La colmena

El síndrome de la estampida

  • Hay una promesa que no cuesta nada en términos objetivos pero tal vez sea la más difícil de cumplir: que no se irán aunque pierdan

En cien días no se cambia un país. Ni una comunidad. Ni un pueblo. No lo han hecho los nuevos inquilinos de San Telmo -por muchas alfombras que estén levantando-, no lo ha logrado Pedro Sánchez en sus inesperados diez meses de gobierno sobrevenido -ni con el sprint final de los viernes sociales- y no lo podrán hacer quienes dentro de una semana cojan el bastón de mando en los más de 8.000 municipios que convocan elecciones en toda España. Es una cuestión de realidades y de expectativas; de cómo el día a día trastoca las promesas; de viabilidad y de puro pragmatismo.

Pero el simbólico margen de confianza que solemos dar a los políticos para que pasen de la campaña a los hechos, del maleable banquillo de la oposición al implacable ejercicio del poder, resulta más que suficiente para descubrir algo: si quienes empezaron la carrera están dispuestos a terminarla. Ganen o pierdan; cueste lo que cueste y les cueste lo que les cueste. Si no caerán presa del síndrome de la estampida.

Juanma Moreno y Juan Marín presumen estos días del "Gobierno del cambio" en Andalucía con el mismo entusiasmo que lo hacen sus alcaldables, aunque evitan reconocer las dificultades que les está costando ocupar todas las casillas en que se ha traducido el buscado "desalojo" de los socialistas. Primero fue el escenario de ficción de que contarían con los mejores hasta que chocaron con la letra pequeña de los sueldos: en el PP llevaban cuatro décadas preparándose y había cantera, pero Ciudadanos casi ha tenido que improvisar equipo. Que más de un alto cargo de la etapa de Susana Díaz siga en su puesto es una evidencia difícilmente refutable de la insalvable contradicción y lo es también la fotografía actual del organigrama de la Junta: ni se han llegado a cubrir todos los puestos (aún hay cargos pendientes de renovación como ocurre en Granada con la dirección del PTS o el Legado Andalusí) y ya hay más de un fichaje que ha puesto pies en polvorosa.

Decía este viernes el consejero Imbroda en un foro organizado por Grupo Joly con Unicaja que "hay docentes con tendencia a darse de baja", con "flojera"… Mientras el titular de Educación advertía de la importancia de la "vocación" en el profesorado, culpaba a la Universidad de no preparar bien a los docentes y pontificaba sobre el valor de la "pasión", por encima incluso del "compromiso", un titular de prensa no dejaba de torpedearme: todo por lo que estaba clamando el exentrenador de baloncesto se lo podríamos aplicar al nuevo "equipo" que ha tomado las riendas del Gobierno andaluz. Su equipo. Justo un día antes del foro, la secretaria general de Universidades había anunciado su cese, en plena polémica por las dudas dentro de Ciudadanos sobre el proyecto de gratuidad de la enseñanza superior que sacó adelante el PSOE. Y sólo unas semanas antes su compañero de Economía también prescindió de la responsable de Fondos Europeos, en este caso porque parece que no funcionaba ...

Aunque cada uno de los ceses tiene sus propias circunstancias -y van de las razones personales y familiares a las incompatibilidades, las discrepancias y hasta la manifiesta falta de competencia-, hay un trasfondo compartido que roza la paradoja: el puesto no era lo que imaginaban o ellos no eran lo que imaginaban otros. De nuevo, una cuestión de expectativas. Frustradas.

Recuerda Susana Díaz estos días en sus mítines que, en política, y más en una institución que conlleva tanta exposición y tan en primera persona como un ayuntamiento, hay dos condiciones ineludibles para cualquier candidato: ser buena persona y ser capaz. Lo primero tiene que ver con la honradez; lo segundo con la preparación, con el talento y hasta con la capacidad de aguante y de sacrificio. No le falta razón.

Vocación y compromiso. En la educación, en la política… y en la vida. En el ecuador de la campaña, los buzones están llenos de promesas y buena parte de ellas son difícilmente alcanzables por una razón de pura viabilidad, de financiación y de recursos. Hay una promesa, sin embargo, que no cuesta nada en términos tangibles pero probablemente sea la más difícil de asumir: que, después de la carrera, no nos dejarán tirados…

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