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El potencial infinito

  • ECC completa el rescate en nuestro idioma de una de las grandes series del cómic francobelga de todos los tiempos, un prodigio visual y narrativo.

El potencial infinito El potencial infinito

El potencial infinito

Con la publicación del tercer integral de Philémon, la obra maestra de Fred (1931-2013), ECC completa el rescate en nuestro idioma de una de las grandes series del cómic francobelga de todos los tiempos, un prodigio visual y narrativo que permanecía inédito (en su mayor parte) en nuestro mercado. Lo hace, además, en una edición exquisita, en la que se incluyen diversos paratextos realizados expresamente para la ocasión, que nos informan sobre el autor, ayudan a contextualizar la obra y ponen en valor este singularísimo título. Tomo prestadas, y suscribo, las palabras del siempre certero Álvaro Pons en el epílogo de este tercer integral: "Fred creó un mundo inigualable, solo al alcance de los genios. Sus letras solo son comparables a los mundos mágicos tras el espejo, a Oz, Slumberland o Coconino. Tomó el sentido de la fábula y la aventura de los clásicos, desde los cuentos de Las mil y una noches o la épica de La Odisea a Swift, Carroll, Verne y Wells, para desarrollar una obra que añadía a la imaginación desbordante ese matiz tan particular de poética del absurdo que encuentra coherencia dentro del delirio. Surrealismo que evolucionaba hasta la autoconsciencia para convertirse en una ficción de ficciones, en una metaficción donde los personajes no solo eran conocedores del papel que estaban representando, sino que tomaban las riendas para independizarse de su creador y transitar solos, de la mano de los lectores".

De los 16 álbumes que componen la serie, el presente tomo nos regala los seis últimos: La Mememoria (La Mémémoire, 1977), El gato de nueve colas (Le Chat à neuf queues, 1978), El secreto de Félicien (Le Secret de Félicien, 1981, serializado como La feuille qui devait passer l'hiver), El infierno de los espantapájaros (L'Enfer des épouvantails, 1983), El diablo del pintor (Le Diable du peintre, 1987) y el muy posterior El tren en el queviajan las cosas (Le Train où vont les choses, 2013), con el que Fred demostró lo poco que afecta el paso del tiempo a los verdaderos genios. No en vano, su larga trayectoria le granjeó premios tan prestigiosos como el Yellow Kid del festival de Lucca (1973), el Gran Premio de Angoulême (1980), el nombramiento como Caballero de la Orden de la Artes y las Letras (1983) y la posterior investidura como oficial de esa misma Orden (1992), o el Alph-Art al mejor álbum francés en Angoulême (1994).

De nuevo en palabras de Pons: "Cincuenta años después de la creación de Philémon, su legado es inconmensurable e inabarcable. Fred llevó la efervescente experimentación radical que estaba a su alrededor en los bulliciosos años sesenta a un nivel distinto. (…) Frente a la provocación y el enfrentamiento, Fred se presentó solo con las armas de la imaginación y el absurdo. (…) Fred forma parte de ese reducido círculo de autores que son citados por todo estudiosos que intente comprender los mecanismos de la historieta. Pero, también, de ese selecto grupo que consigue transmitir con su obra la magia de la historieta. El potencial infinito del noveno arte".

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