INVESTIGAR EN HUELVA

La felicidad es la clave del éxito

  • La Psicología ofrece las claves para un desafío en el que la autoestima juega un papel fundamental.

  • La profesora Yolanda Navarro, de la Universidad de Huelva, enfoca el tema como una actitud personal.

Imagen de la psicóloga Yolanda Navarro. Imagen de la psicóloga Yolanda Navarro.

Imagen de la psicóloga Yolanda Navarro.

Es la cuestión permanentemente abierta que salta de generación en generación. Y algo que en este inicio de año nos hemos replanteado, de nuevo, con ansias y expectativas renovadas: ¿Seremos felices? Para responder a esta pregunta hemos hablado con Yolanda Navarro Abal, profesora del Departamento de Psicología Social, Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Huelva (UHU). La investigadora ha realizado amplios estudios acerca de la felicidad en el ámbito laboral y, en este inicio de un nuevo año, Saber Universidad le ha querido inquirir sobre el tema desde un ámbito más extenso ya que la  psicología es una disciplina en la que se pueden encontrar respuestas a esta gran interrogante.

Navarro recuerda que “el origen etimológico de la palabra felicidad se encuentra en el latín, procede del vocablo felicitas que puede traducirse como fértil”. La felicidad a lo largo de la historia se ha analizado desde una perspectiva más filosófica. No obstante, aún no existe un consenso en su delimitación conceptual. La profesora de la UHU argumenta que “desde una orientación psicológica se han iniciado líneas de investigación cuyo objetivo principal es buscar indicadores objetivos del bienestar de la persona, entendiendo que el bienestar integral está conformada por cinco dimensiones fundamentales, que son física, laboral, social, económica y comunitaria”.

Navarro explica que durante muchas décadas se ha intentado analizar los comportamientos humanos, dando lugar a múltiples modelos y teorías respecto al desarrollo de patologías relacionadas con posibles factores de riesgo que generan malestar en las personas. “En los últimos años, -añade- el malestar social se ha percibido, sobre todo, en un sentimiento de tristeza generado por una época en donde la falta de recursos económicos ha llevado a muchas personas a la más absoluta desesperación. Asimismo, la modificación de los valores más frecuentes, ha conllevado una crisis de los mismos; las sociedades están cambiando, y sus miembros deben adaptarse a ellas. Resultado de esos cambios, se han desarrollado desde la Psicología Positiva, líneas de investigación que lejos de patologizar cada comportamiento social, han intentado resaltar en mayor medida el fomento de otras variables que expliquen las claves que pueden hacernos más felices, focalizando en aquellas que permiten un mayor crecimiento personal”.

Hay diferentes orientaciones del estudio de la felicidad en auge. No obstante, una inmensa mayoría enfatiza la felicidad como un sentimiento o una emoción. Desde la perspectiva estudiada por Yolanda Navarro, la felicidad va más allá; es descrita como una actitud, y por tanto, está formada por sus tres componentes (según el modelo tripartito), es decir, pensamiento, sentimiento y conducta. Asimismo, hay que señalar que desde esta perspectiva no se pretende generar un mundo happy, tal y como nos intentan proyectar los medios de comunicación, e intentar transmitir que en la vida no están presentes las preocupaciones u obstáculos, o que debemos ignorarlos. Todo lo contrario, se intenta analizar qué situación no nos permite ser feliz y mostrar las estrategias que son necesarias para poder afrontar esas situaciones adversas.

“Lo que es una evidencia empírica es que la felicidad depende de factores intrínsecos y extrínsecos”, puntualiza la profesora de la Universidad de Huelva. La diferencia fundamental es que “los primeros pueden ser controlados por cada uno de nosotros mientras que los segundos, en muchas ocasiones, se escapan a nuestro dominio. Por tanto, es una misión importante de la Psicología, generar estrategias de intervención que favorezcan que los pilares básicos de la felicidad en las personas se encuentren en uno mismo”. Aun así hay que tener en cuenta que “cada persona es diferente a otra, y esas diferencias individuales marcan la riqueza del ser humano. Así las variables de personalidad nos predisponen de una manera u otra a pensar, sentir y comportarnos con una gran variabilidad”.

Para Yolanda Navarro hay un conjunto de variables que han sido evidenciadas como posibles moduladoras de la felicidad. De este modo se refiere a las emociones positivas que “son aquellas que generan sentimientos agradables. En la literatura se consideran las más básicas la alegría, el amor/cariño y el humor”.

Además menciona el compromiso con las cosas, situaciones y personas: “Las personas más comprometidas disfrutan más de la vida en general en sus diferentes áreas y por tanto no sólo son más felices, sino también obtienen más éxito”. Otra variable que para la psicóloga hay que tener en cuenta, es “la empatía y el desarrollo de conductas altruistas”, con las que se fomenta la emoción positiva denominada elevación que expresa un intenso sentimiento de afecto que sucede cuando se observan acciones que reflejan la parte más humana de las personas, provocando en los demás el deseo de hacer lo mismo”. En esta especie de decálogo en el que podemos asentar las bases de nuestra felicidad, Navarro añade “las relaciones interpersonales que desarrollan un papel esencial”, ya que “los refuerzos sociales favorecen la adaptación a las diferentes situaciones y contextos, favoreciendo el bienestar personal”.

Yolanda Navarro no deja lado otras variables que, de un modo u otro, nos afectan a todos. De este modo, la profesora y psicóloga se muestra partidaria de realizar “una adecuada gestión del estrés”; “el estrés -argumenta- es esencial para llevar una vida satisfactoria. Obtener el equilibrio entre las demandas y los recursos permitirá sentirse más seguro y con mayor confianza para afrontar las diferentes situaciones”. Otro punto importante es nuestra relación con el tiempo: “Es importante seleccionar las cosas que consideramos importantes, prioritarias o urgentes. Eso favorece el sentimiento de eficacia y eficiencia, así como la sensación de no estar perdiendo la vida.

Respecto a los conflictos, éstos deben ser “percibidos de una manera constructiva; como una oportunidad de satisfacción y crecimiento personal, aportando sentimientos de confianza y seguridad”. Navarro asimismo, se muestra partidaria de la autocrítica que “permite llevar a cabo una autoevaluación de nuestras propias fortalezas y debilidades, permitiendo establecer relaciones más positivas y sinceras con los demás”.

Para poder ser feliz, hay que tener en cuenta el autoconcepto, y por tanto, la autoestima: “Si no me valoro ni me quiero, difícilmente podré disfrutar de mi entorno”. Las personas con baja autoestima son más proclives a sentirse amenazadas, generando sentimientos constantes de alerta y amenaza, y por tanto, reaccionando con estilos defensivos. Por otro lado, es importante resaltar otras variables, que están más relacionadas con aspectos fisiológicos de la personas. En esto se incluyen las necesidades fisiológicas básicas, como dormir adecuadamente, una correcta dieta, realizar actividad física, llevar a cabo adecuadas actividades de ocio y, finalmente evitar el consumo inadecuado de sustancias.

 

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