Uptodown: cinco reglas para cautivar a 70 millones de internautas

  • José Domínguez y Luis Hernández crearon siendo estudiantes de la Universidad de Málaga una plataforma para sus aplicaciones · Ahora gestionan 50 millones de descargas al mes.

Luis Hernández (delante) y José Domínguez, cofundadores de Uptodown. / YHASMINA GARCÍA

Uptodown nació para resolver los problemas de José Domínguez y Luis Hernández. Era 2003 y ambos, entonces estudiantes de Informática en la Universidad de Málaga, invertían horas y talento en crear aplicaciones para Windows que después no podían hacer llegar más allá de su círculo de conocidos. Ahora tienen 70 millones de visitas al mes, 50 millones de descargas, albergan 200.000 ficheros y 35.000 análisis profesionales de aplicaciones. Su actividad es planetaria y prueba de su reconocimiento es que el Massachusetts Institute of Technology (MIT) tiene un acuerdo con ellos para que sus alumnos publiquen en su plataforma sus apps.

Ambos participaron a finales de marzo en la Hackers Week que por segundo año consecutivo han organizado los estudiantes de la Escuela de Informática para ofrecer a los alumnos del centro el mismo acuerdo que tienen con el MIT: un escaparate en el que mostrar a un millón de usuarios sus aplicaciones. También aprovecharon para desactivar parte del ruido que distorsiona el emprendimiento.

"La nuestra es una historia corriente" subrayaba Luis Hernández para despejar de épica una trayectoria que han recorrido con recursos propios, sin subvenciones ni ayuda institucional, salvo para una estancia de tres meses en Harvard para conocer cómo se fragua la cultura universidad/empresa en Estados Unidos.

Los dos socios de Uptodown extraen de su experiencia cinco reglas de oro, algunas capaces de poner al borde del infarto a los gurús de las escuelas de negocios. La primera es no perder tiempo ni esfuerzo en un plan de negocios. De acuerdo con su experiencia, el emprendedor tecnológico debe centrarse en su prototipo o aplicación. "El plan de negocio nadie lo lee y lo más probable es que en tres meses esté desfasado. Hay que hacer cosas", explicaba Luis Hernández, en alusión a un sector que cambia a velocidad meteórica. Solo hay que tener en cuenta que Uptodown nació para la carga y descarga de recursos para Windows y ahora, fundamentalmente, contiene aplicaciones para móviles: juegos y, en menor medida, app de comunicación y multimedia.

La segunda regla es elegir bien el equipo. "Las probabilidades de éxito cambian enormemente con un compañero que te entienda". La mejor prueba son los 12 años de relación ininterrumpida entre Luis Hernández y José Domínguez, durante los cuales tareas y responsabilidades se han ido distribuyendo casi por instinto: estrategia y gestión de equipo hacia el primero y la responsabilidad técnica hacia el segundo. Este es un orden informal en un equipo en el que "todos hacemos de todo".

La tercera regla es ser ambicioso. "Yo no soy un gran líder y mi equipo es mejor que yo. Si están conmigo es porque somos ambiciosos", admitía Luis Hernández. No obstante, la ambición económica es un asunto muy secundario. Nunca ha sido el motor que los ha puesto en marcha porque ellos lo que aspiran es a "cambiar el mundo". Esta actitud es más que una declaración de intenciones. Hasta ahora han recibido dos propuestas de compra. Una formulada por el grupo Planeta que les ofreció 13 millones de euros y otra de un grupo alemán que ponía sobre la mesa seis millones. En ambas ocasiones dijeron no. "Demasiada letra pequeña".

Durante este recorrido, no obstante, no todo han sido rosas. En un negocio como este en el que la inversión de entrada es reducida alcanzar el punto de equilibrio es fácil. Sin embargo, sufrieron el síndrome del éxito mortal: un crecimiento tan rápido que obstaculiza la marcha. Fue un tiempo complicado. Tuvieron que despedir a empleados, prescindir de sus sueldos y recurrir a los ahorros, pero antes de 12 meses habían resuelto el escollo y vuelto a la senda de los beneficios. Ambos reconocen que la edad ayudó a superar el trago. "No es lo mismo emprender cuando eres estudiante que cuando tienes 40 años. Pierdes menos y, de alguna manera, tiras de irresponsabilidad".

El cuarto consejo de Luis Hernández es divertirse. "Si no te diviertes con lo que haces no es posible salir adelante. Tienes que disfrutar".

Finalmente, la quinta clave es buscar un "evangelizador". "Cuando empiezas nadie quiere usar tu aplicación, proyecto o web, careces de masa crítica y no sabes a dónde acudir. Necesitas alguien que sirva de plataforma de conocimiento". En este punto es donde se sitúan ellos mismos y Uptodown. Es cierto que cualquiera puede acceder a Google Play, pero también es cierto que la tienda del gigante de Mont View contiene 1,5 millones de aplicaciones y que enfrentarse a ese laberinto puede ser "peligroso" para un programador novel. "Una simple valoración negativa de un usuario hundirá para siempre la aplicación". La ventaja que ofrece Uptodown reside en la posibilidad de llegar a un millón de usuarios para que prueben las apps, el análisis de sus editores y su flexibilidad con la virtud añadida de que pasar por esta plataforma no impide hacerlo también en Google Play.

La empresa, con sede en Málaga, cuenta con 10 empleados y 30 colaboradores repartidos en equipos de dos o tres personas por todo el mundo para atender sus diferentes mercados. India es el principal, seguido de Brasil y México. Detrás se sitúan España y Estados Unidos. En China el crecimiento llegó a ser espectacular pero el peso del régimen y su desconfianza sobre el material que se descarga, mayoritariamente relacionado con fórmulas para sortear los controles políticos, ha frenado el avance.

Luis Hernández y José Domínguez acudieron el martes a la llamada de los estudiantes de Informática para participar en la Hackers Week, que entre el lunes y el miércoles ha combinado conferencias, talleres y competiciones con el gancho, además, de traer a Málaga por primera vez las gafas de realidad virtual Oculus Rift. La intención de los empresarios era ofrecer a los alumnos su plataforma mientras descubren el camino para firmar con la Universidad de Málaga un acuerdo similar al alcanzado con el MIT. 

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