TECNOLOGÍAS DE FUTURO

Robots con acento andaluz

  • Las universidades públicas andaluzas están a la cabeza nacional en disciplinas como robótica e inteligencia artificial

  • Aplicaciones médicas, de rescate o sociales son sólo algunas de las que se investigan en Andalucía

El catedrático Alfonso García Cerezo junto a uno de los robots. El catedrático Alfonso García Cerezo junto a uno de los robots.

El catedrático Alfonso García Cerezo junto a uno de los robots.

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Los robots del futuro ya están aquí. Y muchos tienen acento andaluz. Pero lejos de la imagen que ha dado la literatura y el cine de ciencia ficción, estas máquinas no tienen forma humana, ni pasean por la calle llevando la compra. La robótica actual ha demostrado tener un amplio abanico de aplicaciones pero de forma muy diferente a la que se imaginaron escritores y guionistas. Y muchas de las investigaciones más importantes a nivel nacional se desarrollan en las universidades públicas andaluzas. "Creo que el papel que ocupamos en Andalucía está a la cabeza en España. Quizás salimos menos en los medios, no nos gusta demasiado, pero es importante subrayar que tenemos un papel importantísimo en la robótica nacional", explica Anibal Ollero, que trabaja en la disciplina desde los años 80 y que actualmente coordina varios proyectos a nivel europeo desde la Universidad de Sevilla, además de ser presidente de la Sociedad Española de Investigación y Desarrollo en Robótica y miembro del comité directivo del Board of Directors de Eurobotics, la sociedad europea de robótica.

"Andalucía es una potencia en el campo de la robótica. Algunos de los proyectos más interesantes se desarrollan en la región", insiste Jesús Fernández, director de la Escuela Superior de Ingeniería Industrial de la Universidad de Málaga. Es allí, precisamente, donde se imparte el grado de Electrónica, Robótica y Mecatrónica, como también lo hace en la Universidad de Sevilla. Se trata de unos estudios impulsados hace cinco años dentro de Andalucía Tech, campus de excelencia puesto en marcha por las universidades malagueña y sevillana. Allí se ofertan 65 plazas cada año y en 2016 ya terminaron sus estudios los primeros egresados. "Es una oferta con un planteamiento muy original e importante, que se puede asemejar a estudios que se ofrecen en grandes universidades de Estados Unidos", añade Fernández, que también es profesor del Área de Ingeniería de Sistemas y Automática. Y, aunque Málaga y Sevilla, incluida la Universidad Pablo de Olavide (UPO) son punta de lanza en robótica andaluza, Jaén o Granada también cuentan con proyectos de interés. "Las cosas se están haciendo bien y en todas las universidades hay grupos de investigación con trabajos interesantes, muchos con financiación europea, lo que demuestra el buen trabajo", añade por su parte Luis Merino, profesor titular del Área de Ingeniería de Sistemas y Automática de la UPO.

Un repaso a algunos de los principales proyectos de robótica que se desarrollan en Andalucía permiten entender la importancia de la región en la disciplina a nivel nacional y europeo. Merino, por ejemplo, trabaja en dos proyectos. Uno de ellos se llama SIAR (siglas de Sewer Inspection Autonomous Robot, es decir, Robot autónomo de inspección de alcantarillado) y cuenta con una financiación de la Comisión Europea de algo más de medio millón de euros. En esta iniciativa, en la que también participa la Universidad de Sevilla (US) y la empresa portuguesa IDMind, que lidera el proyecto, se trabaja para el desarrollo de robots autónomos para la inspección de grandes alcantarillas. Este robot será capaz de hacer mapas en 3D de las alcantarillas, percibir obstáculos y detectar cuándo están obstruidas o dañadas, lo que ayudará al ser humano en un trabajo difícil y que, en ocasiones, se desarrolla en condiciones penosas. "Son robots capaces de moverse solos y que vamos a probar en entornos poco salubres", asegura Merino. De hecho, en alrededor de un año se espera que se realice una prueba real en el sistema de alcantarillado de Barcelona, concretamente, en una zona cercana al Mercado del Born. El segundo proyecto europeo, denominado TERESA (TElepresence REinforcement-learning Social Agent, 2013-2016) y que cuenta con un cuarto de millón de euros de financiación, ayudará a personas mayores a mantener contactos e interacciones sociales, permitiéndoles participar remotamente en actividades en centros de día. Pero también servirá a alumnado que por enfermedad no pueda acudir a clases, entre otros usos. "Será como un Skype con ruedas, pero lo que tiene de especial es que será un robot capaz de aprender de la interacción con el usuario", subraya Merino. El proyecto se está demostrando actualmente en un centro de día para personas mayores en Troyes, Francia.

En Sevilla también es referencia el Grupo de Investigación Robótica, Visión y Control, del departamento de Ingenierías de Sistemas y Automática de la US. Liderado por el investigador Aníbal Ollero, el equipo desarrolla tecnología puntera a nivel mundial en el campo de la robótica aérea. Son pioneros en el uso de robots aéreos manipuladores, es decir, que pueden volar y realizar alguna tarea a la vez, como posarse en un puente a gran altura y realizar un escáner de ultrasonidos. También trabajan en la cooperación entre estas máquinas y en el desarrollo de nuevos robots aéreos que puedan manipular de la misma manera que lo hacen los seres humanos, pero en este caso don dos brazos manipuladores. Toda su trayectoria ha servido para ser elegidos para participar en una de las mayores competiciones internacionales de robótica aérea y terrestre conocida como MBZIRC (The Mohamed Bin Zayed International Robotics Challengue), que tendrá lugar en Abu Dhabi el próximo mes de marzo y está organizada por la Universidad de Khalifa, siendo uno de los pocos equipos de todo el mundo que han obtenido, además de la selección, la financiación de su participación en el evento. Precisamente, la cooperación entre robots aéreos o la destreza al aterrizar en objetos en movimiento serán algunas de las capacidades que se evaluarán en la competición, que otorga dos millones de dólares en premios.

Otra forma en la que robots terrestres y los drones están ayudando a las personas es en el rescate tras desastres naturales. En la Universidad de Málaga (UMA) trabajan en un proyecto para desarrollar un robot que sea el primero en llegar a la zona afectada, decida si se puede visitar o no por personas, qué circunstancias hay en el ambiente, haga una evaluación de las posibles víctimas y, en definitiva, permita obtener información sobre qué se va a encontrar el equipo humano que se desplace hasta allí. "Tenemos robots de tierra y aéreos que pueden trabajar coordinados. Entre ambos generan mapas y valoraciones que se transmiten a un centro de control donde habrá personas que, en base a la información obtenida por las máquinas, pueda coordinar la actuación y planificar la intervención", cuenta Alfonso García Cerezo, director del departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática de la UMA y que ya ha desarrollado otros robots similares que han sido testados en diferentes simulacros con equipos de emergencias.

íctor Muñoz, con un brazo robótico perteneciente a un proyecto anterior. íctor Muñoz, con un brazo robótico perteneciente a un proyecto anterior.

íctor Muñoz, con un brazo robótico perteneciente a un proyecto anterior. / JAVIER ALBIÑANA

Además de robótica de rescate, la UMA centra su trabajo en el campo asistencial y el médico. De hecho, en este último destaca el trabajo realizado por el equipo liderado por Víctor Fernando Muñoz, Catedrático en el Área de Ingeniería de Sistemas y Automática. Él fue en llevar a quirófano, en 2004, al primer robot español de asistencia de cirugía laparoscópica. Pero su labor de investigación en robótica aplicada a la cirugía mínimamente invasiva no ha hecho más que crecer desde entonces. Ahora trabaja en tres diferentes proyectos. El primero, conlleva la puesta en marcha de un robot para el Hospital Reina Sofía de Córdoba y que está ya en fase de prueba para comprobar que supera todos los test antes de su uso con seres humanos.  En este caso, Muñoz forma parte del enorme equipo incluido en el Proyecto BROCA, que lidera la Universidad de Córdoba junto al Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (Imibic), además de personal del hospital cordobés y la empresa Tecnalia, adjudicataria del proyecto. El segundo, para el que recientemente ha obtenido financiación, busca desarrollar un robot que permita operar tumores cerebrales a través de las fosas nasales. Y en el tercer caso trata de desarrollar un minirobot que se introduce por el ombligo y se puede mover por el cuerpo gracias a un imán que se mueve desde el exterior, que contará además con capacidad de aprendizaje analizando los movimientos del cirujano.

El aprendizaje de los robots es uno de los campos donde más se está trabajando. Actualmente, no se ha conseguido que estas máquinas piensas por sí solas, pero sí que aprendan de la experiencia. Quizás no en un sentido literal (el robot no sabe que está aprendiendo) pero su día a día le permite aprender a solucionar problemas, prácticamente al modo de ensayo y error: si un robot debe ir de un punto a otro y por medio hay una pared, si no está programado para sortearla, la primera vez chocará contra ella, pero la segunda vez recordará lo que había y la evitará. No es que haya pensado tomar otro camino, si no que aprendió de su error la primera vez. "Hay quien dice que es imposible que una máquina piense como un humano, entre otras cosas porque no es necesario que lo hagan: ¿Para qué enseñar a las máquinas a sentir cuando el sentimiento es una debilidad humana desde el punto de vista de la productividad? La máquina no tiene sentimientos y, así, no se desvía de su tarea", cuenta Luis Miguel Soria perteneciente al Grupo de Investigación de Sistemas Informáticos de la Universidad de Sevilla (US). Su trabajo es buen ejemplo del aprendizaje robótico. El docente participa actualmente en dos líneas de investigación junto a su equipo: una centrada en la movilidad y otra en la salud. En este último caso, se han centrado en el desarrollo de una máquina que permita diagnosticar el Parkinson a través de criterios objetivos. Y que, una vez diagnosticado, el robot pueda ayudar tanto en su tratamiento para que el enfermo pueda recibir la mejor y en la cantidad más idónea. Algo que realiza gracias a la Inteligencia Artificial, a ese aprendizaje que el robot hace gracias a los muchos datos que puede analizar. "Lo que nosotros hacemos es enseñar a la máquina a aprender, le damos lo necesario para adaptarse a las características de cada usuario concreto, para que sepa que no todo es blanco o negro, sino que hay un gris con muchas gamas", añade Soria. Eso sí, es un aprendizaje basado en probabilidades, en algoritmos. "Para que una máquina sepa distinguir una cosa de la otra, hay mucho trabajo de informáticos y matemáticos detrás. Ellos son los encargados de generar los algoritmos que permite a las máquinas aprender", añade Soria.

El aspecto social de los robots es también la base del trabajo que realiza el grupo de investigación de Sistemas Inteligentes Basados en Análisis de Decisión Difusos (SINBAD2), en el que trabaja Macarena Espinilla, investigadora de la Universidad de Jaén. Su trabajo consiste en la búsqueda de soluciones tecnológicas para hacer recordatorios a las personas a través de las tecnologías de la información y la comunicación. "Sobre todo orientadas a personas con algún tipo de problema cognitivo, desde demencia a simplemente problemas por vejez", explica la científica, que cree que el proyecto puede ayudar "a personas que pueden desenvolverse en casa pero que a veces tienen pequeñas dificultades". Una labor que realizan a través de diferentes disciplinas, como la robótica o la inteligencia ambiental, un campo más amplio que se nutre de computación ubicua, de inteligencia artificial y otras disciplinas. "Nuestro proyecto consiste básicamente en desplegar multitud de sensores en un ambiente, unos procesos de razonamiento y una actuación", cuenta la investigadora. Una voz que avisa de que la vitrocerámica está encendida en cuanto se abre la puerta de la calle o un frigorífico durante más tiempo del habitual para buscar algo en él, son algunos ejemplos de ello. El buen trabajo realizado por el grupo al que pertenece Macarena Espinilla se ha confirmado con la reciente obtención de uno de los más prestigiosos proyectos europeos en la línea de innovación e intercambio de personal dentro de la acción Marie Sklodowska-Curie RISE. Con la relevancia, además, de ser el primer proyecto a nivel europeo que se concede a la Universidad de Jaén en la línea de I+D+i del Programa Horizonte 2020 de la Comisión Europea. 

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