INVESTIGAR EN MÁLAGA

"Hemos olvidado la inserción social y laboral de los adultos con trastornos del espectro autista"

  • Francisco Carrero, profesor experto en trastornos del lenguaje en la Universidad de Málaga, pone el acento en la necesidad de articular un sistema público que apoye a las personas que sufren estos problemas una vez que concluyen la etapa educativa.

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Cartel del ilustrador Miguel Gallardo, con el que anunció su conferencia "De derrota en derrota hasta la victoria final", sobre el autismo, que dictó ayer en Málaga. Cartel del ilustrador Miguel Gallardo, con el que anunció su conferencia "De derrota en derrota hasta la victoria final", sobre el autismo, que dictó ayer en Málaga.

Cartel del ilustrador Miguel Gallardo, con el que anunció su conferencia "De derrota en derrota hasta la victoria final", sobre el autismo, que dictó ayer en Málaga. / Miguel Gallardo

Los trastornos del espectro autista alcanzan el 1% de la población. Aunque todavía no se conoce con claridad el origen de la gama de problemas que se agrupan bajo este epígrafe el considerable avance que se ha producido en su diagnóstico ha doblado la cifra de casos en los últimos cinco años.

Las primeras pistas sobre el autismo las detectan los profesionales de los servicios sanitarios de atención primaria, que disponen de herramientas para identificar estos trastornos hacia los dos años de edad. Además, los maestros también están ya preparados para atribuir al autismo determinados déficit o comportamientos que observan en los escolares a partir de los tres años, a lo que se suma la mayor información ahora al alcance de las familias.

“Hay más casos porque se avanza en su detección. Hay más herramientas, más conocimiento, más información y los profesionales sanitarios y educativos están mejor preparados”, concluye Francisco Carrero, profesor de las asignaturas vinculadas con los trastornos del lenguaje en la titulación de Logopedia de la Universidad de Málaga.

La denominación actual de los trastornos del espectro autista derivan del conocimiento acumulado durante los últimos años en los que se han puesto de manifiesto que ni se trata de un trastorno único ni tiene una intensidad idéntica, sino que se trata de diferentes tipologías y cada una de ellas comprende desde manifestaciones leves hasta severas. La base común en todos los casos es que contiene problemas para la comunicación oral, trastornos relacionados con el lenguaje y el comportamiento que se manifiestan, por ejemplo en los casos leves, en intereses repetitivos en un ámbito restringido.

“Es un problema que ya no se esconde, sino que se aborda con naturalidad, por eso también es más visible”, sobre todo en los casos en los que el trastorno es más severo. El más leve, como por ejemplo el síndrome de Asperger que no concurre con déficit intelectual, sí se diagnostica algo más tarde, fundamentalmente porque pasa desapercibido en los primeros años de los niños, hasta que en el colegio “las relaciones sociales y el uso particular del lenguaje que hacen estos niños empiezan a dar algunas pistas”. Francisco Carrero explica que, por ejemplo, son menores que tienden a hablar de forma excesiva de un único tema, no se adaptan bien a las conversaciones o tienen dificultades para iniciar una charla con otro. Las dificultades relacionadas con la habilidad social, para empatizar y relacionarse con otros se convierte, en ocasiones, es un factor de riesgo para el bullying escolar desde el momento en que es un colectivo con dificultades para defenderse y expresar emociones.

Francisco Carrero, que trabajó durante 15 años en la práctica clínica de la psicología y la logopedia antes de dedicarse en exclusiva a la docencia universitaria hace ocho años, subraya que en todos los casos, desde el más leve al más severo, un tratamiento adecuado siempre permite avanzar. “Cualquier pequeño logro es un salto muy importante en su calidad de vida y la de sus familias”. Dependiendo de la gravedad del trastorno se puede trabajar con signos, pictogramas, imágenes, gestos o con el lenguaje oral y escrito con el objetivo final de reforzar las habilidades comunicativas. El problema es que mientras las herramientas y recursos para trabajar con los niños y jóvenes están definidos en el ámbito escolar, una vez que concluye la etapa educativa estas personas quedan sin apoyo público, sin más red que la familia y las asociaciones.

El profesor subraya el vacío institucional. La falta de recursos para un colectivo que con un apoyo adecuado podría seguir avanzando en su autonomía una vez que concluye la etapa educativa. “Incluso en la universidad hay recursos para ayudar a aquellas personas por ejemplo con Asperger que estudian una carrera, pero no existe respaldo público que les facilite incorporarse al mercado profesional o mejorar su autonomía una vez que son adultos”. “Se ha avanzado muchísimo en la intervención, pero todavía queda mucho por hacer”, concluye.

Este problema, además, irá a más desde el momento en que es en los últimos años cuando ha crecido de forma exponencial el diagnóstico de casos de trastornos del espectro autista. “Hay habilidades sociales y comunicativas en las que seguir trabajando que, además, harían más fácil la inserción laboral y social de estas personas”.

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