El importe de las becas para los alumnos con menos recursos cae hasta un 36%

  • El nuevo régimen de ayudas provoca que los estudiantes más pobres que deben abandonar el domicilio familiar para ir a la universidad vean cómo sus ayudas se reducen de 6.000 a 4.400 euros · Los beneficiarios lamentan el retraso en el cobro del dinero y la falta de explicaciones sobre los criterios utilizados.

"Si no quieren quejas que sean más transparentes con los métodos de adjudicación”, sugiere Julio José Serrano, alumno de cuarto de periodismo en la Universidad de Málaga. Su perfil académico y económico es idéntico al de sus tres compañeros de piso. Los cuatro son becarios, pero ninguno recibe la misma cuantía. De entrada las ayudas que han recibido este curso son hasta un 36% inferiores a las de años anteriores sin que ni sus notas ni sus ingresos familiares hayan sufrido cambios significativos.

Los cuatro son de Villanueva de Algaidas, un municipio situado al norte de la provincia de Málaga. Proceden de familias con recursos modestos, estudian carreras del área de ciencias jurídicas y sociales y los expedientes de tres de ellos se sitúan entre 8 y 8,5. Sin embargo, cada uno recibe un importe diferente.

Julio, Lucía Siles, alumna de cuarto de Gestión y Administración Pública, y Carlos Casado, estudiante de cuarto de Periodismo, pertenecen a familias de cuatro miembros. Ninguna de las madres trabaja y los únicos ingresos proceden de los padres, con ocupaciones esporádicas en el campo, la construcción y el transporte. El primero tiene una beca de 4.600 euros, Lucía de 4.587 euros y Carlos de 4.700. Otros cursos han disfrutado de ayudas al estudio por importe de 6.000 euros.

La cuarta ocupante del piso de estudiantes es Triana Reina, alumna de segundo de Criminología. Lo único que la diferencia de sus compañeros de piso es una nota media ligeramente inferior (7,2), pero en contrapartida tiene dos hermanos. Sin embargo, su beca se queda en 4.400 euros. ¿Por qué?

“Las becas antes eran un derecho. Ahora no. Ahora están sujetas a un presupuesto”, explica Alfonso Torres, del Consejo de Estudiantes de la Universidad de Sevilla. Es decir, hasta este curso los alumnos tenían garantizada una cantidad si cumplían determinados requisitos económicos y académicos. Sin embargo, el régimen aplicado este año contempla dos partes: una fija que puede ascender hasta 3.000 euros para alumnos de pocos recursos que estudian fuera del domicilio familiar y otra variable, que depende del presupuesto que le queda al Gobierno después de pagar la parte fija. Ese dinero se distribuye entre los becarios en función de sus recursos económicos, expediente académico y nota media de los alumnos con derecho a ayudas en su área de conocimiento. 

Este motivo explica que estos cuatro estudiantes en condiciones idénticas perciban sumas diferentes y por qué las becas de 6.000 euros han sufrido un recorte de hasta 1.600 euros, pese a que la Secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio, ha afirmado que la bajada media es sólo de 280 euros.

Los estudiantes no ocultan el desconcierto y la falta de información. “Yo esperaba que el pdf [la notificación de la beca] lo aclarara pero no dice nada”, se lamenta Carlos en alusión a unos criterios que a falta de mayor explicación se han convertido en una cuestión de fe. O se cree que los parámetros utilizados son correctos o no se cree. 

Las nuevas reglas de juego han perjudicado sobre todo a los universitarios que están en una situación económica más frágil. Técnicos del Vicerrectorado de Alumnos de la Universidad de Málaga corroboran que si hasta el curso pasado los estudiantes con menos recursos tenían garantizados 6.000 euros, este curso “en el mejor de los casos” son 4.700 euros “cantidad a la que  llegan solo algunos, porque otros, como Triana Reina, se ha quedado en 4.400 euros. En realidad hay pocos estudiantes que reciban más de 2.000 euros”. De los más de 12.000 universitarios que tienen aprobada la beca en Málaga, solo 1.700 (14%) tienen reconocidas compensaciones por residencia y rentas bajas.

Si el recorte en las cuantías ha sido un revés duro, el retraso en el cobro ha sido aún más difícil de encajar para los alumnos. “La tramitación caótica y la demora deberían hacer reflexionar al Ministerio de Educación”, apunta Alfonso Torres, desde la Universidad de Sevilla. Los becarios no han ingresado un euro al menos hasta el mes de enero. Durante los cursos anteriores recibían el importe total en el primer trimestre del curso. Es decir sabían de antemano con qué contaban y cuándo.  Este año, en cambio, no han empezado a cobrar la parte fija de la beca hasta enero y en muchos casos incluso en marzo, mientras que la parte variable se ha retrasado todavía más. El Ministerio de Educación comenzó a ingresar esta porción de la beca el 6 de mayo, es decir cuando faltan menos de dos meses para que termine el curso.  

¿Cómo han aguantado los estudiantes todo este tiempo? “Con muchas dificultades”, responde Alfonso Torres. “Tengo compañeros de Ciencias de la Comunicación que han estado vendiendo manualidades”.

Julio, Carlos, Lucía y Triana (en la imagen en su piso, de izda. a dcha.) conocen en primera persona la economía de guerra. Viven con un presupuesto mensual de 350 euros con el que hacen frente a los 150 euros que cada uno paga de alquiler, los 27 euros de la tarjeta de transportes, los 52 de los desplazamientos de fin de semana al pueblo y con los 121 restantes afrontan los gastos derivados de la casa, comida y material de estudios. En esas condiciones la subsistencia consiste en sustituir los libros por fotocopias, tirar de bocadillos y comida congelada que cada semana preparan las madres y “mirar mucho para evitar las tonterías”, afirma Lucía. 

Estos meses han vivido de lo que habían conseguido ahorrar de las becas recibidas años atrás. El sistema general que utilizan los becarios con menos recursos es guardar de un año para otro. Vivir al mínimo para que quede algo para empezar el siguiente curso. Por eso, estos cuatro compañeros que comparten piso en un barrio modesto de la zona oeste de Málaga  no han podido nunca irse de Erasmus. “Nos hubiera gustado. Es importante aprender otros idiomas, otro país, gente, otra universidad, pero hace falta dinero”, coinciden en señalar. Incluso cuando sopesaron estudiar un tiempo en otra universidad española con una beca Séneca, eliminaron estas ayudas.

De no haber sufrido el recorte, este sistema les hubiera permitido a los estudiantes de último curso planificar su desembarco profesional porque de nuevo habrían iniciado el año con algunos ahorros.  “Me gustaría hacer un máster en asesoría jurídica a empresas pero depende de que me den o no beca y en estas circunstancias lo veo negro”, advierte la estudiante de cuarto de Gestión y Administración Pública. Los dos alumnos de cuarto de Periodismo tampoco ocultan su desconcierto. “Yo estoy abierto a todo pero sin beca no puedo hacer nada” afirma Julio Serrano, mientras Carlos Casado reconoce que a estas alturas  está “abierto a trabajar en cualquier cosa”. Su sueño de ser un gran periodista deportivo empieza a desdibujarse en un horizonte cada vez más incierto. “Un máster en Periodismo Deportivo son 6.900 euros, una barbaridad”.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios