Los precios del agro Un problema de Estado

  • El ministro de Agricultura, Luis Planas, se enfrenta en esta legislatura a la mayor crisis del sector primario que se recuerda

  • Reclaman medidas urgentes para asegurar la rentabilidad

Las movilizaciones en el sector agrario almeriense por los bajos precios son una constante desde el pasado octubre. Las movilizaciones en el sector agrario almeriense por los bajos precios son una constante desde el pasado octubre.

Las movilizaciones en el sector agrario almeriense por los bajos precios son una constante desde el pasado octubre. / Rafael González (El Ejido)

Dice el refrán que nunca es tarde si la dicha es buena. Y eso precisamente es lo que deben pensar los agricultores almerienses, que llevan muchos años padeciendo problemas de rentabilidad. Aumento de los costes de producción cada campaña y menos ingresos por unos precios cada vez más bajos de media han provocado que muchos de ellos se hayan quedado por el camino sobre todo en el último lustro, cuando más ha arreciado una situación que parece haberse convertido en endémica.

Sin embargo, desde final de año pasado parece haberse encendido una mecha en el seno de un sector primario que ha tomado conciencia de tan precaria situación y ha dicho “¡basta!”. Es más, todos los productores del país se han levantado para exigir medidas urgentes para un sector del que depende en gran parte la economía del país y que es el único capaz de servir de acicate en los llamados territorios de la “España vaciada”, término que hace referencia al terrible problema de despoblación en los territorios de interior.

Aunque se extiende a toda la geografía, en Almería ya sí que se habla de que el modelo de agricultura intensiva sufre problemas de fatiga, o más bien que le han inducido a ella. Organizaciones y asociaciones agrarias así lo reconocen y por primera vez patronales y los propios agricultores van a una en sus reivindicaciones.

El ministro de Agricultura, Luis Planas. El ministro de Agricultura, Luis Planas.

El ministro de Agricultura, Luis Planas.

Y todos ellos, conjuntamente, apuntan directo a quien tiene que la sartén por el mango para revertir esta situación de bajos precios en el sector agrario y no es otro que el Gobierno Central, personificando en el responsable de la cartera de Agricultura, Ganadería y Alimentación, Luis Planas.

Hay incluso que quien va más allá, como es el caso del economista Daniel Lacalle, quien publicó el pasado 15 de febrero artículo en el diario digital El Español en el que considera que la pérdida de rentabilidad del agricultor viene por Hacienda. Según Lacalle, el Gobierno no ha parado de subir los costes fijos vía impuestos desde hace años, como por ejemplo, los laborales. Para que un trabajador pueda cobrar 950 euros, el agricultor tiene que pagar 1.450. También en la electricidad, donde el 60% de la factura son coste público. De los costes totales de producción de un invernadero tipo, el 41% son impuestos y el 26% es mano de obra, por poner algunos ejemplos.

Aunque es cierto que las reivindicaciones del sector cada vez más se dirigen también directamente a Europa como culpable. De sus medidas depende en buena parte la viabilidad del sector, y esto es su rentabilidad, especialmente cuando acusan que siempre se utiliza como moneda de cambio con terceros países.En definitiva, son muchos los aspectos que han dado lugar a una deformación en el sector que ha causado la pérdida de rentabilidad y las medidas que demandan desde su seno son muy claras para revertir una situación que ha pasado a convertirse en un problema de Estado.

Comercialización

1- Desde las organizaciones agrarias siempre se ha puesto como uno de los principales focos del problema de los bajos precios la falta de concentración de la oferta y la nula voluntad de hacerlo por parte de la comercialización almeriense. Un instrumento que sobre el papel permitirá manejar mejor los precios, en esencia los mínimos, por la organización cada campaña de los productos y volúmenes a comercializar. Desde el sector se entiende que es una manera de ser más competitivos y en estos años de han desarrollado diversas iniciativas en la provincia de Almería que han tenido cierto éxito, pero que han sido insuficientes dado el tamaño de concentración que tiene ahora mismo la demanda. También tiene sus sombras, puesto que el sector en la provincia cuenta ya con un número elevado de firmas con gran potencial exportador y una concentración supondría una reducción importante de los actores que en estos momentos tienen capacidad decisoria en este contexto. Una idea por la que muchos participantes no están dispuestos a pasar, ya que cada empresa, dada sus dimensiones, tiene sus particularidades y mueve a una importante masa de agricultores detrás.

Costes de producción

2- La inversión para producir hortalizas continúa creciendo cada año y en este momento ya suponen hasta diez veces más que en otros países directamente competidores como es el caso de Marruecos. La pasada campaña 2018/2019 se caracterizó por registrar un incremento medio del 6,8 % en los costes productivos. Aquí destaca el encarecimiento de la mano de obra por encima del 12 %, en buena medida a consecuencia de la entrada en vigor del nuevo salario mínimo a principios de este año. Además, tal y como se desprende el último balance de Cajamar, el crecimiento de los rendimientos por hectárea observado en los últimos 20 años no es suficiente por sí solo para compensar la pérdida de valor real de la oferta almeriense.

Agricultores movilizándose en El Ejido esta semana. Agricultores movilizándose en El Ejido esta semana.

Agricultores movilizándose en El Ejido esta semana. / Rafael González (El Ejido)

Los mecanismos de gestión de crisis no funcionan

3- El funcionamiento de los mecanismos reguladores del mercado a través de las Organizaciones de Productores y sus Asociaciones, que tienen la capacidad de retirar los excedentes con los fondos europeos disponibles para ello, no está funcionando como debería, tal y como apuntan los representantes de los agricultores. La OCM de frutas y hortalizas debe comprender medidas convenientes para el sector, que prevean y sufraguen la retirada de producto en la gestión de crisis. Y por su parte, la comercialización debe recurrir a ello para controlar los bajos precios derivados de sobreoferta en un contexto en el que las condiciones climatológicas también juegan, cada vez más un papel importante.

Competencia de terceros países

4- La competencia de terceros países, o más bien, y por qué no decirlo, el protagonismo de Marruecos se ha convertido, si cabe, en la principal preocupación de los agricultores almerienses, y da la sensación que en este punto es una prioridad para todos ellos. También para la patronal, puesto que consideran su competencia totalmente deseal y en este punto sus quejas se dirigen directamente a la Unión Europea y sus convenios por el desarrollo. La realidad es que Marruecos ya supera las 20.000 hectáreas invernadas (conseguir un dato exacto es muy complicado), manteniendo un ritmo de crecimiento alto. Almería tiene 31.600 hectáreas bajo invernadero, con crecimientos que rondan el 1% anual. Según los datos del Ministerio de Agricultura Marroquí (2 campañas atrás), las hectáreas totales en producción de tomate eran 15.100. De ellas, según las productividades, 9.100 correspondían a cultivo bajo invernadero. Almería tiene 10.300 hectáreas de tomate y un millón de toneladas en producción. En este contexto, exigen medidas para el control de importaciones extracomunitarias con la restauración de los certificados de importación, control de tasas arancelarias y revisión de precios mínimos de su producto.

Reetiquetado

5- Desde hace unos meses organizaciones y agricultores inundan las redes sociales con vídeos y denuncias sobre el posible reetiquetado de productos procedentes de Marruecos en empresas de Almería. Aún no se han puesto nombres sobre la mesa, pero aseguran que es una práctica que se ha convertido en habitual. Desde Coag aseguran que se empezó a hacer para completar pedidos de algunas empresas, pero que ya es un lucrativo negocio. Son precios con los que es muy difícil competir porque el tomate español se paga a más del triple que en marruecos.

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