cómics

Peripecias sin fin

  • Dolmen afronta una nueva apuesta con la creación de la línea de cómics 'Sin fronteras'. Rescata las aventuras de Johnny Hazard, Flash Gordon y Jungle Jim.

Viñetas de Johnny Hazard. Viñetas de Johnny Hazard.

Viñetas de Johnny Hazard.

El día a día del héroe de cómic (remitámonos, por favor, al de los tebeos más clásicos) es un no parar. En contadas ocasiones lo veremos realizar acciones cotidianas como tomar un café, sentarse a leer un libro o ese saludable ejercicio que hay que realizar de vez en cuando: procastinar.

No, siempre habrá un malvado plan, un enemigo en la sombra, una femme fatal con un puñal oculto en la media, seres de distantes planetas con ansias de conquista, monstruos casi invencibles, fieras de la jungla… Y así hasta una lista interminable de peligros, que hacen que el protagonista de estas historias no descanse ni un solo segundo.

Si a este recurso argumental le añadimos un formato, el de las tiras diarias (daily strips) o las páginas dominicales (Sunday Pages) , la dificultad narrativa se duplica, ya que cada final de tira o página ha de culminarse con lo que ahora conocemos como un cliffhanger, o sea, un momento de máxima emoción o peligro, en el que la mayoría de la veces, la vida del protagonista y/o la de la bella dama que rescata está pendientes de un fino hilo…

La pasión por revisitar aquellas clásicas aventuras parece haber vuelto, y editoriales como Dolmen se convierte en abanderada de este "movimiento". Si ya hace algunos años que viene publicando en su línea Fueraborda, lo mejorcito de la BD francobelga (Johan & Pirluit; Los Hombrecitos; Quena y el Sacramús…), desde hace un par de meses se han lanzado de cabeza a la recuperación de algunas de las mejores series clásicas publicadas en los periódicos norteamericanos.

Comenzando por los años treinta, la primera serie que se recopila es la perteneciente a Johnny Hazard, las aventuras bélicas de este joven aguerrido, algo bravucón y conquistador de féminas comienza justo cuando sus compañeros de escuadrón lo creen perdido, desaparecido y capturado por el enemigo (los implacables nazis en este caso particular). Johnny, junto a sus inseparables compañeros Loopy y Scotty escaparán de su reclusión, reapareciendo para sorpresa de todos aquellos que ya los daban por muertos.

Y aquí comienzan, o debería decir, continúan las aventuras de este aviador, siempre con un tono algo ligero y en las que su creador, Frank Robbins, vino a demostrar lo que todos los que rodeaban ya sabían: que desde la más tierna infancia el dibujo había sido lo suyo, convirtiéndolo en un auténtico niño prodigio que, gracias a varias becas, se fue abriendo camino en el mundo del arte, la ilustración para revistas de primera línea (Life) o el trabajo en el medio cinematográfico.

Siempre hay una gran obra que marca la trayectoria de un autor, en el caso de Robbins, Johnny Hazard fue la obra de su vida, en la que ocupó más de treinta años, aunque también es admirado, y mucho, por su posterior salto al mundo de los cómic books, donde dejó su imborrable huella en las dos grandes, Marvel y DC Comics.

Y continuando con el sello Sin fronteras, en el pasado mes de abril publicó una auténtica maravilla, tanto por su gigantesco formato (se ha optado por respetar la concepción de la página de periódico de la época, con la inclusión de las dos series) como por lo que contiene, un auténtico tesoro. Me refiero, claro está, a las series Flash Gordon y Jungle Jim.

¿Quién no conoce al rubio héroe espacial? Bien sea por haber leído sus cómics o disfrutado de sus aventuras animadas o la genial película cuya banda sonora compuesta por los míticos Queen todos recordamos o tarareamos. Pues bien, aquí está de vuelta, en toda su grandeza. El inesperado y obligado viaje más allá de las estrellas al que es obligado el protagonista, junto a la bella Dale Arden, por el científico Hans Zarkov (que en aquellas primera páginas podía ser calificado como un mad doctor en toda regla, aunque luego se redimiría) y su destino, el letal planeta Mongo, repleto de bestias sedientas de sangre y enemigos que surgían de cualquier lugar. Aunque el que se llevaba la corona (y nunca mejor dicho) fue el temible Ming, cuyo odio hacia el protagonista lo llevaba a someterlo a una y mil torturas de las que, afortunadamente, el ex jugador de polo lograba escapar.

Si Frank Robbins fue un joven dotado para el arte, Alex Raymond, el padre de Flash Gordon y Jungle Jim (más aventuras en la jungla, rodeado de fieras, valientes féminas y enemigos implacables) no lo fue menos, y en estas maravillosas páginas seremos testigos de su brutal evolución, que lo convirtieron en uno de los Grandes de la Viñeta.

Para concluir, reseñar que la enorme tarea de recuperar, coordinar esta línea, ha recaído en el escritor gaditano Rafael Marín (como ya nos explicó hace poco en la Feria del Libro) que, junto a un equipo formado por Jesús Yugo, José Joaquín Rodriguez , Diego de los Santos y Diego García Cruz, están realizando una auténtica labour of love para que los lectores podamos disfrutar de estos clásicos, auténticas maravillas del Noveno Arte.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios