INVESTIGAR EN CÓRDOBA

El nido como selección natural

  • La Universidad de Córdoba, junto a un equipo del Museo Nacional de Ciencias Naturales, analiza el tamaño de estos refugios de las aves como señal de selección sexual.

El nido como selección natural El nido como selección natural

El nido como selección natural

Los nidos de muchas especies de aves muestran un tamaño muy variable. En ciertas ocasiones, su tamaño puede exceder sus requisitos estrictamente reproductivos, lo que supone una inversión extra de recursos para el individuo que lo construye. ¿Para qué? Esta cuestión fue el punto de partida de la investigación llevada a cabo entre el Departamento de Zoología de la Universidad de Córdoba (UCO) y el Departamento de Ecología Evolutiva del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC-Madrid). El investigador de la UCO Alejandro Cantarero es uno de los responsables de este trabajo.

El estudio se realizó durante las primaveras de los años 2014 y 2015 en una población de aves paseriformes que crían en cajas de nido en la localidad de Valsaín (Segovia). Según lo observado, el tamaño del nido sirve como indicativo de la calidad del individuo constructor, lo que permite al otro miembro de la pareja obtener información fiable para así optimizar su inversión paterna en la reproducción. Cantarero reconoce que, en general, “existen pocos estudios que aborden el papel de los nidos como señal de selección sexual en especies donde la hembra es el único sexo constructor”. Por ello, continúa, “en este estudio queremos comprobar si la inversión reproductiva del macho de trepador azul (Sitta europaea) se modifica en relación a la manipulación experimental del tamaño del nido, como sucedería si el tamaño del nido fuese una señal de selección sexual que reflejase la calidad de la hembra”.

Alejandro Cantarero, durante su trabajo de campo. Alejandro Cantarero, durante su trabajo de campo.

Alejandro Cantarero, durante su trabajo de campo.

El grupo de investigación se decantó por el trepador azul Sitta europea como modelo de estudio “debido a que construyen un nido muy peculiar”, especifica. Al detalle, el nido está formado por hasta 12.000 cortezas de pino que son colocadas de forma desordenada y que la hembra transporta de una en una. La construcción del nido se desarrolla durante varias semanas y, a veces, la hembra recorre grandes distancias para encontrar este material de nidificación.

Para realizar el experimento, el grupo estableció dos grupos de aves: uno de control y otro experimental. En el grupo control los nidos no fueron manipulados, mientras que en el grupo experimental el tamaño de los nidos fue manipulado dentro de su gama de variación natural, duplicando aproximadamente su tamaño mediante la inserción de material en la parte inferior del nido. Cantarero destaca que estos materiales habían sido recogidos previamente en temporadas anteriores y se habían mantenido congelados hasta su uso. “Nuestra manipulación creó diferencias perceptibles en el tamaño del nido entre tratamientos, proporcionando así a los machos información útil sobre el esfuerzo dedicado por su compañera en la construcción del nido”, subraya el investigador.

Las conclusiones no se hicieron esperar y puso de manifiesto que los machos de nidos cuyo tamaño fue manipulado aumentaron la tasa de cebas a su pareja durante la incubación, mientras que las hembras mostraron niveles mayores de glutation, “un importante antioxidante endógeno cuya síntesis puede estimularse indirectamente a través de la alimentación”, anota. Cantarero indica también que, aunque la tasa de aprovisionamiento del macho a las crías fue similar entre grupos, los machos respondieron a la manipulación del tamaño del nido mediante una mayor toma de riesgos que los machos de nidos control, ya que regresaron antes al nido después de producirse una perturbación humana.

Al parecer, los machos fueron capaces de calibrar el riesgo de acuerdo con el valor potencial de la crías (como se indica por la calidad de la hembra). Según el investigador, “una mayor toma de riesgos puede significar una mejora en las posibilidades de supervivencia de las crías en la naturaleza”. En este punto recuerda que diversos estudios ya han demostrado previamente que el tamaño del nido se utiliza en un contexto de señalización en especies tales como la urraca, un córvido donde el nido es construido por ambos miembros de la pareja. Sin embargo, insiste, existen pocos estudios sobre el papel potencial de los nidos como las señales en especies donde la hembra es el único constructor.

Con todo ello, concluye, “este hallazgo complementa trabajos anteriores en este sistema de comunicación, que demostraron que muchas aves son capaces de traer objetos decorativos al nido, informando así sobre la jerarquía social, la calidad del territorio y la capacidad de lucha del individuo constructor”.

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