Un pasado con factura

  • La Universidad de Granada destina cinco millones al año al mantenimiento correctivo y preventivo de su patrimonio histórico, cifra a la que se suman los fondos que recaba para acometer la restauración de edificios históricos

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“La Universidad de Granada es una universidad del renacimiento”, subraya el profesor de Historia Moderna y director de comunicación de la institución, Francisco Sánchez-Montes, cuando recuerda que el primer colegio se fundó en 1531. Cinco años antes el emperador Carlos V había decidido devolver a la ciudad su condición universitaria, perdida después de que el cardenal Cisneros arrasara la madraza fundada en 1349 por el sultán Yusuf I.

Aquella madraza es uno de los tres bienes de interés cultural (BIC) que posee la universidad junto al Colegio Máximo de Cartuja y el Hospital Real, donde está instalado el Rectorado desde hace 30 años. Este edificio renacentista acaba de celebrar su 500 aniversario con una exposición en la que, precisamente, ha mostrado su riqueza patrimonial de la institución académica.

En el Hospital Real se enclava también la biblioteca principal de la Universidad de Granada, entre cuyos 60.000 volúmenes figuran 800 manuscritos, 60 incunables y su gran joya: el Codex Granatensis, del siglo XIV.

“La variedad y la complejidad de nuestro patrimonio es muy diversa”, advierte la vicerrectora de Infraestructuras, Begoña Moreno. Recuerda que el patrimonio universitario se remonta a la época romana, gracias a unos alfares hallados en los años 70 en el campus de Cartuja que una vez restaurados y puestos en valor son utilizados para docencia e investigación.

La Universidad de Granada se ha revelado a lo largo de la historia como un gran agente conservador del patrimonio histórico. Hace apenas unas semanas concluyó la restauración del cimborrio y las cubiertas del Patio de los Inocentes del Hospital Real , obras en las que se han invertido 1,4 millones de euros financiados con cargo al plan plurianual de inversiones de la Consejería de Economía y Ciencia. La vicerrectora de Infraestructuras tiene previsto “en breve” que comiencen actuaciones sobre las cubiertas del palacio de Las Columnas (Facultad de Traductores e Intérpretes) y San Pablo (Facultad de Derecho), ambos edificados entre los siglos XVII y XVIII.

Además, la Universidad de Granada reabrió en 2011 el palacio de La Madraza como sede de su servicio de Extensión Universitaria, tras someterlo durante una década a un severo plan de restauración que implicó la inversión de cinco millones de euros, de los que 600.000 procedieron de fondos propios. En los 70 compró y posteriormente restauró el Colegio Máximo de Cartuja, un edificio de la Compañía de Jesús que actualmente alberga las facultades de Odontología y Documentación y en 2009 se hizo con la propiedad del palacio de los condes de La Jarosa, que fue inaugurado el año pasado como escuela de posgrado.

El antiguo hospital militar, ubicado en el Campo del Príncipe, está en obras camino de convertirse en la futura Escuela de Arquitectura con un presupuesto de 10,7 millones de euros, de los que la universidad aporta el 44%.

“Tenemos siete campus, contando los de Ceuta y Melilla, y gran parte están en el centro histórico. Esto encarece muchísimo el mantenimiento”, subraya la vicerrectora Begoña Moreno quien hace ver que las demandas no sólo provienen de los inmuebles históricos, sino también de los que se incorporaron a la universidad durante el importante auge que vivió en los años 70 y que ahora requieren puestas a punto para responder a necesidades docentes que van más allá de la mera tarima y pizarra. “Sólo el mantenimiento correctivo y preventivo consume cinco millones de euros al año de nuestro presupuesto”.

“Además, surgen problemas a diario. Ahora mismo la ratio de metros por alumno en Ciencias de la Educación es muy baja y en Empresariales tenemos 7.000 alumnos que sufren problemas de espacio. A todo esto tenemos que darle respuesta dándole muchas vueltas y siendo muy imaginativos”, recalca la vicerrectora.

El siglo XXI y el Campus de la Salud

Frente a las oportunidades y complicaciones que presentan las edificaciones históricas, la Universidad de Granada también tiene experiencia en el Campus de la Salud en qué significa empezar de cero: urbanizar suelo, proyectar usos universitarios y construir. “La ventaja es que es más sencillo reordenar los espacios y hacer un diseño pensando en las necesidades reales y futuras. Además, su mantenimiento es muchísimo más sencillo. La complejidad, sin embargo, es presupuestaria”.

El nuvo campus tiene 76.000 metros cuadrados. Inicialmente se planteó instalar cuatro facultades: Medicina, Ciencias de la Salud, Odontología y Farmacia, además del edificio de Servicios Centrales, pero la crisis y las estrecheces presupuestarias han obligado a replantear el calendario. En unos meses concluirán las obras de Ciencias de la Salud y de los Servicios Centrales, que se prevén ocupar en el segundo cuatrimestre del curso próximo, y seguidamente las de Medicina, mientras que el resto tendrán que esperar. “La dificultad en este caso es sacar adelante el edificio y movilizar el gasto sin que se produzcan movilizaciones presupuestarias”. 

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