TRIBUNA DE ABRIL DE 2014

Nuevas demandas sociales para la universidad en tiempos complejos

Manuel Parras Rosa

Rector de la Universidad de Jaén

Dice Juan A. Vázquez, quien fuera presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), que la institución universitaria no puede vivir sin renovarse. En efecto, a las misiones universitarias esenciales que señala Ortega, esto es, la enseñanza de las profesiones intelectuales, la transmisión de la cultura, la investigación científica y la educación de nuevos hombres de ciencia, las universidades hemos incorporado otras que nos demanda la sociedad, tales como la inserción laboral y el fomento del espíritu emprendedor, la atención a la diversidad, la movilidad internacional, la divulgación científica y la transferencia de conocimiento al tejido productivo, la tercer misión universitaria que, en realidad, debería ser la cuarta.

Sin embargo, creo que hemos de hacer mucho más de lo que hacemos en otra misión esencial, como es ejercer el liderazgo social, porque, como bien apunta Marcellán, aunque individualmente algunos profesores universitarios aportan sus conocimientos para abordar problemas cotidianos de la sociedad, la institución universitaria ha de asumir el compromiso de ser un referente en los temas en los que su conocimiento pueda contribuir a la mejora de las condiciones de vida de la ciudadanía. Hay que establecer foros orientados a la reflexión seria y rigurosa de los problemas en los que estemos en condiciones de aportar criterios serios y rigurosos, contrastar y validar alternativas, interaccionar con la ciudadanía a la que hay que dotar de instrumentos que faciliten la configuración de criterio autónomo y propio y, sobre todo, servir de referente en unos momentos en los que la autoridad moral del conocimiento se ve superada por la autoridad actual de la frivolidad y la ocurrencia, convenientemente amplificadas. Se nos demanda, con razón, que analicemos críticamente, siempre con pautas científicas y con vocación intelectual, la sociedad a la que pertenecemos. Como acertadamente apunta Vivanco Díaz, “la institución universitaria entrará en crisis no tanto cuando no logre los recursos necesarios para su supervivencia, sino en la medida en que no sea capaz de dar respuesta a las nuevas demandas sociales que le acechan” porque “si la superación de la crisis económica implica una reformulación del modelo productivo actual, exige también, de modo paralelo, un replanteamiento de los paradigmas universitarios dominantes para ubicarlos eficazmente al servicio de las necesidades más apremiantes de la sociedad y sobre todo de los colectivos más desfavorecidos”.

Y todas estas responsabilidades universitarias hemos de desempeñarlas en el marco de un plan estratégico en el que se explicite lo que una universidad quiere ser y, por lo tanto, hacer a medio y largo plazo, y rindiendo cuentas a los poderes públicos y a sociedad, en general, del trabajo realizado. Ello implica, como también señala Marcellán, un ejercicio de responsabilidad colectiva en el seno de la comunidad universitaria que debe ir más allá de que cada uno de sus componentes nos limitemos a realizar nuestro trabajo cotidiano y, por consiguiente, nos dispongamos a cooperar de manera activa en un proyecto común que, basado en la reflexión, el debate y la acción, potencie la aportación individual en una dimensión global de identidad colectiva.

En definitiva, saber lo que queremos ser exige un proyecto bien definido colectivamente, con vocación de duración. En este contexto, se enmarca nuestro II Plan Estratégico, 2914-2020, recientemente aprobado por el Consejo de Gobierno.

Y concluyo ya. Estos desafíos hemos de planteárnoslos en un escenario desalentador, como consecuencia los recortes que venimos sufriendo. Vivimos tiempos difíciles, pero es en estos momentos cuando las universidades hemos de estar más convencidas del papel que hemos de desempeñar, cuando el pacto con la sociedad ha de ser más visible, cuando más hemos de reforzar nuestro papel como servidores públicos y, para ello, nada mejor que pensar en la ciudadanía y en las expectativas que tiene depositadas en nosotros.  

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