Resultados Elecciones generales 2019 Tres lecciones del 10-N y el terrible resultado de un Congreso estrafalario

  • Nunca se deben repetir elecciones, el electorado castiga a los culpables. Ciudadanos, UP y PSOE

  • En España hay 'overbooking' de egos, aunque la dimisión de Rivera alivia la colmatación

  • El nacionalismo español puede ser tan radical y trasversal como el vasco y el catalán

  • El Congreso es una mezcla estrafalaria de 17 formaciones, con 80 diputados contrarios a la España de las autonomías

Albert Rivera, este lunes en la rueda donde ha anunciado su retirada de la política. Albert Rivera, este lunes en la rueda donde ha anunciado su retirada de la política.

Albert Rivera, este lunes en la rueda donde ha anunciado su retirada de la política. / EFE

Las elecciones generales del 10 de noviembre han dejado tres grandes lecciones para la historia. De algunas de ellas ya han tomado nota algunos líderes políticos, entre los que destaca el de Ciudadanos, Albert Rivera, que deja la política. Tras una noche de verdadera reflexión, abandona la política.

Primera lección

Las repeticiones electorales son un fraude contra los electores, un falseamiento. Las urnas han castigado, por este orden, a los tres partidos que han estado involucrados en el bloqueo: Ciudadanos, Unidas Podemos y el PSOE. Los naranjas lo han asumido, su líder se va y deja una recomendación para el sucesor, Ciudadanos debe volver a ser lo que fue, un partido útil.

El PSOE de Pedro Sánchez también ha tomado nota, pero sin una autocrítica sincera. José Luis Ábalos, portavoz de la dirección federal, aseguró ayer que su “compromiso es que no haya terceras elecciones y que haya un Gobierno progresista”. Es un primer paso, Pedro Sánchez llamará en las próximas horas a todos los partidos, a excepción de Vox y de aquellos que son contrarios a la Constitución. Es de agradecer que no haya basado su discurso sólo en buscar la abstención del PP. “No vale la pena”, dijo Ábalos, en relación a una gran coalición –descartada– y a la abstención activa de Pablo Casado.

El PP ha mejorado los resultados, pero le ha salido un competidor potente a la derecha, es la sombra de Vox la que impide la alianza con el PSOE, sea cual sea la fórmula. La pregunta que no acaba de resolver Sánchez es con quiénes. Y sólo hay dos opciones: o un reagrupamiento de toda la izquierda, pero necesitaría a ERC. Un asunto muy delicado, pero posible, aunque añadiría un nuevo elemento de desgaste para el futuro Gobierno. El esquema sería el mismo que el de la moción de censura de Rajoy.

La segunda opción es toda la izquierda y el apoyo activo de Ciudadanos. Los naranjas pueden justificar su apoyo si argumentan que lo hacen para liberar al PSOE de ERC. Problema: que los naranjas tendrían que respaldar un Gobierno donde Unidas Podemos estaría presente. Pero la crisis naranja es bestial, está en peligro la existencia de la formación.

Segunda lección

En España hay overbooking de egos. La dimisión de Albert Rivera alivia esta saturación de dirigentes que se han marcado demasiado pronto el ser presidentes de Gobierno como una suerte de predestinación. Como diría la otra, porque lo valen.

Sirva de ejemplo lo que ha sucedido en el mundo de Podemos. Pablo Iglesias e Íñigo Errejón suman más votos que los obtenidos por Vox este domingo, pero ellos son tan imprescindibles en su biografía íntima, onanista, que requieren de dos partidos distintos. Lo de Errejón es un bluf mediático, otra Rosa Díez. En el Congreso hay 17 formaciones políticas, 20 si se consideran las convergencias de Unidas Podemos y de Más País.

Tercera lección

El nacionalismo español puede ser tan radical y es tan trasversal como el vasco o el catalán. Cuatro décadas de dictadura refractaria a las distintas identidades españolas provocaron los fortalecimientos de los nacionalismos periféricos. Dos años de procés y la violencia padecida en las calles de Cataluña como respuesta a la sentencia del Tribunal Supremo han dado alas a Vox. Es la tercera fuerza del país, un partido que propone la extinción de la España de las autonomías, que es tanto como una nueva Constitución.

El éxito de Vox en Andalucía refleja que es un partido interclasista e interterritorial. Su defensa de las supuestas esencia del españolismo, tales como la caza y la tauromaquia, le han hecho conectar con personas a las que el PP nunca llegó. Es más: Vox tiene un componente muy importante de jóvenes, llegado a las urnas en un momento en que, en efecto, la cohesión territorial del país está en peligro.

Fruto de todo ello y de la incapacidad de los primeros y segundos partidos para retener sus mayorías es un Congreso donde han saltado por los aires los consensos de 1977. En la Cámara hay 80 de 350 diputados que no creen en la España autonómica, bien porque son de Vox, bien porque son independentistas radicales. Bildu, heredero de Batasuna, ha ganado uno más. Las CUP, los más antisistemas de todos, entran con dos escaños. Es un Congreso de difícil gestión, estrafalario, propio de democracias inmaduras.

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