INVESTIGAR EN SEVILLA

Mateo Alemán resurge en el IV centenario de su muerte

  • La universidad publica la obra completa del autor de 'El Guzmán de Alfarache', obra emblemática de la picaresca literaria, escrita en 1599, que con su lenguaje casi cotidiano se convirtió en un gran 'best seller', con 20 ediciones en cuatro años y traducciones en varios idiomas.

José Manuel Camacho, director de la Cátedra Cernuda, Pedro Piñero, catedrático de Literatura y Manuel García, catedrático de Historia, con la obra sobre Mateo Alemán.

Un sevillano universal, creador de la novela moderna gracias a un lenguaje cotidiano con el que consiguió llegar al gran público, democratizando así la literatura y, sin embargo, muy desconocido y prácticamente olvidado. Mateo Alemán (Sevilla, 1547), falleció en México a finales de 1614 y de no ser por el empeño de un grupo de investigadores y profesores de la Universidad de Sevilla -en cuyas aulas cuando todavía era la Universidad de Maese Rodrigo, estudió el grado de bachiller en Artes y Folosofía- el IV centenario de la muerte del padre de El Guzmán de Alfarachepasaría prácticamente desapercibido. Después de cuatro años de investigación y trabajo, han presentado en el Paraninfo Mateo Alemán La obra completa, tres lujosos volúmenes editados por Iberoamericana Editorial Vervuert.

Para entender la importancia de la figura de Mateo Alemán y de sus escritos basta con buscar su influencia en la obra más universal de la literatura castellana: El Quijote. “Fue el gran iniciador de la novela realista moderna con El Guzmán de Alfarache. De ahí parte el gran género de la novela moderna y su lector más influyente fue Cervantes. El Quijote se escribe porque Alemán le abre las puertas de la novela moderna a Cervantes”, explica Pedro M. Piñero, catedrático de Literatura de la Universidad de Sevilla e investigador responsable de este gran proyecto que se ha editado con la colaboración de la Junta de Andalucía, la Universidad de Sevilla y la Cátedra Cernuda.

Mateo Alemán, según Piñero, fue un escritor singular por diversos motivos: publicar sus obras en la madurez, cultivar varios géneros, inventar la novela realista moderna con El Guzmán de Alfarache, o escribir en un lenguaje casi cotidiano que le hace llegar a un gran número de lectores. “Podemos decir que fue el primero que ve la literatura desde un punto de vista más democrático. Además, es siempre comprometido con la sociedad y sus planteamientos. Perteneció a un grupo reducido de intelectuales rompedores con el sistema. Fue un preilustrado”.

A pesar de ser un precursor, siempre ha sido mucho más estudiado fuera de España que en su país: “En cuatro años se hicieron 20 ediciones de El Guzmán con tradiciones a diversos idiomas”. Su figura siempre ha estado muy difuminada en Sevilla, como también ha sucedido con Cernuda o los Machados, y si no es por esta obra, o por la mesa redonda que le dedicaron en la Hermandad del Silencio, de la que fue hermano mayor y autor de sus reglas de 1578, el IV centenario de su muerte también habrían caído en el olvido: “Sevilla nunca fue generosa con él. Se refería a la ciudad como su madrastra. ¿Qué monumento, calle o plaza importante hay para Mateo Alemán?”.

La publicación recoge todos sus escritos para conocer su pensamiento, su visión de la vida, su comportamiento, su modo de proceder, o su angustiosa vida. En este compendio no podían faltar las reglas que escribió para la Hermandad del Silencio, editadas en 2003 por Manuel García, catedrático de Historia Medieval de la Hispalense y actual secretario de esta corporación. Él mismo se ha encargado de su revisión y corrección y de añadirle un profundo estudio: “Mateo Alemán simboliza el tránsito de una hermandad medieval, instalada extramuros en el Hospital de la Sangre, a una hermandad tridentina y moderna, que conocemos hoy, ya en el centro, primero en el Hospital de la Santa Cruz (calle Rioja) y luego en el Hospital de San Antón, donde sigue actualmente”. Las reglas son las tradicionales de una cofradía más un añadido, llamado Reglas de los Presos, en la que se obliga a la hermandad a atender las necesidades espirituales y materiales de los reclusos. El propio Mateo Alemán estuvo privado de libertad. La herencia de Mateo Alemán, de familia conversa y que llegó al Silencio para depurar esta condición, todavía es palpable en San Antonio Abad: “La hermandad actual le debe mucho”.

Mateo Alemán pasó los últimos años de su vida en México. Hasta allí se marchó en 1608 cansado de la vigilancia a la que estaba sometido en su ciudad. Cuando llegó le requisaron en la aduana la primera parte de El Quijote editada en 1605. “Se lo devolvieron porque el arzobispo fray García Guerra hizo el viaje con él y se habían hecho amigos”. Gracias a las investigaciones, han descubierto que sus sobrinos tuvieron que recoger limosna para poder enterrarlo, puesto que murió en la pobreza más absoluta.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios