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Maravillas integrales

  • 'Los compañeros del crepúsculo', desarrollada en la Edad Media, presta especial cuidado a la ambientación: el lector se siente transportado a la época.

Una viñeta de la obra. Una viñeta de la obra.

Una viñeta de la obra.

Hace ya tiempo que quería recomendarles dos integrales publicados por Astiberri, pero, entre pitos y flautas, se me han pasado los meses y hasta los años hablando de otras cosas. En fin, que nunca es tarde.

El primero es Los compañeros del crepúsculo, tomo grueso y grande que recopila los tres álbumes de la serie homónima escritos y dibujados por François Bourgeon entre 1984 y 1990, junto con un puñado de extras (textos y bocetos) inéditos en nuestra tierra. Hablar de Bourgeon es hablar de uno de los grandes autores del tebeo franco-belga de todos los tiempos, dibujante excepcional y escritor refinadísimo, en cuya larga trayectoria destacan especialmente dos series de temática histórica, esta de la que les hablo y Los pasajeros del viento, que también figura en el catálogo de Astiberri. Los compañeros del crepúsculo es una trilogía ambientada en la Edad Media, más concretamente al principio de la guerra de los Cien Años, protagonizada por un enigmático y deforme caballero, su joven escudero, cobarde, pero entrañable, y la muchacha que los acompaña, tan ingobernable como hermosa. La serie presta especial cuidado a la ambientación, de tal forma que el lector se siente virtualmente transportado a aquella época lejana, y une en su inicio la realidad con el mundo onírico. El sortilegio de las brumas y Los ojos de estaño de la villa glauca, que es como se llaman los dos primeros álbumes, fueron compuestos con dos años de diferencia, pero hubo que esperar cuatro años más para leer el tercero, El último canto de los Malaterre, y, en el lapso, el tono de la serie acabó modificándose para mejor. El cierre de la trilogía triplica en extensión cada uno de los dos libros anteriores y es una obra maestra; en mi opinión, el mejor cómic histórico que he leído nunca. Denso, bello y absorbente, El último canto de los Malaterre es un fascinante juego de intrigas, un sofisticado estudio de personajes y una lección sobre el arte de la historieta. Con una nueva rotulación y una traducción a la altura de la ocasión, esta de Astiberri es lo que se dice su edición definitiva.

Y tan imprescindible como el integral de Los compañeros del crepúsculo, aunque con temática, estilo e intención completamente distintos, se me antoja Lupus, del siempre genial Frederik Peeters. Todavía más grueso que lo de Bourgeon, pero de formato más pequeño (al menos en esta edición), el libro de Peeters compila los cuatro volúmenes de la premiada serie de ciencia ficción compuesta originalmente entre 2003 y 2006, en la que tan sugestiva resulta la variedad de escenarios extraterrestres como la complejidad de las propias relaciones humanas. Peeters tiene un sabor único, difícil de definir con una sola frase, aunque, puestos a ello, me quedo con esta de Óscar Palmer, que lo calificó como "uno de esos raros autores capaces de otorgar una impronta íntima, reflexiva y sumamente personal a sus trabajos de género, trascendiéndolos y enriqueciéndolos". Les recomiendo que se dejen seducir por el espectáculo visual de Peeters, no se arrepentirán.

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