Granada une nutrición y mente

  • La Unión Europea financia con 6,2 millones de euros una investigación coordinada por la granadina Cristina Campoy sobre el impacto de la nutrición en el embarazo y la lactancia en el desarrollo intelectual de los niños · Más de 100 científicos de 20 centros de investigación han trabajado en el proyecto en el que se ha seguido a 20.000 madres europeas

Cerca de 20.000 madreseuropeas y sus hijos son objeto de seguimiento desde hace años para comprobar cómo influye la alimentación durante el embarazo y la lactancia en el desarrollo cognitivo de los niños, así como para detectar si ese efecto es perdurable en el tiempo. Este es una de las investigaciones más vastas que se han desarrollado en Europa en este campo. Implica a más de un centenar de científicos de 20 grupos de investigación dirigidos por la granadina Cristina Campoy.

El proyecto denominado Nutrimenthe, que concluye en diciembre, comenzó en 2008 con un presupuesto de 6,2 millones de euros aportados por la Unión Europea. El equipo científico ha analizado el efecto a largo plazo de proteínas, ácidos grasos omega-3, determinadas vitaminas, micronutrientes como el hierro o el yodo y la leche materna sobre el desarrollo cognitivo y emocional y la conducta de los niños desde antes del nacimiento hasta los nueve años y medio.

La particularidad de este estudio reside en que se ha evaluado el impacto en el tiempo que tiene la alimentación durante el embarazo y la lactancia, y se ha elaborado y aplicado una única metodología en el trabajo de campo. Hasta ahora cada país tenía sus propias pruebas y los estudios apenas si alcanzaban los dos o tres años primeros años de vida del niño.

Cristina Campoy, vivamente interesada por hacer llegar resultados obtenidos al público general, subraya, por ejemplo, cómo se ha podido comprobar que la baja ingesta de ácido fólico y un estado nutricional pobre en el embarazo están relacionados con problemas de comportamiento en niños de seis años. También se ha observado cómo tomar pescado es beneficioso no solo por los ácidos grasos omega-3, que sirven de cimiento a las células cerebrales, sino también por su alto contenido en yodo, mineral relacionado con la habilidad en la lectura de los niños.

La investigación ha puesto de manifiesto que los niños nacidos de madres que presentaban deficiencias de yodo durante la gestión mostraron a los ocho años de edad un coeficiente intelectual tres puntos inferior al resto y a los nueve años tenían peores habilidades lectoras.  Sin embargo, los expertos aconseja la ingesta de yodo a través de alimentos naturales (pescado, mariscos o lácteos) y no mediante suplementos para evitar que el exceso provoque problemas de tiroides.

También se han analizado otros aspectos como la edad de los padres, su nivel educativo y socioeconómico y su efecto en el desarrollo intelectual durante la infancia.

El proyecto ha permitido publicar hasta ahora 40 artículos científicos, si bien Cristina Campoy pronostica que el número crecerá de forma exponencial a partir del año próximo, cuando se analicen toda la “explosión de datos”.

Cristina Campoy tiene una prolija experiencia en la gestión y desarrollo de proyectos europeos para financiar sus investigaciones en el campo de la nutrición temprana y el desarrollo cognitivo de los niños. A esa trayectoria acude para subrayar “la complejidad” de su elaboración simplemente para concurrir a las convocatorias. Recuerda que el último que preparó le consumió seis meses de trabajo. Además, teme que el Horizonte 2020 se vuelva aún más competitivo a medida que los investigadores opten por estos recursos para compensar los recortes que se aplican los diferentes gobiernos. 

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