son y no podrán formar con los estándares actuales. Si no se remedia a tiempo, será una catástrofe y ocurrirá a corto plazo.

El decano de Cádiz,Antonio Lorenzo, calcula que en cinco años se habrán jubilado los últimos profesores vinculados al Servicio Andaluz de Salud (SAS) que quedan en su facultad. En Málaga, 20 de los 24 que quedan activos se retiran en el próximo lustro y en Sevilla y Granada, la mayoría habrá alcanzado la edad del retiro en una década. “El riesgo es inminente”, apunta el decano de la Facultad de Medicina de Granada, Indalecio Sánchez-Montesinos, sin dejar de subrayar que la formación “sin profesores vinculados sería un fraude a los alumnos”. “No se pueden formar a médicos sin ellos”, coincide Antonio Lorenzo. “La enseñanza clínica es la esencia de una facultad de Medicina”, concluye el decano de Sevilla, Juan Ramón Lacalle.

Los docentes vinculados son profesores y catedráticos universitarios que prestan labor asistencial en los hospitales públicos al tiempo que asumen la responsabilidad de la formación clínica de los estudiantes de Medicina. Esta figura se creó a través de Real Decreto en 1986 y desde entonces se mantiene, en el caso de Andalucía, a través de convenios entre la Junta y las universidades. La doble condición médica y docente les exige superar como cualquier otro profesor el proceso de acreditación que evalúa fundamentalmente las horas de docencia y las publicaciones científicas. Sin embargo, al tratarse de médicos en ejercicio, tienen menos posibilidades de dedicar tiempo a la investigación y a la enseñanza, por lo que les resulta más difícil que la agencia nacional de evaluación los acredite, paso imprescindible para acceder a una plaza universitaria. “No se puede exigir un nivel de docencia e investigación como a cualquier otro profesor a quien también ejerce labor asistencial en un hospital”, recalca Indalecio Sánchez-Montesinos.

Sin embargo, es así y esta es la razón de que medicina sea “el área en la que se deniegan más acreditaciones”, matiza el decano de la Facultad de Málaga, Pablo Lara. Los criterios de evaluación y acreditación que permiten competir por una plaza en la universidad tienen tan poco en cuenta la trayectoria médica de los aspirantes que “20 años de ejercicio, siendo jefe de servicio y tutor de residentes puntúa igual que la especialidad”, agrega.

A este problema intrínseco del área de ciencias de la salud (afecta tanto a Medicina como al resto de las carreras de este ámbito) se suman las restricciones impuestas desde 2011, que han impedido cubrir gran parte de las vacantes por jubilación que se han producido en las universidades. Rafael Solana, decano de Medicina en Córdoba y vicepresidente de la Conferencia Nacional de Decanos de Medicina, cree que, en realidad, ha sido la tasa de reposición, que entre 2011 y 2014 solo ha permitido reemplazar el 10% de las jubilaciones y el 50% este año, la que ha prendido la mecha. “Ha activado todas las alarmas”, admite. Esta combinación de factores ha provocado, por ejemplo que en Málaga queden solo 24 de los 51 profesores vinculados al SAS que había, en Cádiz permanecen 23 de 41, en Córdoba 30 de 42, en Granada de 90 se ha pasado a poco más de medio centenar y en Sevilla hay entre 80 y 90 profesores vinculados cuando hace unos años eran 160.

¿Cómo se ha organizado la formación clínica durante esta travesía? “Sufriendo mucho y agradeciendo mucho la colaboración altruista de los médicos de los hospitales”, resume Antonio Lorenzo. En este sentido hay dos figuras esenciales que han permitido puntualmente sortear la catástrofe: los profesores asociados y los tutores clínicos. Por ejemplo, la Facultad de Medicina de Málaga ha contado con cien profesores asociados distribuidos en 22 áreas de conocimiento clínico que con contratos de tres horas semanales se han ocupado de la formación práctica de los alumnos. Pero como aún así eran insuficientes, otros 1.000 médicos se han prestado sin contraprestación alguna a ejercer de tutores de los alumnos, “lo que dice muchísimo del altruismo y el compromiso de nuestros profesionales”, indica Pablo Lara. La solución ha sido idéntica en el resto de las facultades de Medicina. Sin embargo, los decanos coinciden en que la situación es insostenible aún a pesar del esfuerzo de los profesionales y del SAS, que ha cedido a las facultades plazas que le correspondían por la tasa de reposición de jubilaciones.

Exigen una solución decidida y específica, que vaya más allá del parcheo puntual y garantice el relevo generacional, un problema que no es menor: la Facultad de Medicina de Cádiz, que presta formación clínica en tres hospitales (Puerta del Mar, Puerto Real y, tras un acuerdo alcanzado en diciembre, también en el hospital de Jerez) solo tiene un profesor vinculado en el área de cirugía que, además, se jubilará en dos años, mientras que Málaga únicamente cuenta con un vinculado en pediatría “cuando hace seis años teníamos siete”, recuerda el decano. La edad media en Granada y Sevilla se sitúa en los 60 años, y en Córdoba se han producido 12 jubilaciones recientes y hay previstas otras 12 en los cuatro próximos. “Se está yendo la generación que ha hecho de esta facultad y del hospital Reina Sofía lo que son hoy día. Perdemos los referentes y no tenemos preparados a los siguientes”, subraya Rafael Solana. Finalmente, Juan Ramón Lacalle recuerda, por ejemplo, que en el área de psiquiatría de la Universidad de Sevilla no se incorpora ningún profesor vinculado desde hace cerca de 20 años. 

La Agencia Nacional de Acreditación (Aneca) empieza a comprender la magnitud del problema y, en principio, parece dispuesta a valorar la asistencia hospitalaria en la carrera académica. Esta decisión facilitará la acreditación y la carrera docente a los médicos que ejercen en los hospitales. Además, el SAS y las universidades andaluzas han acordado crear una figura nueva: el profesor contratado doctor vinculado, un docente con un perfil similar al de profesor titular, pero que no es funcionario, sino personal laboral.

Los decanos valoran el clima de entendimiento con las instituciones y aplauden estas medidas, aunque con diferente intensidad y en algunos casos con mucha moderación. Indalecio Sánchez-Montesinos cree que hay que ir mucho más allá, hasta el principio: “La universidad necesita una relación de puestos de trabajo. Es una de las pocas instituciones en la que no se conoce cuál es su plantilla necesaria. Llega y sale profesorado pero sin saber muy bien por qué. Conocer qué profesores hacen falta permitiría planificar y daría garantías para que todo esto no sea una debacle. Además, resultaría muy útil a los alumnos saber qué oportunidades pueden encontrar.” “Si no se adoptan medidas que generen confianza y den garantías las facultades estarán en peligro y la enseñanza será un fraude”.

Rafael Solana apunta que es necesario, por una parte, hacer una planificación de las necesidades a medio y largo plazo para poder formar a estos perfiles “que no se pueden improvisar”, “tardan 10 años en crearse”, y, por otra parte, definir la carrera profesional del profesor que también ejerce la asistencia hospitalaria. Las trayectorias y requisitos del médico y las del docente son tan diferentes que quien acentúa un rasgo perjudica el otro. Por ejemplo, la universidad mide las publicaciones o las estancias posdoctorales en el extranjero, pero el hospital valora los meses de trabajo efectivo.

“Tenemos que definir cómo tiene que ser el recorrido profesional de quienes serán nuestros catedráticos”, apunta el decano de Sevilla, opinión que también destaca el decano de Córdoba y vicepresidente de la Conferencia de Decanos de Medicina. Juan Ramón Lacalle, no obstante, aprecia que también es necesario hacer un esfuerzo de pedagogía para explicar qué es el profesor vinculado “porque muchas veces los propios médicos no tienen clara esta figura”.

La nueva figura del contratado doctor también también se observa con optimismo de intensidad diversa. Juan Ramón Lacalle valora esta figura de reciente creación y cree que, aunque tenga algunos detalles a pulir, puede garantizar el relevo generacional, si bien Rafael Solana duda que puedan surgir profesores acreditados en las especialidades más deficitarias “porque, precisamente, el problema es llegar a contratado doctor con formación asistencial y docente en esas áreas”. Coincide con Indalecio Sánchez Montesinos en apreciar que se exige un perfil senior . “No parece muy fácil que un médico con plaza de funcionario en un hospital esté interesado por un contrato laboral de profesor vinculado”. Ambos reivindican la figura del doctor ayudante vinculado para que los médicos, a medida que concluyen su formación, puedan forjar ese perfil mixto asistencial y docente. También en esta línea, Pablo Lara se pregunta que si las plazas nuevas se ofertan en función de la antigüedad de los acreditados, “cuándo tardarían, entonces, en convocarse las de Medicina en una universidad como la de Málaga con 18 centros”.

Finalmente, los decanos reivindican al unísono que se valore en la carrera académica la labor que presta el tutor clínico, o sea todos esos cientos de médicos que durante estos años han salvado la formación de los alumnos a coste cero sin obtener más que un reconocimiento de sus centros, solo equiparable a una palmada en la espalda. La Agencia Andaluza de Evaluación y Acreditación (Agae) primero y después la Aneca han empezado a reconocer en el currículum este trabajo, pero los decanos exigen que se haga “de manera decidida para que tenga valor en el currículum”, en palabras de Antonio Lorenzo.

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