INVESTIGAR EN ALMERÍA

La UAL 'cultiva' los insectos que se comerán en el futuro

  • Un equipo interdisciplinar de investigadores busca mejorar su composición nutritiva.

  • El objetivo es que, en un plazo de 20 años, la cultura europea los asuma en su hábito alimenticio.

De izquierda a derecha: María José Sánchez-Muros, Fernando García Barroso y José Luis Guil Guerrero De izquierda a derecha: María José Sánchez-Muros, Fernando García Barroso y José Luis Guil Guerrero

De izquierda a derecha: María José Sánchez-Muros, Fernando García Barroso y José Luis Guil Guerrero

Dos millones de personas se alimentan de insectos cada día. Esta es una práctica habitual que encuentra su máximo exponente en países como China, India, Tailandia y distintas regiones de México y Chile. En una sociedad que desde hace décadas maltrata a su base de alimentación, el estudio de una fuente sostenible de alimento como la de los insectos se está tornando vital.

Los insectos son fáciles de cultivar: es difícil impedir que crezcan. Y aportan al organismo una composición nutritiva básica a base, principalmente, de proteínas y grasas. En definitiva, los expertos consideran que en un par de décadas, la cultura europea deberá empezar a asumir el consumo de insectos como un hábito saludable y, en cierta medida, obligado. Los estudios relacionados con insectos y alimentación se centran en la creación de harinas procedentes de diferentes de estos, un alimento que se emplea como alternativa a las harinas de pescado que se utilizan en acuicultura.

La investigación se ha concretado en valorar el potencial de los insectos que actualmente se están criando como alimento vivo para mascotas (gusanos de la harina, grillos, moscas, etcétera) y algunas especies frecuentes en el medio natural. En este sentido, los investigadores de la UAL  han valorado su composición nutritiva: proteína, grasa, materia orgánica… así como el perfil de aminoácidos y composición de ácidos grasos. También en el acuario experimental de la Universidad se han desarrollado diversos experimentos evaluando el potencial de estas harinas de insectos como ingredientes alternativos a la harina de pescado en la dieta peces como dorada o tilapia.

Desde el Departamento de Biología y Geología se está estudiando diferentes métodos para mejorar la composición nutritiva de los insectos o su mejor asimilación por los consumidores , ya sea en humanos o en animales. El equipo implicado en estas investigaciones está conformado por José Luis Guil Guerrero y Rebeca Pilar Ramos-Bueno, del área de Tecnología de los Alimentos, que trabajan en la línea de determinación del perfil de ácidos grasos. La valoración microbiológica la realiza María José López López del área de Microbiología.

Junto a ellos se encuentran María José Sánchez-Muros Lozano y Fernando García Barroso, de las áreas de Producción Animal y Zoología, respectivamente, expertos encargados de realizar estudios sobre la valoración nutritiva de los insectos y pruebas de la alimentación en peces acuicultivados. Según inciden ambos investigadores, la producción y consumo de insectos presenta una serie de ventajas (económicas, ecológicas y nutricionales) sobre otras producciones animales, que hacen de estos animales un alimento alternativo a tener en cuenta en el futuro. Fernando García Barroso ha declarado que "en la actualidad se está mostrando un gran interés por los insectos a nivel mundial, llegando incluso la FAO a fomentarlos como un elemento fundamental en la lucha contra el hambre en el mundo". El investigador ha explicado que este interés se basa fundamentalmente en dos pilares. Por un lado, unos sistemas productivos más sostenibles que los de la ganadería convencional y por sus interesantes características nutritivas.

"Con relación a la sostenibilidad -ha añadido- podríamos decir que las microganaderías de insectos muestran una serie de ventajas como son la cantidad de alimento necesario para producir un kilo de insecto es 1,5 kilos cuando en vacuno es necesario nueve kilos y cinco en porcino". Además, "los insectos necesitan menos superficie y agua para su cría en masa, emiten unos niveles muy bajos de gases de efecto invernadero y pueden ser alimentados con subproductos y residuos de las industrias agroalimentarias, por lo que no llegan a competir en recursos con el ser humano, como sucede con la soja".

En cuanto a la composición nutritiva los insectos , según María José Sánchez-Muros y Fernando García, en general poseen una elevada proporción de proteína, un adecuado contenido en aminoácidos esenciales, y en su perfil de ácidos grasos hay una alta relación de ácidos poli insaturados. No obstante, "no se puede generalizar, tenemos que tener en cuenta que existen cientos de miles de especies distintas de insectos, adaptadas a diferentes climas y con distintos hábitos alimenticios", puntualiza Sánchez Muros, que añade: "En especies que presentan metamorfosis, la dieta de las larvas a veces es muy diferente a la de los adultos. Esto pone de manifiesto que existe una enorme variedad, no sólo entre distintos ordenes de insectos, sino entre especies, e incluso dentro de una misma especie, según su estadio de crecimiento o tipo de alimento que ingiera".

Los insectos, nutricionalmente se parecen a los crustáceos. Frente a la repugnancia que despierta el consumo de insectos en la sociedad occidental, como la europea, los investigadores de la Universidad de Almería han recordado que se da la paradoja de considerar al marisco tipo gamba o cigala como un alimento muy valorado y exquisito dándose la circunstancia que "estos crustáceos son muy cercanos, nutritivamente y filogenéticamente, a los insectos ", ha concretado Fernando García Barroso. Son muchos los insectos que pasan por las manos de estos expertos que avalan su valor nutricional. Entre ellos, los gusanos búfalo que son las larvas del alphitobius Diaperinusel; el tenebrio molitor, denominado comúnmente gusano de la harina; o Shelfordella tartara runners.

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