Sin retorno a Pompeya

El urbanismo, la topografía, la vida cotidiana, la pintura, los mosaicos... Ningún rincón y ningún punto de vista había escapado a los arqueólogos que desde el siglo XIX estudian Pompeya y Herculano. Sólo quedaba fuera del ámbito científico la historia marítima de esa sociedad romana detenida en el año 79 bajo la lava del Vesubio: la industria del garum, la pesca, la introducción de las diferentes artes en la captura y la fauna marina. Y ahí es donde un equipo de la Universidad de Cádiz dirigido por el profesor Darío Bernal, en alianza con investigadores de la Universidad Ca´Foscari de Venecia, ha conseguido imponerse.

Ambas universidades cerraron en 2007 un acuerdo quinquenal para investigar la historia marítima del golfo napolitano y desde 2008 han contado con el apoyo económico del Ministerio de Cultura. La resolución provisional de la convocatoria de 2012 contemplaba una asignación de 20.000 euros. Con ese dinero se tenía que financiar la última campaña de excavaciones, terminar el estudio de los materiales, tomar las últimas muestras y elaborar dos monografías con las conclusiones científicas.

Darío Bernal no sabe cómo terminar el proyecto. Sin embargo, lo que más le enerva es cómo se han hecho las cosas: “Lo peor de todo es que sacan una convocatoria competitiva, preparas un proyecto, te presentas, ganas, organizas el trabajo según esas previsiones y entonces te dicen que no. Para eso, mejor que no hubieran hecho la convocatoria”. El director de la investigación resalta que ya se han tramitado todos los permisos con las autoridades italianas “y ahora si no podemos hacer la campaña tendremos que renunciar”.

Llegar a Pompeya no es fácil. Es uno de los puntos del planeta más codiciados por los arqueólogos. Conseguir un permiso de excavación “es muy difícil. No sólo hacen falta recursos, también necesitas contactos y equipos. Renunciar ahora pone en entredicho nuestra credibilidad institucional”.

Este investigador gaditano había estudiado la elaboración del garum en Baelo Claudia y las factorías de salazones de Cádiz antes de ponerse al frente de un equipo de 25 investigadores españoles integrado por arqueólogos, epigrafistas, numísmatas y expertos en arqueometría. Durante estos años han excavado la tienda del garum, una casa reconvertida en comercio donde han encontrado información sobre qué se pescaba, qué se vendía y cómo era el proceso de manufacturado.

La oportunidad adicional que ofrece Pompeya es la conservación de materia orgánica que permite analizar los restos químicos para determinar qué contuvieron las vasijas de garum, el análisis geoquímico de los sedimentos del suelo para aclarar cuál era la función de cada espacio y el análisis detallado de los huesos de la fauna marina y terrestre, así como de las conchas.

Además, se ha localizado instrumental pesquero inédito en otros yacimientos arqueológicos como restos de redes y hasta dos boyas, además de anzuelos, plomos y materiales que, en definitiva, aclaran cómo se introdujeron las artes de pesca.

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