FRANCISCO JAVIER EGEA, investigador de la Universidad de Almería

"La solución del planeta está en Almería: producir mucho con pocos recursos"

  • Egea parte de su experiencia científica orientada al sector agroalimentario para afirmar que el secreto para alimentar la población en el año 2050 está bajo los plásticos del Poniente y no en devastar bosques para crear tierras tierras de cultivo

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La Universidad de Almería ha convertido en ventaja ser pequeña y joven porque le ha permitido estar más en contacto con su entorno inmediato. Esta proximidad física e intelectual ha facilitado que un sector tan tradicional como la agricultura incorpore con relativa sencillez innovaciones tecnológicas y, al tiempo, que el cuerpo científico de la institución evolucione en la dirección que exige el tejido productivo. La propia carrera científica del químico Francisco Javier Egea demuestra este recorrido. Comenzó investigando en el campo de la seguridad alimentaria, después exigía alimentos que mejoraran la calidad de vida y entró en el estudio de los compuestos beneficiosos. El consumidor aplaudía los lácteos con bífidus o determinados ácidos grasos, así que por qué no ofrecerle también un tomate o una berenjena con más antioxidantes. A esas inquietudes iniciales ha agregado ahora la sostenibilidad: producir más con menos. Cree que la agricultura intensiva de Almería, convertida en la despensa de Europa con una producción anual de tres millones de toneladas, tiene la fórmula para alcanzar los retos marcados por la FAO para 2050: alimentar la población mundial sin devastar el planeta. Sólo hace falta que la agricultura bajo plástico mejore su imagen.

–¿La seguridad alimentaria está resuelta?

–En los años 90 existía mucha inquitud. Había problemas de alertas alimentarias por plaguicidas. A día de hoy, sin embargo, el resultado es que la provincia de Almería es posiblemente la que mejor controla los residuos de plaguicidas en frutas y hortalizas del mundo. En ninguna parte del planeta hay tanta intensidad de laboratorios como en Almería y el 80% de ellos tienen su origen directo o indirecto en la Universidad de Almería, porque o hemos ayudado a montarlos o porque hemos asesorado a sus gerentes. Por ejemplo, el laboratorio Analítico Bioquímico de Almería, que tiene delegaciones en toda España, surgió de la universidad. Esta universidad ha intervenido de una manera muy imprtante en el posicionamiento de Almería en el sector de la seguridad alimentaria. Ha desarrollado métodos analíticos y lo seguimos haciendo, ha ayudado a que la producción sea segura, que cumpla las reglas y normas más exigentes y que sus productos sean de confianza.

-Pero la investigación en torno a los plaguicidas fue sólo el punto de partida.

-Una vez que estamos en esa trayectoria, aunque sigamos en ella, surgen otras necesidades. Hace 10 año se empieza a hablar de los productos buenos  para la  salud. La alimentación y la salud aparecen íntimamente relacionadas y el sector quiere ganar competitividad precisamente ahí, porque ahora todo el mundo quiere vivir 80 años y además vivirlos bien, sano y activo. Nosotros teníamos una metodología para estudiar los compuestos tóxicos que era parecida a la que se utiliza para investigar los compuestos beneficiosos. Son métodos analíticos que ponen en evidencia qué fitoquímicos son beneficiosos. Ese es ya el 50% de mi trabajo.  

–¿La crisis del pepino hizo mucho daño?

–Fue un problema de imagen tremendo para la producción de Almería porque deja en la mente del consumidor la idea de que puede ser perjudicial a largo plazo. Cuesta mucho ganarse la confianza y un asunto como ese, que tuvo tanta difusión, hace que la pierdas en cinco minutos. Por eso ahora, y al hilo de todo, esto hay otra línea de trabajo que está dando buenos resultados: la sostenibilidad agroalimentaria. 

–Todo el mundo habla de sostenibilidad, pero ¿qué es?

–La FAO (organización de Naciones Unidas para la agricultura) y la Comisión Europea señalan que a partir de 2020 y, sobre todo, a partir de 2050 habrá importantes problemas para alimentar una población mundial que tendrá 2.000 millones de habitantes más que ahora. Faltan tierras de cultivo y esa es la explicación de  por qué grandes corporaciones internacionales y China están comprando muchísimas tierras de cutlivo en África. Se prevé un gran incremento de la demanda de tierras para cultivar comida y será una gran irresponsabilidad no hacer nada sabiendo que no habrá alimentos para todos. En todos los foros, plataformas y encuentros internacionales se anima a que se creen nuevas líneas de investigación para resolver ese problema.

–¿Hay una solución desde el Sur?

–Sólo en Almería y en una superficie de 30.000 hectáreas se cultiva en algunos momentos el 70% de la producción de frutas y hortalizas que se consume en Europa gracias a la agricultura intensiva. Si se utilizaran sistemas tradicionales necesitaríamos miles de hectáreas para alcanzar esa misma producción.

–¡La respuesta está bajo plástico!

–El problema es que la agricultura intensiva tiene muy mala imagen, a pesar de que alimenta a media Europa y pone en el mercado frutas y verduras a un precio asequible. Necesitamos mejorar la imagen de esta agricultura eficiente, hacer ver que lo importante es producir mucho con pocos recursos: con poca agua, pocos fertilizantes y pocos fitosanitarios. Eso es la agricultura sostenible. Basándonos en la tecnología y en el conocimiento tenemos capacidad de poner en el mercado alimentos a un precio asequible y ese es el reto que nos pide la FAO para 2050. Si queremos alimentar a la población hay que investigar en producción eficiente, no cargarse todos los bosques para tener tierras de Cultivo. 

–¿Tienen ya proyectos?

–Tenemos en Colombia y Perú para detectar necesidades tecnológicas orientadas a la sostenibilidad agríola y en Almería hemos desarrollado una herramienta de producción que incrementa la eficacia de los recursos. Se trata de un softwareon line a disposición de los agricultores para que rellenen un cuestionario. Después realizamos una visita a las fincas y cuantificamos el nivel de sostenibilidad y las necesidades de formación y tecnología. Ahora lo tenemos en fase piloto en algunas fincas y, además, hemos establecido contactos con supermercados internacionales para que planteen la estrategia comercial de este sistema y estudien cómo lo perciben los consumidores.

–Agricultores, software on line... ¿No era este un sector demasiado tradicional y refractario a los cambios?

–Los agricultores son muy receptivos  a cualquier cosa nueva, pero no se fían de usarla hasta que no le ven la ventaja, por eso nosotros planteamos proyectos casi finalistas. Por ejemplo, si tenemos un tomate con más antioxidantes no le decimos ahí está ese tomate, porque él se preguntará cómo va a venderlo. Lo que hacemos es decirle también cómo puede venderlo mejor. Integramos todos los aspectos de toda la cadena alimentaria, la comunicación y hasta la logística.

–¿Tienen, entonces, un modelo propio de transferencia del conocimiento?

–Nunca me lo había planteado así, pero tal vez sí. A la Universidad de Almería ser pequeña y reciente le ha hecho estar muy en contacto con su entorno. Esto se ha convertido en una característica fundamental, en una seña de identidad. Desde el principio la investigación ha tratado de resolver los problemas del sector agroalimentario. Llevamos ya muchos años en contacto con las empresas y al final de alcanza un nivel de confianza grande. Sabemos lo que quieren y cómo lo quieren. La ventaja de la crisis...

–¿La crisis tiene ventajas?

–No, no qué va, pero al perderse fondos ya no se investiga tanto en lo que nos parece o nos interesa, sino que se intenta que el trabajo sea más rentable.

–¿Es muy complicado arañar fondos?

–No vivimos solo de la financiación pública.También nos financian empresas: multinacionales de las semillas o aquellas que quieren conseguir, por ejemplo, variedades de berenjenas o tomates más ricos en antioxidantes.

–¿Siguen las empresas invirtiendo?

–Las que realmente están interesadas en la investigación y su objetivo no es la ayuda o la subvención, sí.  A esas les da igual si hay o no financiación pública porque apuestan y creen en la investigación. Por ejemplo, el Laboratorio Analítico de Bioquímica que comentaba antes nos financia el desarrollo de metodologías porque luego las puede llevar al mercado y comercializarlas.

–La Universidad de Almería trata de agrupar en BITAL (centro de biotecnología agroalimentaria) del que usted es subdirector la investigación en este campo. ¿Cómo funciona?

–Se creó hace tres años y ahora tenemos 70 investigadores, porque no integramos a grupos, sino a investigadores individuales. Tenemos previsto hacer en breve otra convocatoria para adscribir más. Tiene una filosofía de trabajo proactivo porque no damos nada, sino que ampliamos la perspectiva integrando al científico en grupos más grandes y multidisciplinares. Por ejemplo, si juntamos genética, química analítica, comunicación y estrategia comercial ampliamos muchísimo la visión de un proyecto y le damos capacidad para integrar expertos de áreas que antes no se hubieran visto ni en la cafetería. Otro ejemplo: la sostenibilidad la abordamos desde el punto de vista de la producción, las aguas, fertilizantes, TIC para desarrollar herramientas nuevas y más potentes. Además, funcionamos como centro de contacto porque tenemos relación con plataformas tecnológicas europeas y nacionales, estamos al tanto de las convocatorias de I+D de la Unión Europea, de las previstas para las pymes y las grandes empresas. Tenemos un mapa de la financiación en Europa bastante bueno.

–Si se creó hace tres años, no fue en el mejor momento. 

–Desde el punto de vista económico BITAL nació en el peor momento. Si hubiera surgido antes posiblemente se hubiera creado con un presupuesto alto que permitiera proyectos propios de investigación, pero hemos empezado el camino con cero euros, buscándonos la vida con las empresas y organismos europeos.

–¿Cómo les ha ido?

–Teniendo en cuenta que el primer año lo empleamos en crear la estructura y normas de funcionamiento no nos podemos quejar. hemos logrado seis proyectos y contratos por un importe de 400.000 euros y tenemos varios más solicitados a la Unión Europea.

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