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Arquitectura onírica

  • Peeters y Schuiten trasladan al lector hasta el París del año 2156 con fábulas, enigmas y una elegancia visual y literaria fuera de lo común.

Detalle de la obra. Detalle de la obra.

Detalle de la obra.

Escrita por el francés Benoît Peeters (París, 1956) y dibujada por el belga François Schuiten (Bruselas, 1956), la serie Las ciudades oscuras es una de esas joyas que reivindican la historieta como un arte mayor. Se trata de una colección de temática fantástica en la que los verdaderos protagonistas son las ciudades, los espacios y ambientes que, a la manera de Borges o Italo Calvino, componen una geografía imaginaria, más hermosa y atrayente de lo que yo pueda transmitir con palabras. Los guiones de Peeters son siempre soberbios, y uno se maravilla de la riqueza de conceptos que pueblan sus páginas, aunque quizá el elemento más sobresaliente del conjunto sean las interpretaciones visuales de un Schuiten en permanente estado de gracia. Año tras año, desde el debut de la serie con Las murallas de Samaris (1983), el dibujante ha creado con todo lujo de detalles las arquitecturas de estas ciudades imposibles, con la convicción del que se asoma al sueño y sabe que es tan real como el mundo material.

Recuerdo con viveza el impacto que me causó el primer libro de Las ciudades oscuras que leí: La fiebre de Urbicanda (1985), el segundo en orden cronológico. Por espacio de unas horas, Peeter y Schuiten me transportaron a aquel paisaje futurista (un futuro a lo Julio Verne) invadido de pronto por un cubo metálico que no cesaba de crecer y reproducirse hasta ocupar el espacio de la propia ciudad, las calles, el cielo… Compartí el asombro del protagonista, su excitación inicial, y también su tristeza y melancolía posteriores, su éxito y su fracaso. Pocas veces un cómic me había dado tanto, y corrí en busca del resto de títulos, es decir, los otros dos que ya habían sido publicados por entonces en nuestro idioma. Con todas sus imperfecciones, se me hizo evidente el potencial que encerraba Las murallas de Samaris, pero fue al terminar de leer La torre (1987), cuando comprendí que me hallaba sencillamente ante uno de los hitos del tebeo contemporáneo. La odisea del funcionario Giovanni Battista, uno de los guardianes de la vieja torre que se extiende arriba y abajo en el espacio, sin que nadie conozca realmente sus límites, me arrebató hasta el punto de que leí el álbum tres veces seguidas, hasta quedarme dormido, soñando con abismos de piedra y con la joven y bella Milena. Brüsel (1992), La chica inclinada (1996) o ese gozoso compendio que es El archivista (1987) son algunos de los títulos que componen Las ciudades oscuras y que no han dejado de incendiar mi mente en este tiempo.

Norma Editorial acaba de traducir la segunda parte de la duología Volver a París, subtitulada La noche de las constelaciones, que no se enmarca directamente dentro del ciclo de Las ciudades oscuras pero comparte con esta un mismo sabor y la prodigiosa hechura de Peeters y Schuiten. Hay aquí de nuevo una arquitectura imaginaria (en esta ocasión, la del París del año 2156), fábulas, enigmas y una elegancia visual y literaria fuera de lo común. Si les gustan Las ciudades oscuras, no deberían perdérselo.

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