LA TRIBUNA DE NOVIEMBRE DE 2015

Grandeza y apasionamiento

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El curso empezó hace apenas unas semanas y ha alcanzado ya su habitual velocidad de crucero. Sin embargo, para el equipo de gobierno que dirijo éste no es un curso más. Es el primero que afrontamos después de que la comunidad universitaria nos otorgara su confianza para desarrollar un nuevo proyecto de universidad creado gracias a la contribución de cientos de personas. Ahora es el momento de desarrollar las líneas estratégicas que diseñamos durante los meses de preparación de la candidatura. Es el momento de hacer política universitaria y de demostrar que nuestros objetivos van dirigidos a todos los colectivos. Es el momento de convencer a la comunidad universitaria de la necesidad de seguir sumando esfuerzos y de lograr que todos ellos, coordinados, se encaminen en una misma dirección: consolidar a la Universidad de Granada en el lugar destacado que hoy ocupa en el sistema universitario andaluz y español.

Necesitamos para ello de unos estudiantes activos y críticos. Ellas y ellos son nuestra razón de ser y nuestra principal misión no es otra que formarlos como profesionales. Sin embargo, somos conscientes de que el actual contexto económico les está afectando de manera muy directa. Precisamente, una de nuestras preocupaciones fundamentales es que esta coyuntura no conlleve situaciones de exclusión y abandono, por lo que ya hemos establecido como prioridad la adopción de medidas que garanticen el principio de igualdad de oportunidades en el acceso a la enseñanza superior. Además, en este curso abordaremos con premura, entre otras acciones, la reforma de las normas de permanencia, la capacitación lingüística y la formación y orientación para el empleo.

Otra de las piezas fundamentales que componen la comunidad universitaria es nuestro personal de administración y servicios. Afrontamos el reto de dotarnos de una nueva Relación de Puestos de Trabajo que sirva como mecanismo legítimo de estabilización y promoción del PAS, y también como instrumento que permita la configuración de una estructura mucho más flexible y adaptada a las necesidades reales y a los retos que hoy debe afrontar la Universidad. Una estructura en la que se profesionalice y se premie la gestión, algo en lo que ya hemos dado un paso importante con la incorporación de un número muy significativo de miembros del PAS en puestos y cargos de responsabilidad en el equipo amplio de gobierno.

Nuestro profesorado es la tercera de las piezas esenciales del nuevo proyecto de universidad que proponemos. Se trata también de un colectivo fuertemente castigado por la situación económica a la que nos enfrentamos. No obstante, las recientes decisiones de los gobiernos central y autonómico (i. e., el reciente Real Decreto del Gobierno que permite que la promoción interna de profesores titulares a catedráticos no contabilice en la tasa de reposición, y la decisión de la Junta de Andalucía de autorizar la convocatoria de nuevas plazas de ayudantes doctores por necesidades de investigación) son, a pesar de todas las limitaciones y restricciones que aún persisten, signos inequívocos de un nuevo impulso que permitirá diseñar una política de estabilización y promoción del profesorado que, sobre la base de una rigurosa y objetiva planificación de necesidades, posibilite el necesario relevo generacional y garantice altos niveles de calidad en nuestra enseñanza e investigación.

En definitiva, agradezco sinceramente esta oportunidad para reiterar ante la sociedad que cada uno de los colectivos que constituimos la comunidad universitaria hemos de contribuir de una manera eficaz y generosa a las misiones propias de la Universidad desde nuestros ámbitos de actividad y desarrollando cada uno las funciones que nos son propias. No obstante, somos conscientes de que todas las actuaciones que necesitamos emprender requieren de suficiencia presupuestaria para hacerse realidad, algo difícilmente compatible con la situación de asfixia económica en la que viven las universidades andaluzas, y concretamente la Universidad de Granada (UGR). Es por esta razón por la que desde la Universidad vamos a seguir demandando más inversión en educación y en investigación. Exigiremos que se cumplan los compromisos y las obligaciones financieras, no por un afán meramente pedigüeño o reivindicativo, sino porque creemos firmemente que sin generación y transmisión de conocimiento no hay futuro.

Es tiempo de planificar y desarrollar la gestión, y creo que la política universitaria requiere grandeza y apasionamiento. Grandeza por el significado de lo que nos jugamos en el envite: quienes creemos que la educación es el más poderoso instrumento de transformación social, de igualdad de oportunidades, de lucha contra la marginación, de solidaridad y de tolerancia, soportamos mal los periodos de crisis y estancamiento, sobre todo porque en el terreno de la educación, de la investigación y de la innovación social no avanzar es retroceder. Apasionamiento, porque esa convicción racional de que en el conocimiento está el progreso social debe mover todas las energías de quienes estamos al frente de una institución pública como la Universidad de Granada para que cumpla lo más fielmente posible las funciones que hoy le encomienda la sociedad. 

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