VIRGINIA MOTILVA

Nuevos fármacos para inflamaciones desencadenantes de cáncer

  • La catedrática de la Universidad de Sevilla, al frente del grupo Farmolap, afirma que el éxito es "producto del esfuerzo colectivo y de la interdisciplinariedad" · Reclama más apoyo de las universidades a la actividad científica.

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Virginia Motilva, en la segunda fila a la derecha, con investigadores de su grupo en una imagen de archivo.

El éxito es fruto del esfuerzo colectivo. La catedrática de farmacología de la Universidad de Sevilla Virginia Motilva subraya desde el primer segundo la “labor de grupo”. Alude a Sofia Mauriño y a Elena Talero. Recuerda enseguida también a Eva Zubía, profesora de la Universidad de Cádiz con la que mantiene una colaboración científica fluida. Hace referencia a quienes le marcaron el camino y a quienes ahora ella les señala el horizonte. “Uno está cada vez en una posición. Ahora me toca más coordinar, pero cualquier éxito es producto del esfuerzo colectivo y de la interdisciplinariedad”, resume.

Al frente del grupo Farmacología Molecular y Aplicada (Farmolap), su actividad científica gira en torno a la búsqueda de fármacos para combatir la inflamación. En este ámbito se interesa por las alteraciones que promueven los trastornos inflamatorios desencadenantes del cáncer y del envejecimiento celular. El equipo, por ejemplo, investiga en patologías de la piel como la soriasis o la queratosis, enfermedad esta última que si no se controla bien puede derivar en cáncer de piel. También trabaja en el ámbito de las inflamaciones intestinales que, sin control y prevención adecuada, tienen riesgo de desmbocar en cáncer.

A lo largo de su carrera científica ha dirigido una decena de tesis doctorales y realizado otra decena de proyectos de investigación financiados en convocatorias competitivas del Gobierno y la Unión Europea o a través de contratos con empresas. En este sentido, matiza que hace unos años trabajaba sobre todo con los grandes laboratorios y ahora tiene una gran relación científica con pymes interesadas en la búsqueda de compuestos de origen vegetal. En este ámbito tiene dos patentes: una de un compuesto procedente de las acacias con propiedades antitumorales y una segunda en la que junto a Eva Zubía identificó un lípido de microalgas con capacidades antiinflamatorias.

Afirma que la cuestión de género no le ha supuesto ningún handicap en la carrera profesional “excepto las trabas que yo misma me haya querido plantear”. “La investigación es muy absorbente, no se acaba nunca y hay que tener talento para saber mantener el equilibrio, dividir el tiempo y saber decir trabajo hasta una hora determinada y luego me voy”. Virginia Motilva habla con una naturalidad subyugante de cómo fue madre con 21 años, justo cuando estaba acabando Biología, y de cómo poco después repitió la hazaña: fue madre por segunda vez y terminó su segunda licenciatura, en aquella ocasión en Farmacia. Sin embargo, no pone el énfasis en aquellas dificultades, sino en las actuales, en el impacto de la crisis en la ciencia. Lamenta el incremento de las horas de docencia que restan estímulo y tiempo a la investigación, una tarea que, por un lado, reporta prestigio y beneficio a las universidades pero, por otro, “no se reconoce”. “No se apoya al profesorado que investiga. Esta labor no tiene ningún tipo de estímulo. Podría vivir dando tres horas de clase y después irme a mi casa. No pasaría nada. Si quiero investigar debo dedicarle muchísimo tiempo más, un esfuerzo que no se reconoce”.

La catedrática señala la contradicción de que las autoridades académicas exhiban las patentes, proyectos y financiación que se captan cada año para investigar como un factor de éxito, en vez de la docencia o la empleabilidad de los egresados, “pero después no valoran ni reconocen la actividad científica. Si trabajáramos con alicientes los resultados serían mucho mejor”, afirma.  

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