INVESTIGAR EN LA PABLO DE OLAVIDE

La conflictividad familiar contribuye a que los niños sean víctimas de violencia escolar

  • El estudio pilotado por la investigadora Amapola Povedano recoge que los problemas de autoestima, depresión, ansiedad y estrés convierte a los menores en "blancos fáciles"

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El ambiente que los estudiantes vivan en sus hogares es clave a la hora de evitar el acoso escolar. Un reciente estudio dirigido por la investigadora de la Universidad Pablo de Olavide Amapola Povedano concluye que el clima familiar está estrechamente vinculado con la violencia en la escuela. Cuanta más conflictividad perciba un menor en su casa, más probabilidades tendrá de ser víctima en el aula.

El estudio llevado a cabo por Povedano ha contado con la colaboración de Teresa Jiménez (de la Universidad de Zaragoza) y de los profesores de la Olavide David Moreno, Luis Vicente Amador y Gonzalo Musitu, todos miembros del grupo de investigación Lisis. Dicho informe se ha publicado en la revista Infancia y Aprendizaje y ha contado con la financiación del Ministerio de Economía y de la Consejería de Educación de la Junta. Para su elaboración se ha tomado una muestra compuesta por 1.884 adolescentes españoles con edades comprendidas entre los 11 y 17 años. Los alumnos proceden de nueve centros educativos y a raíz de sus respuestas se ha constatado que la forma más frecuente de acoso es la verbal, a través insultos o burlas, seguida de la relacional (que se traduce en la exclusión del resto de compañeros) y la física, que abarca desde palizas hasta el robo de objetos.

Las conclusiones a las que ha llegado el equipo de Povedano tras analizar las entrevistas realizadas a estos jóvenes demuestra que el alumno que es víctima de la violencia en la escuela sufre, la mayoría de las veces, problemas de autoestima, depresión, ansiedad y estrés. Una de las aportaciones del estudio radica en el hecho de confirmar que estos síntomas no son sólo consecuencia del acoso en los colegios e institutos, sino también su causa, ya que los que lo ejercen perciben que dichos estudiantes -en palabras de la investigadora de la UPO- son “blancos fáciles, con dificultades para defenderse por sí mismos, ya sean hombres o mujeres”.

El estado depresivo y de baja autoestima está provocado en muchos casos por el clima familiar negativo percibido por el alumno. “Es probable que un hogar con conflictos frecuentes lleve a los adolescentes a mostrar conductas sumisas y a ser, por tanto, objetivos vulnerables, ya que los agresores esperan signos de sufrimiento y de sumisión en sus víctimas”, subraya Povedano.

Para evitar esta situación, el grupo de investigadores aconseja optar por la “expresividad familiar”, mediante la cual el menor puede comunicar libremente sus sentimientos en el ámbito familiar sin temor a recibir represalias. “Cuando un hijo es escuchado, aumenta su autoestima al sentirse más seguro y valioso, por lo que ya no se vuelve tan vulnerable al acoso escolar”, expresa Povedano, quien recomienda a los padres “resolver los conflictos en el hogar a través del diálogo, respetando la opinión de los hijos”.

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