La Voz Invitada

Juan Vilar analiza el estancamiento en el crecimiento de la superficie mundial de olivar

  • ¿A qué se debe esta apatía en nuestra olivicultura?

Olivar. Olivar.

Olivar.

En la actualidad se ha producido un estancamiento en el crecimiento de la superficie de olivos que cubre el planeta, dejándola en 11,6 millones de hectáreas y previéndose un crecimiento lento, que ha pasado de unas 150.000 hectáreas por año, a no más de 40.000 ó 50.000, e incluso, con el abandono del cultivo, bien de forma definitiva o de manera coyuntural, hace que la expansión algunos años resulte ser negativa.

No obstante, lo que está sufriendo el sector es una transformación, es decir, en este momento el 70% del olivar, aun tradicional, produce el 60% del aceite de oliva del planeta, mientras que el olivar moderno, y más competitivo, produce el 40%, dicha situación será alterada mediante transformación de olivares tradicionales en olivares en seto e intensivos, tanto en secano, como en regadío, a la vez que algunos intensivos seguirán siendo orientados a una mayor intensificación transformándolos en olivares en seto, tal tendencia ya está evolucionando en dicho sentido.

Esto provocará que el aceite procedente de olivares modernos supere proporcionalmente al producido en olivares tradicionales, a la vez que no cesará de incrementarse la potencialidad productiva de nuestros olivares vía mejora competitiva.

Equilibrio entre oferta y demanda

Ya son 64 países los que producen aceite de oliva en los 5 continentes, y en los mismos se está produciendo una revolución en la búsqueda de la ansiada eficiencia, precisamente España está experimentado la misma sobre todo en áreas de Andalucía occidental y Extremadura, pero no obstante la nueva olivicultura está transformando el panorama internacional fundamentalmente por la evolución de dos países, Túnez, segundo país en superficie de olivos en el mundo, con 1,8 millones de hectáreas, dónde se está modernizando de forma gradual, tanto sus olivares, como las almazaras, o Portugal, entre otros, que sin lugar a dudas es la referencia más clara de olivicultura moderna en el planeta, y todo ello condiciona, y condicionará el comportamiento de los mercados internacionales, y el equilibrio entre oferta y demanda.

En 2013 el aceite de oliva suponía el 1,7 % del total de grasas y aceites consumidos en el planeta, que entonces sobrepasaban los 174 millones de toneladas, incluyendo las grasas animales, habiendo experimentado una tendencia positiva de crecimiento conjunto en su consumo del 23% hasta 2019, rondando los 215 millones de toneladas, en las cuales el aceite de oliva supone en este caso el 1,49%.

“Lo que está sufriendo el sector es una transformación hacia un cultivo moderno”

Por lo tanto mientras el total de aceites y grasas manifiesta una tendencia de crecimiento sostenido del 23%, el aceite de oliva mantiene su nivel de consumo total, pero de forma relativa cae un 0,2%, o expresado de otro modo, el consumo de aceites y grasas crece en el planeta, mientras que el aceite de oliva decrece, debido a un cambio en el patrón de consumo que se experimenta, donde en mayor medida nos alimentamos fuera de casa, o dentro del hogar, pero, con comida elaborada fuera de éste, sobre todo en países como España, Grecia, Italia, Portugal, y Túnez, líderes en consumo, donde de forma conjunta han retrocedido de media por ejercicio algo más de 375.000 toneladas en su demanda. No obstante ya se consumo aceite de oliva en más 180 países.

Por lo tanto nos espera un crecimiento en la producción de aceite de oliva, sobre todo, en el ámbito del olivar moderno, por la transformación de la olivicultura y la especialización de los distintos países, mientras que el consumo relativo cede frente a otras grasas que crecen de forma conjunta por encima del 23% en el último quinquenio.

Precios

En dicho entorno se hace más necesario que nunca una política de promoción de la demanda coordinada, abanderada, y estratégicamente bajo el ámbito de la cooperación, de los grandes países productores, ello incentivaría el consumo, y evitaría cotizaciones en origen como las que actualmente se manifiestan en el sector.

Tras dicha medida, y tras darse un favorable entorno de demanda; cada una de las organizaciones, empresas, compañías, debe de buscar una combinación de estrategias en pro de mejorar el valor añadido de sus actividades.

Eso solo hay dos formas de hacerlo, la primera mediante la diferenciación y singularización en el producto, es decir, convenciendo mediante una serie de atributos al consumidor de que esos aceites de oliva tienen un valor superior, y que el cliente esté dispuesto a pagarlo, ejemplos claros de dicha estrategia son el olivar ecológico, biogenerativo, biodinámico, heroico, emotivo, o ético, entre otros, y por otro lado, la búsqueda de eficiencia, vía optimización de la actividad, es igualmente una medida ejemplar que ejerce influencia sobre la reducción de costes, tal que la integración, cultivo compartido, cultivo asistido, cooperación, transformación, etc.

La combinación de ambas medidas en un entorno como el que proporciona una demanda adecuada, sería el mejor de los encuadramientos para incentivar la mejora de la renta neta de nuestros olivicultores. juanvilar@juanvilar.com.

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