TRIBUNA DE NOVIEMBRE

¿Más universidades de las necesarias?

Pedro Roque Molina García
Rector Universidad de Almería

Insisten algunas voces actualmente, (al hilo de la propuesta de reforma de las universidades por parte del Gobierno), en decir que en España hay muchas universidades y muchos titulados universitarios. Superar este pretendido desfase se presenta ante la opinión pública como condición necesaria para, por ejemplo, aparecer en los ranking mundiales o mejorar la inserción laboral. Me temo que el sueño de la razón produce monstruos y me preocupa que a base de repetir la ficción oculte la realidad de las cifras y los hechos.

Así, en el artículo La universidad pública de hoy: dimensión, eficacia y eficiencia, publicado en 2011 en la revista electrónica La Cuestión Universitaria, sus autores Francesc Xavier Grau y David Basora Bosch muestran que el número de universidades públicas de España es, por habitante, con Italia, el más bajo de Europa occidental. En cuanto a su necesidad, si las universidades son precisas o no, el estudio ofrece dos resultados elocuentes: "La economía del sistema universitario español se halla a la cola de los países de la UE-15, mientras que, en términos de riqueza producida (PIB per cápita), se sitúa prácticamente en la media".

Por otra parte, el documento Europa 2020, que marca los pasos de la UE para la próxima década y cuya estrategia es el “crecimiento inteligente, sostenible e integrador", nos propone identificar las características y activos exclusivos de cada país o región. Contar con universidades, (donde el valor de la diferenciación sea clave), a lo largo del territorio asegura la diversidad, importante para que el diálogo científico, artístico y cultural sea plural y, al mismo tiempo, contribuye a acortar las distancias entre centro (s) y periferias .

Junto al soniquete del “sobran universidades” aparece una gran realidad: la sobre cualificación de los jóvenes españoles. Y, con este argumento, se habla del exceso de titulados. Siento un gran afecto y respecto por nuestros estudiantes y considero que restar valor a los estudios universitarios es una cortina de humo de quienes preferirían una universidad elitista y reservada a unos pocos porque, tanto a nivel personal como profesional, la educación es un factor determinante en la vida de las personas.

Diversos estudios que analizan este fenómeno revelan que no son sólo los jóvenes universitarios los que tienen la percepción de realizar un trabajo por debajo de su preparación; entre los que cuentan con estudios secundarios esta percepción es aún mayor. En cuanto a la “sobre cualificación” hay que situarla dentro del contexto actual. “Hablar de sobre cualificación es muy discutible”, advierte la socióloga Marina Subirats, “porque se suele tomar como referencia las variables del mercado: cuando necesita a gente, es fácil que la tome infra cualificada, para que aprenda. Y cuando la demanda baja, como ahora, resulta que en realidad sobra gente preparada”. Nuestros jóvenes, las generaciones mejor formadas (en nuestras universidades, con mayor exigencia que nunca), tienen ahora que emigrar en demasiados casos. También aquellos que no tienen estudios superiores. El paro juvenil, por desgracia, afecta más a estos últimos.

Es necesario ver el conjunto de la carrera y no sólo una foto fija. Por ello, el recién creado Observatorio de Empleabilidad y Empleo Universitarios, una iniciativa impulsada por la Conferencia de Rectores, que aportará datos para una mejor toma de decisiones en el seno del gobierno universitario, es una buena noticia.

Que tengamos universidades y que nuestros jóvenes estén bien formados no es una equivocación. Debemos sentirnos orgullosos del camino recorrido. Así nos sentimos nosotros, yo como rector, cuando acabamos de celebrar el 20 aniversario de la Universidad de Almería, siendo muy consciente de lo que ha supuesto para el desarrollo humano la implantación de la Universidad en nuestra provincia. Hacer universidad, por su carácter universal, es hacer nación, estado, vida colectiva, acervo común, propiedad y patrimonio de todos. Y esto nunca puede ser mucho.

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