La reina de la canción 'kitsch'

  • Isabel Pantoja reaparece exultante ante el público sevillano con un concierto catártico de más de tres horas donde hubo copla, flamenco, homenaje a Juan Gabriel y mucha emoción

Isabel Pantoja saluda al público. Isabel Pantoja saluda al público.

Isabel Pantoja saluda al público. / Antonio Pizarro

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Ni en sus peores momentos ha querido Isabel Pantoja mostrar la más mínima imagen de debilidad. No lo hizo en el último concierto que ofreció en el Auditorio Fibes hace justo cuatro años, cuando ya pesaba sobre ella la condena, y evidentemente no lo iba a hacer anoche en la que fue su reaparición ante el público sevillano tras su salida de prisión en febrero de 2016. Al contrario, la tonadillera se mostró exultante en un concierto en el Estadio de la Cartuja donde quiso refrendar su condición de diva y defender su papel de artista de lo superlativo.

Así, con una pomposa puesta en escena, y arropada por los continuos vítores de "guapa", "viva la madre que te parió" y "qué arte tienes" que le gritaban sus fans, Isabel alzó el telón junto a una orquesta sinfónica de más de 80 músicos -dirigida por Carlos Checa- y el impresionante coro de la Orquesta hispalense, dando inicio a un espectáculo catártico de más de tres horas en el que hubo tiempo para repasar los grandes éxitos de su trayectoria como coplera, recordar sus raíces más flamencas y homenajear a Juan Gabriel en el disco Hasta que se apague el sol, escrito y producido por el mexicano y que ha dado lugar a esta gira. "He querido que hoy fuera el día para dedicárselo a todos los Juanes, mi padre, mi hermano y él, mi compadre", explicó a los espectadores, que encendieron los móviles para que la luz le llegara mientras cantaba Luna, una canción "que me dedicó en el Parque de María Luisa".

Lejos, por tanto, de los comentarios sobre las expectativas generadas en torno a su vuelta -minutos antes del inicio aún quedaban entradas a la venta en las taquillas- la cantante se limitó a mostrar lo que siempre fue y a dirigirse a quienes siempre estuvieron, sus incondicionales. "Por eso estoy aquí, en el lugar de siempre, en mi linda ciudad y con la misma gente", que cantó como dictando sentencia.

Y es que, aunque su propuesta pueda resultar más o menos anacrónica en el panorama musical actual, lo cierto es que de alguna forma ella entronca a la perfección con esa Sevilla nostálgica y amante de lo barroco, que prefiere una bata de cola y una emoción impostada a la austeridad y la contención. Justo en lo que Pantoja se instala, lo que regala en cada tema.

Por eso, no sobraban ni los cambios de vestuario, diseñados por el modisto Ladrón de Guevara, ni el exceso de florituras, ni las miradas cómplices y frases encriptadas que iba lanzando continuamente, ni las letras que se proyectaron en algunas ocasiones a modo de karaoke en la pantalla. Con su baño de masas, sus besos al público y su generosa sonrisa siempre.

Todo para hacer un despliegue de voz, que derrochó más que nunca con absoluta soltura, y de repertorio que dividió en tres bloques con títulos del nuevo trabajo, tan sugerentes como Ahora que te vas, Hasta que te conocí, Del olvido al no me acuerdo o el que da nombre al álbum y que dedicó a sus hijos y sus nietos, sentados junto a su madre Doña Ana en la primera fila de este estadio convertido en teatro con butacas que finalmente mostró casi un lleno absoluto. Siguió con un aplaudido medley de los éxitos que le compusiera José Luis Perales (Hoy quiero confesar, Era mi vida él o Así fue) con el que desató la euforia de los asistentes y arrancó más de una lágrima.

Y, cómo no, su faceta coplera. Ya con peina y traje de flamenca de corte torero, la artista regresó después del primer parón tras más de dos horas, para hacer lo que la encumbró al estrellato. Empezó con un empático Nací en Sevilla para tirar después de clásicos como A la lima y al limón, Francisco Alegre, Capote de grana y oro...

Por último, un emotivo cierre flamenco donde recordó sus inicios e hizo alarde de su particular forma de moverse sobre las tablas.

Desde luego, quedó patente que "ay, ay, ay... la Pantoja es lo que hay", que coreaban sus seguidores. Porque, ya lo decíamos al principio, ellos -en su mayoría mujeres que sobrepasan los 60- no quieren una Isabel renovada o distinta y, como se pudo ver, siguen estando dispuestos a saltarse las vallas que rodeaban el Olímpico con muletas si hace falta para seguirla pase lo que pase. "Os quiero una hartá", exclamaba la tonadillera, proclamada anoche la nueva reina de la canción kitsch. Ésa que se envuelve en la estética de velá de barrio de los ochenta y se mueve entre lo hortera y lo, para muchos, necesario.

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