Avanzar es posible, aún en contra de los elementos

Teodoro Luque Martínez

Coordinador del campus de excelencia internacional BioTic  

Comienza un nuevo año, 2015, el año de referencia de la Estrategia Universidad 2015, y que llevaba por subtítulo Contribución de las universidades al progresos socioeconómico español. En ella ocupó un espacio destacado la iniciativa de Campus de Excelencia Internacional, que propició que las universidades españolas protagonizaran un proceso de reflexión y de elaboración de proyectos estratégicos en colaboración con agentes públicos y privados de su entorno.

Este proceso levantó grandes expectativas, baste recordar las sesiones de presentación de los respectivos proyectos en los años 2009 y 2010, y ha tenido sus aspectos positivos y otros no tanto, pero de esta experiencia se extrae un aprendizaje interesante.

La Universidad de Granada (UGR) lideró el proyecto de Campus de Excelencia Internacional CEI BioTic, que recogía un conjunto de acciones para alcanzar objetivos ambiciosos y que se podían resumir en alcanzar una posición en los rankings internacionales. Es cierto que esto es una simplificación. Para empezar los rankings no lo son de universidades sino de atributos de las mismas. No obstante, observar la evolución de la posición en los rankings internacionales (aunque sea una medida aproximada) a lo largo del tiempo, nos da una idea del desempeño de las universidades, en suma de la evolución de los resultados derivados de su funcionamiento.

El caso es que en el proyecto CEI BioTic se estableció como objetivo que la Universidad de Granada se situara entre las 300 primeras universidades del mundo y entre las 100 primeras de Europa en los rankings internacionales. Era algo bastante difícil de conseguir puesto que significaba mejorar en unas 150 posiciones, dependiendo de la clasificación elegida. Pues bien, en 2014 y para los rankings internacionales que miden indicadores objetivos (básicamente relativos a producción científica) como son ARWU de Shanghai, NTU de Taiwan, URAP de Turquía, CWTS de Leiden o el Scimago Research, el logro de este objetivo tiene bastante de realidad. En el ARWU, la Universidad de Granada ocupa la posición 326 del mundo. Aunque en una versión alternativa, que elimina la incidencia de los premios Nobel, que cada vez goza de mayor aceptación, la posición de la UGR es la 278 del mundo y la 107 de Europa. En el Scimago de instituciones (incluye instituciones de investigación como el CSIC, por ejemplo), la posición de la UGR es la 305 pero si solamente se tienen en cuenta universidades entonces la posición es la 262 del mundo y la 96 de Europa. Para el resto de los referidos, la UGR está entre las 300 primeras del mundo incluso entre las 250 como es el caso del ranking de Leiden y el de URAP. También está entre las 100 primeras de Europa en el ranking de Leiden y muy próximo a ese objetivo en los otros (104 en URAP y 126 en NTU).

Esta meta no era nada fácil teniendo en cuenta el lugar de partida. La Universidad de Granada ha sido una de las dos universidades españolas que más ha subido, si no la que más, en los rankings internacionales y todo ello en un contexto difícil de crisis nacional y de financiación. En concreto, de las universidades que aparecen en el ARWU y que lideran un proyecto CEI las dos que más han subido son las universidades de Pompeu Fabra y la de Granada.

La iniciativa de Campus de Excelencia Internacional ha tenido una evolución de más a menos en intensidad, y a nada en financiación. Pero su objetivo inicial de que las universidades españolas y el sistema universitario español sean mejor valorados internacionalmente, así como los desafíos que abordaba, siguen vigentes: la búsqueda de la excelencia, la internacionalización, la especialización, la conexión con el entorno y, en suma, como dice el lema del CEI BioTic “el compromiso por un desarrollo compartido”.

Se ha instalado en la sociedad española el mensaje de que no hay ninguna universidad del país entre las 150 o incluso entre las 200 primeras del mundo, nada se dice sobre las posiciones que ocupan respecto a recursos, y no ya de las que están por delante sino de las que vienen emergiendo y que multiplican por varias veces los gastos por estudiante de universidades españolas.

En fin, en todo esto influyen los recursos (no de un solo año) pero no hay que olvidar que también influye la autonomía y la gestión. Aunque no sea fácil y para ello es necesario planificación y recursos, la experiencia de la evolución de la UGR muestra que es factible avanzar en posiciones. Varias universidades españolas pueden entrar en ese club de 150 con un plan a medio plazo y recursos. La Universidad de Granada se encuentra en una buena posición para ser una de ellas.

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