La colmena

Sí se puede, en versión charrán

  • La carta que Iglesias dirige a los militantes en Facebook tiene más de eco lapidario que de consigna de unidad

Podemos, podíamos, pudimos. Pocas veces los periodistas lo tenemos tan fácil para ser ingeniosos con la actualidad. En este caso, una simple conjugación del verbo es más que suficiente para poner un título contundente en la portada de un periódico y hasta para escribir un editorial.

La crisis del "casoplón" de Pablo Iglesias e Irene Montero, que hasta se ha colado en los debates del proceso de investidura de Juanma Moreno como nuevo presidente andaluz, va camino de convertirse en una anécdota al lado de la operación sorpresa de Íñigo Errejón junto a Manuela Carmena en Madrid.

Porque no sólo ha estallado la antítesis de Vox en una de las plazas más simbólicas y estratégicas de cara a la cita electoral del 26 de mayo; también simboliza el juego de tronos que ha terminado por instalarse a nivel local con las guerras entre facciones y franquicias personalistas que están marcando estos días unos procesos de configuración de listas absolutamente demenciales.

El cubo de Rubik en versión morada. Desde la propuesta anticapitalista de Teresa Rodríguez en Andalucía a las confluencias ciudadanas en las regiones nacionalistas.

Granada no es ninguna excepción. Un buen amigo ha intentado explicarme cómo se está diseñando la candidatura de Podemos e IU para la capital, la alternativa desde la izquierda al Vamos Granada que lidera Marta Gutiérrez, y no he podido más que compartir mi desesperación recordando lo difícil que es informar de sus acampadas y movilizaciones: una asamblea para decidir en asamblea qué dice la asamblea.

Como se podrán imaginar, cuando consiguen resolver la cuadratura del enigma, sumiendo las 5 W del periodismo en una espiral infinita de democracia abierta y participativa, la rotativa ya está en marcha. Y su inoperatividad ha fagocitado el atisbo de mensaje.

A los grandes partidos les solemos criticar su tacticismo, pero es un error situarse en frente de la "casta" renunciando al sentido común y al pragmatismo que exige el complejo escenario electoral actual. Sobre todo cuando ha nacido un Podemos por la derecha con opciones de ser llave de gobierno en las grandes ciudades y en las diputaciones (en Granada, el propio presidente de la institución provincial reconoce que hay posibilidades de que consigan representación si se confirman las estimaciones de voto de la capital, el cinturón y la Costa) y que puede acabar determinando la conformación final de los bloques.

Aunque aún está por ver si se produce un efecto rebote tras la resaca del 2-D que revitalice el bipartidismo, es evidente que son las formaciones emergentes -las que irrumpieron tras el 15-M y la del toro y la bandera de Santiago Abascal que acapara estos meses el foco mediático- las que decidirán si la balanza se inclina a la derecha o a la izquierda.

No es una cuestión menor. No cuando el centro-derecha es capaz de cerrar filas con una hoja de ruta de gobierno compartida, cuando el PP sitúa Andalucía como laboratorio para la "reconquista" y cuando la inesperada llegada al poder en el Sur -la única autonomía que no había conocido la alternancia política en democracia-actúa de bálsamo para enterrar bandos, tumbar líneas rojas y matizar posturas en la derecha. Uniendo lo viejo y lo nuevo por "esa casa común" que Aznar reclamaba ayer en la convención nacional del partido, evidenciando, bajo la marca renovada del charrán de Pablo Casado, que "sí se puede".

Justo cuando uno de los padres del marketiniano mensaje electoral, el otro Pablo, tiene que "interrumpir su baja por paternidad" para mostrar su "tristeza" y desolación por el rejonazo de Errejón... Y es que son ambiciones personales y "traiciones" al estilo House of cards pero también son rescoldos de batallas cerradas en falso escudándose en la inapelable sapiencia de la militancia y es, sobre todo, una acumulación de errores en la propia gestión de la formación.

¿Todavía no se han dado cuenta los nuevos de que en política no hay fronteras entre lo personal y lo profesional? Porque el "hoy, como siempre, sí se puede" con que Iglesias cierra la carta que ha colgado en Facebook tiene más de eco lapidario que de consigna de unidad.

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