ANDRÉS AGUILERA, CATEDRÁTICO DE GENÉTICA DE SEVILLA

"Los españoles hemos sido bastante malos haciendo 'lobby' en Bruselas"

Andrés Aguilera es uno de los grandes científicos españoles · Junto a José López Barneo (Cabimer) y a Juan Manuel García Ruiz (Laboratorio de Estudios Cristalográficos) del CSIC, es el único andaluz que ha logrado fondos de la línea Advanced del Consejo Europeo de Investigación (ERC), la liga más jugosa, exquisita y competitiva que se juega en la ciencia europea · Ha logrado dos millones de euros para hallar una respuesta a la inestabilidad del genoma que existe detrás de algunos tumores cancerígenos.

Clarisa Guerra (Universidad de Sevilla) / enero 2016
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El catedrático Andrés Aguilera, durante la entrevista. / LUIS SERRANO (UNIVERSIDAD DE SEVILLA)

La vida de Andrés Aguilera (Larache, 1957) catedrático de Genética de la Universidad de Sevilla, transcurre, 30 años después de comenzar su trayectoria científica, no tanto entre probetas como entre colegas e instituciones internacionales. La bata blanca ha dejado paso a los papeles y a la gestión. Tremendamente simpático, incapaz de hablar si no es en plural, dirige con maestría el grupo Inestabilidad Genómica en el Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa (Cabimer), en el que 18 investigadores intentan entender una de las causas de determinados tipos de cáncer. 

-¿Cuántos proyectos de investigación respaldan su carrera? ¿Lleva la cuenta?


-Uf… ¡La verdad es que los tendría que contar! [risas] Podría hacer un cálculo por encima y saldrían más de 20 como investigador principal desde 1990. Hay también pequeños proyectos de un año pero esos no los cuento. Digamos que proyectos gordos con una duración de tres años o más, veinte y tantos.

-¿Existen en su familia tradición científica? ¿Algún precedente que le haya servido de inspiración?


-No, como en casi nadie de mi generación. Piensa que en mis tiempos ser licenciado ya era “algo”. Tengo un tío que sí llegó a médico pero mi familia es gente de campo, esto les venía lejos. Mi padre era empleado de banca y mi madre ama de casa, así que lo de la investigación es nuevo en mi familia. Mi hija curiosamente sí que está siguiendo la carrera científica y está ahora mismo en Francia haciendo la tesis doctoral también en el campo de la biología molecular, lo que ha sido toda una sorpresa que no me esperaba, porque mi mujer también se dedica a la investigación así que mi hija ha vivido de primera mano lo sacrificado que es este mundo.

-La línea Advanced del Consejo Europeo de Investigación es especialmente competitiva. Muy pocos han conseguido fondos de este programa en España. En Andalucía únicamente usted, José López Barneo, investiagador del Cabimer, y Juan Manuel García Ruiz, del Laboratorio de Estudios Cristalográficos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), con sede en Granada.  ¿Qué cree que ha valorado la Comisión Europea?

-En la evaluación de las ERC hay dos cortes: un primero en el que se evalúa principalmente el currículum del investigador responsable y un segundo en el que ya se entra en profundidad en el contenido del proyecto. El gran problema a nivel nacional es elprimer corte. ¿Por qué? Pues porque valoran que lleves tiempo trabajando de manera competitiva a nivel internacional. En las áreas de biología molecular y biomedicina parece que piden al menos diez artículos de primer impacto en revisas tipo Nature o Cell. Si no tienes esto no vas a ninguna parte. Miran con lupa tu trayectoria como investigador, por eso en España nos resulta tan complicado competir en esta convocatoria. Son convocatorias muy “golosas” porque conceden mucha financiación, pero son tan competitivas que parece que da cierto miedo presentarse…Los investigadores con ERC Advanced en cada área nos solemos conocer porque somos muy pocos y yo hasta me he asustado al ver el nivel del personal… He llegado a pensar “¡uf, no sé ni cómo me he colado!” [risas]. Hablamos de investigadores muy muy fuertes que trabajan en centros que tienen financiación directa. Por ejemplo, dos de ellos vienen del Francis Crick Institute, donde a uno de sus investigadores acaban de darle un Nobel. Esta gente trabaja con unos medios con los que ni siquiera necesitan pedir proyectos para financiarse. Nosotros aquí tenemos que estar solicitando proyectos constantemente y evidentemente los medios que tenemos no son los mismos, así que el haber podido ser seleccionado para un ERC Advanced significa que más o menos nos hemos sabido defender todos estos años.

-El acrónimo de su proyecto es Tarloop. Siete letras que significan R-loops as a major modulator of transcription-associated recombination and chromatin dynamics. ¿Podría condensar este proyecto de más de dos millones de euros y cinco años de duración en los 140 caracteres que demanda la frenética sociedad de la información hoy día? Si fuera un tuit ¿cuál sería?

-¡Uf yo no uso Twitter de ese! [risas]. Pero OK, lo llamaría: “Inestabilidad genética producida por híbridos de ADN-ARN”. No sé cuántos caracteres hay ahí pero más o menos... El proyecto va realmente dirigido a entender una de las causas de la inestabilidad del genoma, una patología de las células asociada a tumores. Hay muchas fuentes que pueden originar esa inestabilidad: daños en el ADN producidos por todo tipo de estrés, fallos en la maquinaria de replicación o duplicación del ADN, etc. Lo que nosotros intentamos entender es una de esas fuentes que produce inestabilidad en el genoma, concretamente nos centramos en una parte muy específica que son los híbridos que accidentalmente se forman entre el ADN y el ARN y que podrían estar detrás de determinados tipos de cáncer. La unión de estos dos ácidos formando una única cadena supone un obstáculo al proceso normal de replicación cromosómica, lo que genera estrés e inestabilidad genética, característica común en las células tumorales.

-¿Cree que nuestros nietos (o tataranietos) conocerán una cura para el cáncer?

-El cáncer no es una sola enfermedad, por lo tanto cada cáncer va a tener siempre su tratamiento. De lo que sí estoy convencido es de que vamos a estar cada vez más preparados para conocer la propensión de los individuos a desarrollar determinados tipos de cáncer debido al componente hereditario que tienen gran parte de los cánceres. Ahondar en el conocimiento de este componente hereditario aumentará nuestra capacidad para identificar grupos de riesgo y detectar un tumor con anterioridad, lo que es fundamental para evitar consecuencias mayores. Hay distintas maneras de tratarlos, basadas en matar la células cancerígenas, pero la solución no creo que pase por llegar a encontrar un único fármaco.

-Aquí más que nunca se cumple aquello de “prevenir es curar”, ¿no?


-Claro y lo vemos en el día a día en algunos casos extremísimos que han sido muy mediáticos como el de Angelina Jolie, que se operó los dos pechos porque tenía una mutación en uno de los genes BRCA. Ella venía precisamente de familia con esta mutación y llamó mucho la atención de la sociedad porque se operó de forma preventiva, una medida brutal, pero necesaria a su juicio ya que sabía que por bagaje genético tenía una probabilidad mucho más amplia de desarrollar cáncer que el resto de la población. Esto está muy bien, pero claro, hoy en día sólo puede permitírselo gente con pasta. Pero bueno quiero puntualizar que yo no trabajo en esto específicamente. A mí siempre se me deriva a esta dirección pero es importante aclarar que estos proyectos ERC no son de ciencia aplicada, sino que son proyectos de investigación básica. Además el área donde nosotros competimos es muy general: biología molecular y estructural, es decir, comprender cómo funciona una célula. Si hablo del cáncer es para entender qué significa la inestabilidad genómica y por qué nos interesa conocerla. Y es que si somos capaces de entender esto, habrá otros que podrán utilizar este conocimiento y sacar partido. Pero nuestro objetivo es conocer los factores y mecanismos que tiene la célula para prevenir la inestabilidad y esto es investigación puramente básica.


Andrés Aguilera, en uno de los laboratorios del Cabimer. / LUIS SERRANO (UNIVERSIDAD DE SEVILLA)

-¿Qué cuentas debe rendir a la Unión Europea? ¿Y a la sociedad en definitiva? Al desembolsar tanto dinero, ¿no le exigen resultados específicos?

-La exigencia es que tenemos que utilizar los fondos para intentar responder las preguntas que planteo en el proyecto. La UE, como casi todas las instituciones, tiene sus auditorías en las que tienes que demostrar que has trabajado en esa dirección, como es lógico. Además, cuando nosotros nos metemos en este tipo de proyectos lo que queremos es seguir creciendo y eso no es que nos lo exija la Comisión Europea, es que nos lo exigimos a nosotros mismos, porque si queremos volver a tener un proyecto de este tipo dentro de cinco años, tenemos que haber sido capaces de demostrar que con este dinero realmente hemos hecho ciencia de primera línea ya que nos mirarán con lupa cuando volvamos a solicitar un proyecto. Pero exigirnos un determinado resultado no nos lo exigen, no tenemos que publicar por ejemplo artículos en revistas tipo Nature o similar, lo que sí es cierto es que si no lo hacemos, no vamos a volver a tener esta capacidad de financiación en el área que competimos.

-¿Qué viene después, un Premio Nobel?

-¡Yo me jubilo! [risas] No, lo que ocurre es lo siguiente: en España la financiación que se hace de la ciencia es pobre y esto es un problema porque no permite a los grupos españoles tener la capacidad de competir a este nivel. Esto quiere decir que, salvo excepciones, a los grupos españoles les cuesta muchísimo subirse al carro de los grandes proyectos ERC. Un proyecto en Alemania o Inglaterra no baja de un millón de euros, ¿entiendes?. Y me quedo corto. ¿Entonces qué pasa? Pues que un proyecto medio en mi área aquí en España, no nosotros que por suerte estamos bien financiados y somos un grupo amplio que trabajamos muy duro para conseguir una producción importante, tiene una financiación media en torno a los 200.000 euros, por lo que claramente estamos jugando en otra liga. Así que cuando surge una oportunidad de financiación como esta tan tremendamente competitiva, en nuestro país nos encontramos con el problema de que la mayoría de los grupos no puede competir. En España además siempre se ha sentido cierto temor de conceder este tipo de proyectos muy bien financiados, porque unos tendrían mucho y otros muy poco o nada. Así que la tasa de éxito de concesión de proyectos nacionales suele ser relativamente alta comparada con otros países europeos. También es verdad que en estos países existen otras fuentes de financiación que aquí en España no se dan, como por ejemplo las Charities. Así que por ahí fuera los grupos tienen distintas posibilidades para conseguir dinero pero aquí casi todo el dinero que se destina a la ciencia, a excepción de determinados proyectos del ámbito hospitalario, viene de los entes públicos y por lo tanto es muy limitado. El hecho es que como no hay mucho dinero y hay que repartirlo, hacemos ciencia excelente pero cada vez más concentrada en centros tipo CNIO (Centro Nacional de Investigaciones oncológicas) en Madrid o el CRG (Instituto internacional de investigación biomédica) en Barcelona, que poseen vías de financiación y formas de gestión diferentes al resto de centros públicos. Aquí en Sevilla en Cabimer estamos haciendo un esfuerzo pero no jugamos en la misma liga que los grupos internacionales que cuentan con financiación propia, y es que nosotros no podríamos hacer nada si no consiguiéramos proyectos. Por el mero hecho de estar aquí en Cabimer no recibimos financiación específica.

-Cuando dice que en Inglaterra o Alemania hay proyectos de un millón de euros…

-¡Y más! ¡Y más! He dicho un millón de euros por quedarme corto… Te lo digo porque yo también participo en evaluaciones y suelen llegarme proyectos de dos millones de libras y más. Por eso digo que están jugando a otro nivel. Estos grupos sin necesidad de tener un ERC ya tienen fondos sobrados para poder realizar grandes proyectos, así que cuando además reciben un ERC se ponen en unos niveles en los que obviamente pueden hacer ciencia extremadamente competitiva.

-¿Esa financiación tan elevada en estos países es entonces mayoritariamente privada?

-Bueno hay de los dos tipos e incluso híbridas. Además de las agencias públicas o estatales de financiación, las fundaciones y asociaciones caritativas o charities funcionan muy bien en Inglaterra o Francia, tienen hasta merchandising e inyectan importantes sumas a la investigación. En España también existen algunas asociaciones pero, en comparación, ofrecen migajas.

-Se ha publicado que los recortes han llevado a la ciencia en España a los niveles de 2003… El proyecto ERC llega en un momento muy es oportuno, ¿no?


-Sí, nos ha venido en un buen momento. No creo que como grupo vayamos a tener una explosión, ya que en años anteriores hemos tenido también buena financiación, pero teniendo en cuenta cómo están las cosas nos permite seguir haciendo ciencia competitiva.

-¿Cuántos puestos de trabajo se van a crear?


-Se van a incorporar al grupo cuatro doctores, un licenciado y también una persona que apoye en temas administrativos a tiempo parcial. Normalmente un puesto de trabajo no tiene que durar los cinco años del proyecto. Yo lo planteo acuatro, que es lo recomendable para realizar un periodo de formación posdoctoral. Así que para este proyecto hemos planificado en principio cinco puestos de trabajo durante cuatro años que se irán solapando y ¡ ya tenemos que hacer ingeniería de distribución en el laboratorio para poder albergar a este personal! Nuestro grupo es muy numeroso. Somos unos 18 y casi no cabemos. La investigación hay que focalizarla. Mi intención es quedarnos en unas 16 o 17 personas. Yo dispongo de personal senior, es decir gente formada que ejercen también como profesores en la Universidad de Sevilla y me ayudan por ejemplo a codirigir tesis doctorales, así que trabajamos en equipo en una especie de codirección, porque si no es muy difícil mantener un grupo de este tamaño. Lo que sí es positivo en cuanto al tamaño es la importante masa crítica cualificada que conformamos y que nos permite ser competitivos. Hoy en día los abordajes experimentales en biología molecular requieren mucho trabajo en equipo con técnicas muy diferentes. Trabajamos con varios organismos: fundamentalmente levadura (un organismo modelo) y células humanas, pero también hacemos algo con el gusano Caenorhabditis elegans. Esto quiere decir que necesitamos gente formada en estos organismos y también en las tecnologías genómicas, en análisis global de los genomas, en secuenciación y en sofisticadas tecnologías de microscopía… Necesitamos una serie de personas altamente cualificadas y el tamaño y calidad técnica de nuestro grupo garantiza el que podamos tocar todo esto. Hoy la ciencia es transversal, hay que trabajarla con diferentes abordajes y tocando varias disciplinas y por eso para estar en primera línea necesitamos tener grupos fuertes, el número no significa nada si no se tiene un plan bien trazado.

-Entonces un grupo de investigación ideal para usted debería contar con unas 16 personas y un buen plan estratégico, como una pequeña o mediana empresa.


-Para mí un grupo con seis o siete personas es más que suficiente. No hay que llegar a tanto. Nosotros tenemos ya mucho bagaje, pero lo normal no es que un grupo trabaje en varios sistemas a la vez como hacemos nosotros, sino que se centra en un único organismo. Con unas siete personas por grupo se puede hacer una ciencia magnífica y eso es lo que nosotros estuvimos haciendo hasta que llegamos a Cabimer, donde empezamos a trabajar con las células humanas, en las que llevamos investigando nueve años. Esto ha significado una necesidad de ampliar el grupo para manejar diferentes tecnologías. Pero insisto, no es necesario llegar a formar un grupo tan numeroso. El problema que tenemos en la universidad es que el personal senior que está con nosotros si busca una vía de estabilización en su trabajo tiene que ser dando clases. No podemos compararnos por ejemplo con países como Estados Unidos, donde un grupo puede contar hasta con 14 investigadores posdoctorales y dos o tres técnicos trabajando a tope. Nuestros grupos en España no son así, están basados en su gran mayoría en doctorandos, por tanto son gente que se está formando, y la otra mitad están intentando estabilizarse laboralmente y la única vía es dando clases. Por tanto a nosotros tener tantos investigadores trabajando en el grupo nos sirve también para intentar compensar las horas de los profesores, ya que ellos no pueden llevar proyectos que requieren 10 y 12 horas de laboratorio diarias por si solos, es imposible tener esa capacidad en la coyuntura actual. Si los investigadores senior no tuviéramos docencia, no haría falta tener un grupo de este tamaño ni loco. Pero la universidad nos demanda esta actividad y hay que cumplirla.



El catedrático con investigadores de su equipo. / LUIS SERRANO (UNIVERSIDAD DE SEVILLA)

-¿Cambiaría entonces este modelo compartido de docencia e investigación?


-Si bien creo que los investigadores tenemos mucho que aportar a la docencia, yo intentaría que la labor investigadora de los científicos que estamos en la universidad tuviera más impacto en la jornada laboral. Considero que todos los que hacemos investigación, no solo los que estamos en la universidad, debemos de pasar por la docencia, pero una docencia razonable, una docencia de algo en lo que nosotros estamos duchos, porque el problema con el que nos encontramos a veces en la docencia es que hay que impartir obligatoriamente determinadas materias que implican un esfuerzo extra. Así que soy partidario de que en las instituciones los investigadores participen en la docencia ya sea a nivel de máster o de grado, pero creo es que a aquellos que estamos más comprometidos con la investigación se nos debería considerar esto como una forma para rebajar la demanda docente. ¡Y me consta que se están haciendo ya esfuerzos en este sentido! Yo no puedo quejarme porque estoy en un departamento donde gracias a la actividad investigadora que desarrollamos y a la política de la universidad que no nos ha puesto límite a la hora de incorporar gente joven mediante el programa Ramón y Cajal, nos mantenemos en un nivel razonable de docencia para compaginarlo con la investigación. Así que bueno, creo que la universidad en este sentido lo está haciendo bien, sin embargo en términos globales es verdad que para alguien joven que va a un departamento donde tiene una carga docente muy fuerte, de por ejemplo 24 créditos, es muy difícil.

-Entonces usted sigue todavía dando clases…

-Sí, tengo un curso de grado y un curso compartido de máster. Es difícil decir qué porcentaje de mi tiempo puedo dedicarle exactamente pero cumplo como todo el mundo. Para mí no es un problema dar un curso entero, lo hago con gusto. La limitación me viene dada muchas veces por el tema de los viajes: conferencias, congresos, comités… Hay un periodo del año que tengo que hacer encajes de bolillos para organizarme y compaginar todo. Más allá de eso, como comentaba anteriormente, me parece muy positivo que quienes realizamos investigación tengamos la posibilidad de hacer llegar ese conocimiento al estudiante.

-¿Saben sus alumnos a quién tienen enfrente?

-Nunca mezclo una cosa con otra, cuando entro de profesor asumo mi papel, doy clase y punto. Los alumnos hoy en día son muy avispados y miran todo en internet, así que puede que sepan algo de nuestra trayectoria, pero yo por mi parte nunca he comentado nada en clase en relación con mi carrera investigadora, ni he hecho alarde de nada. De hecho normalmente la estrategia que seguimos nosotros en el grupo, y que yo sigo en particular, es no incorporar a alumnos de grado en el laboratorio, entre otras razones porque somos muchos y no tenemos más capacidad. A algún alumno que me ha pedido formar parte del grupo alguna vez he tenido que decirle: “Lo siento mucho, no podemos aceptarte”. Esto me hace llevar de una manera bastante aséptica la docencia, intentando no mezclar una cosa con otra.

-Antes me hablaba de las auditorías de los proyectos, ¿son tan duras como las pintan?

-Bueno eso no soy yo quien te lo tiene que comentar. Los técnicos del Secretariado de Transferencia de Conocimiento y Emprendimiento de mi universidad son los que más las están sufriendo. Yo lo resumiría muy fácilmente: con todo este follón de corrupción que hay en el país, formalmente somos todos unos corruptos. Así que algo que nace en una proporción mayor de los que estaban en el poder y colaterales, se ha extendido ahora mismo a todas las capas de la sociedad que utilizamos dinero público, trayendo consigo unas auditorias que más que duras son incoherentes y están mal planteadas porque no están claros los criterios que siguen, lo que está volviendo locos a los departamentos económicos de las universidades. Pero bueno hasta donde tengo entendido la Universidad de Sevilla está haciendo un buen trabajo con los proyectos europeos y nunca han tenido ningún problema. Las auditorías son necesarias. La contrariedad surge cuando te encuentras que están auditando proyectos de 2007 con criterios del 2015. No tiene ningún sentido que ahora, ocho años después, se esté pidiendo al investigador el papelito de haber atendido a un congreso. Con la inestabilidad que tienen nuestros grupos mirar ahora ocho años atrás es un sinsentido, teniendo en cuenta que investigadores con los que contábamos en aquel entonces pueden estar ahora mismo en Minnesota… es una locura. Obvio que hay que auditar, pero habría que revisar el procedimiento.

-¿Cuáles son los pasos a seguir para lograr un proyecto de tanta envergadura como el ERC?

-Trabajar duro, acertar en el enfoque de tu investigación y producir resultados antes de que lo hagan tus competidores. Nosotros estamos trabajando en un tema que iniciamos hace muchos años y que ahora concretamente es muy candente, por lo que hay otros grupos europeos y americanos, siguiéndonos los pasos. Intentamos utilizar diseños y aproximaciones novedosas que nos pongan por delante del resto de grupos que investigan en este área. Siempre he huido de lo trivial y lo fácil, porque lo trivial y lo fácil lo puede hacer cualquiera.

¿Es ésta la única vez que se ha presentado a esta convocatoria?

No, esta vez ha sido la segunda. La primera vez la verdad es que obtuve muy buenas evaluaciones, pero sólo pueden entrar equis y creo que “no me tocaba”. En una convocatoria tan tremendamente selectiva nunca sabe uno qué va a pasar. En los dos últimos años hemos tenido una producción muy fuerte y nuestro trabajo ha tenido bastante impacto, así que bueno, ¡tenía la esperanza de que ya me tocara!

-¿Ha cambiado mucho la financiación europea desde que empezó su carrera?


-Sí que ha cambiado, sobre todo con estas convocatorias ERC. El problema de la financiación europea es que son grandes redes de socios de diferentes países y se produce mucho lobby, algo que España no hace bien en Bruselas. ¡Hay gente realmente buena haciendo lobby! Yo tengo colegas que se plantan en Bruselas y consiguen unos fondos que tú te preguntas “¿Pero cómo es posible?”. Los italianos por ejemplo son mucho más duchos que nosotros. Aquí vivimos detrás del Pirineo y esa es una realidad. Además existe un problema añadido en España, y es que durante un tiempo a Europa se mandó a gente de apoyo que desconocía el sistema. ¡Tienes que mandar a alguien que conozca el tema! Esto no ha ayudado. Por otra parte lo que ha ocurrido es que los proyectos europeos formados por distintos socios tenían una burocracia terrible y muy pocos en España se metían a dirigir una red de ese tipo ya que para colmo no contábamos con suficiente apoyo administrativo, mientras que en Europa sí lo tenían. Yo evalúo grandes networks de estos, los evalúo in situ, y en casi todos los proyectos figura un señor o una señora que lleva toda la parte de relaciones con Europa, alguien que ha tenido una carrera científica y que se conoce al dedillo absolutamente todo, mientras que en España tradicionalmente hemos ido con una mano delante y otra detrás. Los ERC han supuesto un cambio brutal ya que aquí lo que se evalúa es el grupo, no tienes que hacer consorcios, lo que se mira es la carrera científica del investigador y la calidad del proyecto. Así es como se debe hacer una ciencia básica. En los networks tú decías que ibas a mejorar el porcentaje de X o Y en el arroz y eso se miraba muy bien, lo cual es lógico porque tenían una orientación más social, pero los ERC es calidad científica pura y dura, buscar soluciones a problemas que estén en la frontera del conocimiento. Ahí es donde nosotros sabemos movernos porque es en lo que trabajamos todos los días. ¡Yo ya estoy muy viejo para cambiarme! [risas].

-¿Cuál ha sido el momento más satisfactorio de su carrera?

-Hombre es difícil… Hemos tenido momentos importantes como cuando conseguimos el proyecto del programa Human Frontier (1999), pero realmente los momentos más satisfactorios han sido publicaciones que nos han costado muchas horas de trabajo y esfuerzo, como por ejemplo cuando estábamos en el Departamento de Genética y publicamos un primer Embo Journal o dos Molecular Cell en el mismo año, que además fueron los dos primeros que se publicaban en toda Andalucía. Yo creo que nuestras satisfacciones vienen por ahí. Recientemente hemos publicado un Nature como responsables, íntegramente realizado en Sevilla y sin colaboraciones externas, lo que ha supuesto una gran satisfacción. Realmente relacionaría los momentos satisfactorios con publicaciones concretas que han ido saliendo y que somos conscientes de que han sido fundamentales para colocarnos en el mapa. Bueno, hemos contribuido un poquito a poner Sevilla en el mapa como quien dice…

-¿Y el más amargo?

-La verdad es que yo me recupero pronto de los momentos amargos y no sería capaz de destacar ninguno en concreto… Quizás tenga mucha fijación en el tema de los artículos porque es nuestra manera de demostrar que lo que estamos haciendo sirve para algo. Publicar en revistas de alto impacto es útil para el resto de la comunidad científica y si no consigues una publicación, tu trabajo es invisible y no sirve para nada. Yo siempre le digo a mis compañeros que no se trata sólo de trabajar en el laboratorio, sino que hay que saber vender también el trabajo realizado. Por tanto los mejores momentos vienen cuando por fin conseguimos que el trabajo que hemos hecho se publique, que científicos puedan contrastarlo y utilizar ese conocimiento para avanzar. Esto es lo que da satisfacción. Y claro los momentos más amargos vienen cuando tenemos puesta toda la ilusión en un trabajo que creemos que es bueno y una determinada revista lo rechaza. Pero es que la ciencia se mueve así. Lo importante es no rendirse.

-Transmite felicidad.

-Bueno, la parte que llevamos peor es la administrativa, que cada vez es más loca y nos implica más debido al tema de los certificados digitales que nos obligan a hacerlo todo nosotros. Es un cambio en la manera de trabajar que poquito a poco ha ido penetrando y es la parte que peor llevo.

-Se supone que todo eso debería aliviar y agilizar los trámites administrativos precisamente…

-Sí es cierto. ¡Pero en el ámbito puramente científico, en muchos casos es para el que recibe la información! Los investigadores estamos facilitando el trabajo a la administración para que puedan hacer un listado cada vez que les convenga, pero para mí supone un trabajo extra tremendo. Supone una carga de trabajo administrativo elevada que nos quita un tiempo precioso en el que podría estar más cerca del laboratorio, del trabajo de campo o incluso con las pipetas.



-¿No le queda mucho tiempo para andar con pipetas últimamente?

-Hay que ser realista. Yo por eso ni me pongo bata en las fotos ni nada. No quiero dar una imagen errónea. Con el tamaño del grupo, la docencia por un lado, la cantidad de administración por otro y los viajes que hago es imposible. Mi papel no es ya coger la pipeta, es discutir sobre ciencia, plantear proyectos, conseguir financiación y hacer que el trabajo se publique. Sería erróneo el decir que yo cojo la pipeta, es imposible, no hay ningún investigador que se mueva en este ámbito a este nivel y que le dé tiempo. Esto tiene fases. Cuando uno arranca tienes que estar ahí, pero ahora cuento con gente formada para ocuparse de ese trabajo, y yo me dedico a la dirección, a generar y discutir ideas y dar forma a los proyectos.

-¿Qué ventajas tiene trabajar en un centro mixto como este en el que conviven con investigadores del CSIC y de la Universidad Pablo de Olavide?

-Permite hacer la ciencia como se tiene que hacer hoy en día, disponiendo de infraestructuras y apoyo técnico. Es verdad que ahora las universidades han montado centros como el Citius, que aporta maquinaria que no pueden adquirir los departamentos, pero antes era distinto. Cuando estábamos en el Departamento nos fue imposible por ejemplo dar el salto a trabajar con células humanas ¡Lo intentamos!, pero supuso un coste terrible de tiempo y energía y no conseguimos nada. La ciencia competitiva es transversal y necesita utilizar mucha tecnología diferente y sofisticada. Para que te hagas una idea,un microscopio de los que necesitamos usar en nuestro grupo puede costar más de 600.000 euros.

-Un investigador con una trayectoria como la suya seguro que tiene algún consejo mágico para los jóvenes investigadores que están empezando…

-Hay dos tipos de investigadores que se inician hoy: el que va a hacer la tesis porque es la oportunidad de tener un trabajo y el que realmente quiere investigar. Éste último, si ha sido un buen estudiante y le gusta vivir para la ciencia, tiene que hacer lo que hemos hecho todos: leer la tesis en un buen laboratorio, en un periodo de tiempo razonable, no se puede hacer una tesis en seis u ocho años, y por supuesto irse al extranjero y no verlo como una emigración obligada o como una fuga de cerebros. La fuga de cerebros es cuando alguien realmente bueno no puede volver. Yo estuve casi siete años fuera entre Alemania (Technische Universität Darmstadt) y EEUU (New York University Medical Centre), además de otros períodos cortos en otros sitios. Esto es absolutamente fundamental si sequiere investigar en serio a un nivel alto. No olvidemos que la ciencia es internacional, uno no se puede quedar aquí de cateto. ¡Salir al exterior nos abre la mente! Hay relacionarse con otros investigadores, ver cómo funcionan otros laboratorios, conocer a gente y darse a conocer por ahí… Todo esto es muy importante.

¿Entonces, cuál es el mensaje que más repite a sus doctorandos?

-Normalmente los doctorandos que vienen conmigo son estudiantes muy buenos que consiguen ellos sus propias becas, por tanto quiere decir que realmente quieren hacer la carrera investigadora, así que lo que les digo nada más entrar es que yo formo investigadores que realmente quieren ser competitivos y que esto no es más que la primera etapa de su formación.Mi objetivo es que cuando acaben la tesis se vayan fuera a realizar una estancia posdoctoral. Tengo que decir que la gran mayoría lo hace, pero sí que estoy notando que con todo este tema de la crisis y el tapón que hay para conseguir trabajo, hay gente que se lo piensa y prefiere quedarse aquí… También es verdad que en España ya hay también grupos potentes y centros donde se puede hacer una ciencia que es mejor que en otros centros que hay fuera, no vayamos tampoco a pensar que por el mero hecho de cruzar el Pirineo o saltar el Atlántico ya va a ir uno a un sitio mejor, pero lo cierto y verdad es que uno sale al exterior aprende cuestiones que van más allá de la ciencia, aprende cómo funcionan las cosas por ahí y eso enriquece. Otra cuestión es que cuando la gente vuelve a los pocos años se le ha olvidado ¡Esa es la desgracia!

-Andrés, una obviedad: ¿sin ciencia no hay futuro?


-Sin ciencia no hay futuro, sin lugar a dudas.
 
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