INVESTIGAR EN MÁLAGA

La dieta mediterránea reduce un 30% la muerte por fallo cardiovascular

  • El proyecto Predimed realizado durante 10 años con 7.447 pacientes de alto riesgo constata el efecto de esta alimentación enriquecida con aceite de oliva virgen extra o 30 gramos de frutos secos · El estudio aborda una segunda fase para comprobar si la combinación de dieta mediterránea hipocalórica y ejercicio físico previene los accidentes cardiovasculares en adultos obesos.

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Las enfermedades cardiovasculares se cobran cada día durante 2014 la vida de 22.200 personas de menos de 60 años solo en los países ricos. Son la tercera causa de mortalidad en el mundo y las proyecciones estadísticas apuntan que de los 56 millones de muertes anuales que se producen, 17 millones son consecuencia de estos problemas.

Sin embargo, el 30% de la mortalidad de origen cardiovascular podría evitarse sencillamente siguiendo la dieta mediterránea enriquecida con frutos secos o aceite de oliva virgen extra. “Ningún medicamento es tan eficaz”, advierte Enrique Gómez Gracia, profesor de la Facultad de Medicina que forma parte del consorcio que durante 10 años ha constatado en 7.447 pacientes con riesgo cardiovascular cómo la dieta mediterránea reduce el riesgo de mortalidad por cardiopatía isquémica y accidentes cardiovasculares.

Desde que en los años 50 el estadounidense Ancel Keys relacionara por primera vez la dieta con el menor riesgo cardiovascular de los países del sur europeo, se han sucedido numerosos estudios que corroboran este efecto, pero nunca se había demostrado científicamente en un trabajo de campo aleatorio y multicéntrico. Enrique Gómez (en la fotografía junto a la enfermera María Alva Bianchi) afirma que “una cosa es lo que se observa y otra lo que se demuestra” para subrayar la trascedencia del denominado proyecto Predimed.

Doce grupos científicos de toda España se han involucrado en este trabajo en el que ha participado el Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Málaga que dirige el catedrático Joaquín Fernández Crehuet y donde los investigadores principales han sido Enrique Gómez Gracia y Julia Wemberg que han trabajado en este proyecto con la enfermera María Alva Bianchi. Además, se han involucrado más de 200 centros de salud de ocho comunidades autónomas.

El equipo ha controlado durante 4,8 años a los 7.447 pacientes que fueron organizados al azar en tres grupos: uno ha seguido una dieta mediterránea sin restricción calórica suplementada con aceite de oliva virgen extra, un segundo grupo ha incorporado a su alimentación 30 gramos diarios de frutos secos (nueces, avellanas y almendras) y un tercer grupo ha seguido las recomendaciones de la American Health Association (dieta baja en grasa pero sin restricción calórica).

Los pacientes que han participado en la investigación han sido hombres de entre 55 y 80 años y mujeres de entre 60 y 80, todos con alto riesgo cardiovascular porque tenían diabetes de tipo 2 o al menos tres de los siguientes factores de riesgo: tabaquismo, hipertensión, colesterol LDL elevado, colesterol HDL bajo, sobrepeso o historia familiar de enfermedad coronaria precoz.

Todos los particulares cumplimentaron de entrada un cuestionario para determinar su grado de adhesión a la dieta mediterránea y se constató en el laboratorio si efectivamente su alimentación respondía a unos cánones que se localizan en una franja costera de 3.800 kilómetros de longitud y 2,2 millones de kilómetros cuadrados, dividida en 22 países en cuya alimentación predominan el trigo, el olivo y la vid, pero no solo. Gómez Gracia recuerda el origen etimológico de la palabra dieta para indicar que también significa un estilo de vida porque también comprende la forma de cocinar, comer en familia y hasta la siesta.

La pirámide de la alimentación mediterránea incluye alimentos que se deben tomar en cada comida (verduras, cereales preferiblemente integrales, aceite virgen extra y fruta), otros que se deben ingerir diariamente ( frutos secos, derivados lácteos preferiblemente bajos en grasa e hierbas aromáticas que permitan bajar la ingesta de sal) y otro grupo que se debe tomar a la semana (al menos dos raciones de pescado y legumbres, dos raciones a lo sumo de carne roja aunque es preferible la blanca y de dos a tres huevos). Estas recomendaciones deben completarse con agua abundante, infusiones, el consumo moderado de vino, la actividad física y el descanso.

Todos los pacientes sometidos a control realizaron sesiones individuales y de grupo con los dietistas para evaluar el seguimiento que hacían de la dieta mediterránea y a la del grupo al que pertenecían. En ningún momento se limitó el consumo de energía ni se intervino de ninguna manera en la actividad física que realizaban. Pese a todo, “ninguno de los pacientes ha engordado. Es más, alguno ha adelgazado”.

El estudio comenzó en 2003 y concluyó en 2013 después de que el comité externo considerara que los datos recogidos durante esta década eran suficientes para constatar científicamente que la dieta mediterránea tradicional suplementada con aceite de oliva virgen extra y frutos secos reduce en un 30% la incidencia de muerte cardiovascular, el infarto de miocardio y el accidente vascular cerebral. Además, se ha puesto de manifiesto que las nueces reducen en un 49% el riesgo de padecer ictus, frente a una alimentación baja en grasa.

El proyecto ha sido financiado con 6,8 millones de euros por el Instituto de Salud Carlos III (el brazo de la investigación médica de España) y el Ciber de Fisiopatología de la de la Obesidad y Nutrición, al tiempo que ha contado con la colaboración de Hojiblanca, el Patronato Comunal Olivarero, Borges y Morella Nut que han aportado el aceite y los frutos secos que han consumido los pacientes.

Las principales conclusiones del proyecto Predimed se publicaron en 2013 en la revista científica The New England Journal of Medicine.

El proyecto empieza ahora una segunda fase (Predimed Plus) en la que se tratará de efectuar también un trabajo de campo de las mismas características con 6.000 pacientes que serán sometidos a control durante al menos seis años. La principal diferencia respecto a la primera etapa reside en que se tratará de constatar si una intervención intensiva que combine dieta mediterránea baja en calorías, actividad física y terapia conductual permite prevenir las enfermedades cardiovasculares en adultos con sobrepeso y obesidad.

En este caso se harán dos grupos de 3.000 personas. Uno seguirá una dieta mediterránea hipocalórica, realizará actividad física y recibirá información sobre la relación entre el estilo de vida y el síndrome metabólico (estado previo a la diabetes), al tiempo que se le hará ver la importancia de asistir a las visitas médicas, todo con el propósito de que asimile y ejecute cambios de conductas orientados a una vida más saludable. El segundo grupo también será sometido a una intervención de baja intensidad sobre dieta mediterránea para prevenir los riesgos de las enfermedades cardiovasculares.

El reclutamiento de los pacientes dispuestos a participar en la investigación ha comenzado ya y se cerrará a finales de 2015. En este caso se buscan a hombres de entre 55 y 75 años y a mujeres de entre 60 y 75 años con un índice de masa corporal 27 (proporción entre peso y altura), que no hayan sufrido un infarto o ictus cerebral, aunque tengan factores de riesgo.

Los interesados deben llamar al teléfono 952 13 16 08 o 952 13 15 15 de la Facultad de Medicina de Málaga y ponerse en contacto con la enfermera María Alva Bianchi que les indicará si pueden participar o no. 

Los investigadores confían en que los resultados del estudio permitan mejorar el pronóstico de los adultos obesos o con sobrepeso y que permitan avanzar en la prevención de las enfermedades cardiovasculares sin necesidad de acudir a los fármacos.

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