INVESTIGAR EN MÁLAGA

Cachitos de España

  • El profesor de Periodismo la Universidad de Málaga Juan Francisco Gutiérrez estudia cómo la televisión ha alimentado los vínculos culturales y sentimentales de los españoles emigrados durante el franquismo y contrasta estos hábitos televisivos con los de los extranjeros afincados en la Costa del Sol · Lamenta que Televisión Española no convierta su canal internacional en una herramienta para fortalecer la imagen internacional de España.

Juan Francisco Gutiérrez Lozano, en una imagen tomada a finales de diciembre. / JAVIER ALBIÑANA

La pobreza sumada a la falta de libertades empujaron a la emigración y al exilio a más de dos millones de españoles entre las décadas de los años 50 y 70. Para aquellos jóvenes sin cualificación que pocas veces habían traspasado las froneras invisibles de su pueblo, que sin más armas que la necesidad tenían que enfrentarse a otra cultura, otro idioma y, en definitiva, al desarraigo, la televisión se convirtió en un salvavidas que les facilitaba la adaptación al país de acogida y a su idioma, y les mantenía unidos a su cultura y a sus nostalgias, en un tiempo, además, en el que las relaciones a distancia se cultivaban al penoso ritmo del correo postal.

El profesor de Periodismo de la Universidad de Málaga Juan Francisco Gutiérrez Lozano estudia los hábitos de consumo de televisión en las que denomina audiencias lejanas, o sea, todo ese público que desde el extranjero se engancha al televisor para no perder el contacto con su país y su identidad cultural. La investigación plantea analizar el comportamiento televisivo de los españoles que emigraron durante el franquismo y todavía residen en sus países de acogida, así como de los retirados europeos afincados ahora en la Costa del Sol.

Emigrantes en Hamburgo (Alemania) explican su experiencia televisiva. / NACHO SÁNCHEZ - JUAN FRANCISCO GUTIÉRREZ LOZANO

A través de entrevistas con jubilados españoles en Francia, Alemania, Bélica, Holanda, Suiza e, incluso, Australia, donde ha localizado a grupos de emigrantes españoles -muchos de ellos de Málaga- en Sidney y Brisbane, Juan Francisco Gutiérrez ha observado cómo la televisión no solo fue, sino que todavía es para aquella primera generación de migrantes un canal esencial para mantener viva la cultura de origen y saciar el interés que sienten por España, aún después de tantas décadas de distancia. Subraya que los que mejor se insertaron cultural y económicamente alternan la televisión española con la del país en el que residen. Sin embargo, muchos otros, que tuvieron empleos de baja cualificación y aprendieron de manera informal el idioma, la programación española es la principal en su día a día. “Para sus hijos no. Posiblemente la televisión que se ve en la familia sea la de ese país, pero los mayores en su habitación lo que ven es la programación española”, apunta el profesor de la Universidad de Málaga.

La tecnología ha sido un factor relevante en la configuración de los hábitos televisivos. Hasta que en 1989 se creó en canal internacional de TVE, el acceso a contenidos en español dependía en gran medida de la sensibilidad del país de llegada. Las grandes cadenas europeas dieron cobijo a algunos espacios específicos. Quedan en la memoria programas como Aquí España que durante décadas se emitió en Alemania, Mosaico, en Francia o Sol y Sombra, en Holanda. En Australia, donde se afincaron varios miles de españoles entre los 50 y 60 gracias a acuerdos bilaterales entre ambos gobiernos para llevar mano de obra a la zafra, existían programas para las diferentes comunidades que poblaban aquel territorio e, incluso, a partir de los 80 la televisión pública comenzó a emitir los telediarios españoles.

Los jubilados a los que Juan Francisco Gutiérrez y su equipo han entrevistado le han hablado incluso cómo en cuanto la tecnología lo permitió aprovechaban las vacaciones en España para grabar programas de TVE para poder verlos después. A partir de 1989, con el satélite “todo cambia”. Televisión Española pone en marcha su canal internacional y les ofrece una gama continuada de contenidos. Los encuestados subrayan su interés por los informativos y los documentales que les permiten seguir la actualidad y la política del país. “Están muy al tanto de lo que ocurre”. El consumo televisivo no es solo un ejercicio de nostalgia. Es un instrumento que alimenta la memoria, pero que también les acerca a la realidad del país y les proporciona entretenimiento, ya sea en los grandes acontecimientos “desde las uvas de Nochevieja a los partidos de la sección española”, o con series históricas de producción nacional como Cuéntame, Isabel o Amar en tiempos revueltos.

Ese interés confeso por la información, no es óbice para que, gracias a internet, también estén ahora al cabo de la calle sobre personajes tan variopintos como Belén Esteban o para que Juan Francisco Gutiérrez Lozano haya encontrado en Australia una fiel seguidora del programa de Juan y Medio, que a sus 90 años maneja con tanta eficacia los servicios de televisión a la carta que, incluso, imparte cursos a otros mayores españoles emigrados.

El impacto de internet en estos colectivos se ha visto mitigado por la edad y la brecha tecnológica que lleva implícita. Mientras las generaciones de migrantes actuales están en permanente conexión con sus amigos, su familia, su cultura y su país gracias a la red, para los mayores la televisión todavía es el canal más importante. Por eso es un público exigente y crítico con la oferta del canal internacional de Televisión Española. Lamentan, por ejemplo, que repitan una y otra vez los programas, subrayan “la pérdida de calidad”, afirman que el canal internacional “los ha olvidado” y se quejan de programas como Españoles por el mundo porque creen que proyecta una imagen de la emigración a medias entre la aventura y el turismo que nada tiene que ver con la  realidad de la emigración actual y, mucho menos, de la pasada.

Juan Francisco Gutiérrez critica, en este sentido, que Televisión Española no haya tenido la ambición de dar un paso adelante y convertir su canal internacional en una herramienta de primer orden para expandir la lengua y la cultura española, apoyar a los estudiantes de español que hay en todo el mundo y proyectar una imagen de país más interesante. Señala como ejemplo a seguir el servicio mundial de la televisión pública británica (BBC World Service) que funciona como ariete de la cultura del Reino Unido y sugiere el papel que podría ejercer en Latinoamérica donde, sorpresivamente, hay televisiones de otros países emitiendo en español.

El proyecto, que se realiza con el apoyo económico del plan estatal de I+D, aborda en su último año de recorrido la investigación de los hábitos televisivos de los extranjeros en la Costa del Sol. Este colectivo pertenece a la misma generación de los emigrantes que salieron de España entre los años 50 y 70, con los que comparte el uso de la televisión como herramienta para mantener activos los vínculos con su país, su lengua y su cultura. Una de las pruebas más evidentes de esa relevancia se pudo apreciar cuando la BBC decidió cambiar la señal de su satélite en el Sur de Europa, provocando algunas zonas de sombra que inmediatamente provocaron quejas entre los británicos afincados en España.

Sin embargo, los residentes extranjeros en la Costa, a diferencia de los españoles, pertenecen a clases sociales acomodadas que ni tienen ni han tenido la necesidad de integrarse en la cultura y el idioma de acogida. Mientras que para los emigrantes que llegaban a los países centroeuropeos la televisión era una fuente esencial para comprender las costumbres, la manera de relacionarse, ampliar el vocabulario y desentrañar una gramática inexplicable, el turista residencial solo muestra interés por los canales que recibe desde su país y en su idioma.

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