INVESTIGAR EN HUELVA

El drama de la recaída

  • Docentes de Psicología Clínica y Experimental de la Universidad de Huelva, dirigidos por Óscar M. Lozano, estudian los factores y las alternativas a la persistencia en el consumo de estupefacientes

La drogodependencia es el objeto de investigación de este proyecto de la UHU La drogodependencia es el objeto de investigación de este proyecto de la UHU

La drogodependencia es el objeto de investigación de este proyecto de la UHU / ARCHIVO

Las drogodependencias son un fenómeno que ha acompañado a la sociedad prácticamente durante toda su historia y todo parece indicar que eso seguirá así. Otra cosa son los efectos negativos que acarrean tanto para los individuos como para la sociedad.

El profesor del Departamento de Psicología Clínica y Experimental de la Universidad de Huelva (UHU), Óscar M. Lozano, está actualmente involucrado en tres proyectos de investigación que especialmente, están dirigido hacia un tema al que dirige Lozano su atención de manera especial: la recaída.

Los proyectos de investigación se dirigen al diseño de pruebas neuropsicológicas específicas para prevenir o vaticinar las posibilidades de recaída; al análisis del impacto que la abstinencia tiene sobre la recuperación de funciones neuropsicológicas en términos clínicos; y a la evolución terapéutica en los pacientes que presentan patología dual bajo diferentes modalidades de intervención. Para toda esta actividad cuenta con la colaboración de compañeros del departamento, así como del Servicio Provincial de Drogodependencias de Huelva con quien mantiene una colaboración desde hace años y que además, es una enorme fuente de información y conocimientos.

Las opciones

El gran reto que supone la recaída puede ser abordada de dos maneras ya que “el objetivo no tiene por qué ser la abstinencia”. Junto a esta última, existe la opción de la adherencia terapéutica, como por ejemplo a tratamientos con agonistas (como la metadona o la buprenorfina para pacientes con dependencia a opiáceos) que ofrece la posibilidad de que el paciente esté sometido a un seguimiento clínico. Para Lozano, que también colabora con las comunidades terapéuticas gestionadas por la Agencia Andaluza de Servicios Sociales, “

"Mi estudio se centra en las causas que llevan a la persona a a la falta de adherencia terapéutica, lo cual puede deberse a muchos factores"

.

Uno de los proyectos, como ya se ha comentado, hace especial incidencia en conocer el impacto clínico que puede tener la abstinencia sobre la recuperación de las funciones ejecutivas. Para ello utiliza dos recursos asistenciales: los centros de tratamiento ambulatorio y las comunidades terapéuticas. “Nuestra hipótesis es que, debido a las características de cada uno de estos dos recursos terapéuticos, es probable que en las comunidades terapéuticas haya una menor proporción de pacientes que consuman drogas durante el periodo del estudio en comparación con los pacientes que inician tratamiento en los centros de tratamiento ambulatorio, y por lo tanto, estos dos ámbitos ofrecen un marco para comparar la ejecución de las tareas y tratar de discernir el impacto que tiene el consumo sobre la recuperación de las funciones ejecutivas”. Para el desarrollo de este proyecto cuenta con financiación del Plan Nacional sobre Drogas, obtenida en su convocatoria del año 2016.

Relacionado con este campo de estudio surge el segundo proyecto: Estudio longitudinal de una nueva batería neuropsicológica para la prevención de recaídas de pacientes con trastorno por consumo de alcohol y cocaína: estudio de precisión y evidencias de validez, que está siendo financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad a través de su convocatoria Retos para la sociedad del año 2016. Para llevar a cabo este estudio, Lozano apunta a la eficacia de las pruebas realizadas con resonancia magnética funcional que supone una infraestructura costosa. Sin embargo, la prueba en el cerebro que pueda realizar este tipo de resonancia, puede vaticinar en un 70% de casos, las probabilidades de que un paciente recaiga en el consumo, según algunos estudios empíricos. Las herramientas usadas a nivel clásico bajan ese porcentaje hasta un 30%: “Nuestro objetivo es que en el futuro podamos ofrecer a los clínicos una herramienta para todos aquellos que lo quieran utilizar”.

Óscar Lozano, profesor responsable del proyecto. Óscar Lozano, profesor responsable del proyecto.

Óscar Lozano, profesor responsable del proyecto. / ALBERTO DOMÍNGUEZ

Este último proyecto se hace eco de una corriente que se viene gestando en los últimos años: el estudio de los efectos de la sustancias en las funciones neuropsicológicas. Lozano indica que el objetivo del proyecto es “estudiar la precisión y aportar evidencias de validez, de la capacidad predictiva de una nueva batería cognitiva neuropsicológica para predecir la recaída de pacientes con trastorno por consumo de sustancias”. Se entiende que los pacientes ven afectadas por el consumo algunas funciones ejecutivas, lo que queda demostrado a través de las técnicas de resonancia magnética funcional, que marca lo que llega a ser una cierta ‘lesión cerebral’. De este modo, los consumidores tienen más problemas a la hora de tomar decisiones y suelen errar más en este campo aunque “ese daño es afortunadamente reversible ya que cuando se abandona el consumo, ese tipo de funciones puede regenerarse”, según han mostrado los estudios de resonancia. El proyecto financiado por el Ministerio, por lo tanto, busca el desarrollo de una bateria neuropsicológica que explique el por qué de buena parte de esas recaídas.

El tercer ámbito de trabajo hace referencia a las personas con patología dual –trastorno por consumo de sustancias y otros trastornos o enfermedades mentales-, en concreto, a la búsqueda de un tratamiento más eficaz. Lo habitual, explica Lozano, era que se entendiera que se trataba principalmente, de un problema de consumo. De ahí que la primera atención se recibiera en el ámbito de drogodependencias y de ahí se le enviaba a Salud Mental aunque en ese intervalo muchos se perdían”. Las tendencias más actuales hablan de que estos pacientes deben ser atendidos de manera integral; esto es, en una unidad especializada integrada por especialistas en adicciones y especialistas en otros trastornos mentales, tal y como se realiza en los lugares más avanzados. No obstante, una opción menos ambiciosa y que puede resultar plausible es buscar la coordinación entre los centros de adicciones y las unidades de Salud Mental. De hecho, en Andalucía existe un protocolo que así lo indica aunque el paciente es libre de elegir lo que quiera.

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