Entre el vacío y la puerta de embarque

  • María José Tirado, dos veces premio fin de carrera y premio también de investigación en autismo, concluye su trabajo científico sin remuneración con una única oferta de trabajo sobre la mesa procedente de Chile.

La trayectoria universitaria de María José Tirado ha sido de altos vuelos. El rey Juan Carlos le entregó el premio extraordinario de Magisterio, el ministro Ángel Gabilondo el premio extraordinario de Psicopedagogía y los profesionales del ámbito de autismo han colocado a su tesis doctoral el premio a la mejor investigación. El medallero lo completa con reconocimientos a la mejor nota de la Facultad de Ciencias de la Educación y dos becas que le han permitido sacar adelante la tesis doctoral. Este recorrido se cierra en una bifurcación: a un lado el vacío, al otro la puerta de embarque.

No oculta su perplejidad por que un país que invierte dinero en formarla como investigadora ahora no le ofrezca ninguna alternativa. Una vez concluida la tesis doctoral, durante la que desarrolló estancias científicas en Noruega y el Reino Unido, logró contratos con cargo a proyectos de investigación que se desarrollan en el Laboratorio de Diversidad, Cognición y Lenguaje de la Universidad de Sevilla. Pero los proyectos concluyeron y con ellos los contratos. Por el momento sigue trabajando, pero gratis, animada por la necesidad de extraer resultados y publicaciones de los últimos proyectos.

A medio plazo, sin embargo, el horizonte se cierra. Sopesa prepararse oposiciones. De hecho, cuando terminó en 2005 Educación Infantil opositó y aprobó, pero no logró plaza porque carecía de experiencia docente que hacer valer. La única alternativa profesional a la altura de su currículum que ha podido manejar le ha surgido en Chile. Hace tiempo optó a un contrato posdoctoral en el país andino para el que no fue elegido porque el perfil demandado no se ajustaba al suyo. Sin embargo, su historial científico y académico llamó la atención del tribunal y ahora ha sido uno de aquellos seleccionadores el que ha acudido a ella para ofrecerle un puesto de trabajo, “con un sueldazo” como formadora de profesores.

De haber aceptado se incorporaría a su puesto en marzo. Pero esta es una decisión en la que no solo pesan las cuestiones profesionales, “también están los motivos personales”, explica por teléfono desde Chucena (Huelva), el pueblo de Huelva donde reside y desde el que se desplaza un día a la semana a la Universidad de Sevilla para reunirse con los investigadores del Laboratorio de Diversidad, Cognición y Lenguaje, cerrar datos y afinar las publicaciones derivadas de los últimos proyectos. Después, la incertidumbre, el vacío o la puerta de embarque. 

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