JOSÉ MARÍA O´KEAN, CATEDRÁTICO DE ECONOMÍA APLICADA

"La temporalidad condena a los jóvenes a trabajar 12 horas por menos de 1.000 euros"

  • José María O´Kean, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Pablo de Olavide, afirma sin atisbo de duda que la crisis tiene salida. Empieza aceptando que el pasado no vuelve. A partir de ahí propone reducir la Administración, porque “hay una burbuja de cargos públicos”, imponer el contrato único, mejorar la formación de los trabajadores para que generen valor en la empresa y comprender que hemos llegado a un mundo nuevo en el que no se paga por un producto bueno, sino por un producto que transmite sensaciones.

–¿Tiene salida la crisis?

–¡Claro! Poco a poco, despacito... La economía siempre termina saliendo, lo que pasa es que España ha escogido la manera más dura. Como no podemos hacer devaluaciones, la opción es moderar los salarios, ser más flexibles, generar más valor y exportar más, y eso cuesta.

–¿Hemos escogido la peor manera o era la única disponible?

–Europa nos condicionaba porque no podemos devaluar la moneda como en el pasado. En la crisis del 82 tuvimos dos devaluaciones y cuatro en el 93-94. Nuestro modelo era crecer durante un tiempo y cuando la economía se desajustaba devaluábamos la moneda, nos ajustábamos y seguíamos creciendo. Entre 1982 y 1992 crecimos con una obra pública y endeudamiento del Estado: las olimpiadas, la Expo de Sevilla, el AVE, las autovías.... A partir de 1993 se creció con la vivienda y el endeudamiento de las familias, pero siempre en el mismo sector: la construcción. Ahora llega la crisis de 2009 y no hay devaluaciones. Además hay una crisis financiera mundial y la construcción requiere muchísima financiación. Se nos cae el mundo encima porque nuestro modelo económico resulta inviable. Si no hubiéramos estado en el euro hubiéramos devaluado la moneda, pasado dos años malos y vuelto a crecer sin llegar a un desempleo tan masivo. La crisis no hubiera sido tan larga.

–Pero estamos en el euro.

–Entonces tenemos alternativas como hacer un pacto de renta, ser todos conscientes de que tenemos que moderar salarios, ser más flexibles y ganar competitividad de una forma real, pero no lo hemos hecho.

–¿Entonces?

–Empezamos a echarnos las culpas unos a otros a ver quién era el más responsable. Aparecieron los casos de corrupción que quitan legitimidad a la hora de negociar. El Gobierno retrasa el ajuste de la crisis hasta 2010, cuando Europa le dice que no hay más remedio. La mitad del sistema financiero, que eran las cajas de ahorro, estaba en crisis y se retrasa el ajuste también hasta hace un año. Nos negamos a aceptar una realidad que al final hemos tenido que aceptar por las bravas. No hemos sido capaces de ver cuáles eran los condicionantes de nuestra economía, lo que teníamos que cambiar y hacer un gran pacto de cambio. Y seguimos sin hacerlo, con lo cual el ajuste se hace empresa a empresa y persona a persona. Es una salida más caótica.

–¿Más lenta y dolorosa?

–Sobre todo porque no tienes un proyecto de país, no sabes dónde va a ir la economía española dentro de 10 ó 15 años, cada uno va buscando una salida distinta y los intereses de unos chocan con los de otros.

–¿Lo mejor que podría pasar es que hubiera un Gobierno de coalición PP-PSOE, según el modelo alemán o no necesariamente?

–No creo que en España sea posible. Además, un gobierno de coalición si es para hacer lo correcto vale, pero también el Gobierno del PP ha tenido mayoría absoluta, ha hecho algunas cosas pero no se ha metido a fondo.

–¿Ha faltado valor en las reformas?

–No se han tenido claros los problemas. El Gobierno del PP ha pretendido, y de momento está consiguiendo, que no nos rescaten y para eso ha tenido que hacer todo lo que le han ido pidiendo: reforma de las pensiones, del sistema financiero, ajustar dentro de lo posible el déficit, alguna reforma de mercado laboral... Pero el Gobierno no ha tenido una idea de cómo quería que fuera el país. No hemos hecho nada en competitividad, se han intentado algunas reformas, liberalizar cosas, pero no ha sido un cambio de país, aunque también a lo mejor es difícil porque si España es así es porque hay gente a la que le interesa. Este es un país donde todo es muy complicado y necesita simplificarse: mecanismos simples para contratar, para despedir cuando no se le pueda pagar el sueldo al trabajador, para hacer operaciones económicas y comerciales. Necesita simplificación y la gente que tiene que hacerlo no está por la tarea.

–¿Se puede decir que salimos de la crisis con la actual tasa de paro?

–Lo único que podemos decir es que no vamos a seguir cayendo y que estamos empezando a crecer un poco. Sin duda, la gran sorpresa de estos años ha sido la exportación. Empresas que no tenían mercado aquí lo han buscado fuera, lo que significa que tenemos una parte del tejido productivo que es competitivo y que ahí está un poco el futuro de España. Por otra parte, hay personas que sabiendo hacer lo que saben no van a encontrar trabajo, porque el tejido productivo se está canalizando hacia un modelo nuevo y quienes trabajaban en la construcción es difícil que vuelvan a trabajar en ese sector, porque estaba sobredimensionado. Llegó a ser el 20% de la producción cuando lo lógico es que pese un 7% ó un 8%. La construcción se ha caído y no hay un sector que tome el relevo porque el turismo, que es ahora el más potente, es el 9% y no puede duplicarse.

–El sector agroalimentario sí está funcionando bien.

–Sí, en la parte de la exportación, pero es un sector que tampoco genera tanto empleo ni tiene un valor añadido excesivamente alto. No es lo mismo vender aceite que un Mercedes. Los productos agroaliementarios los estamos haciendo con mucha calidad pero, por ejemplo, vendemos el aceite a tres euros, lo envasa otro y lo vende en Estados Unidos a 25 dólares.

–En esta situación, ¿cómo se entiende lo ocurrido en Deoleo? España es el primer productor mundial de aceite, pero el mercado lo tiene Italia y el capital británico se hace con el control de la principal compañía española.

–Deoleo intenta inicialmente, aunque luego aparecen problemas de fraude, adquirir una serie de empresas italianas para que sea el aceite español, a través de empresas con marca italiana, las que tomen una posición mundial hegemónica. Después ocurre que se encuentra con un endeudamiento muy fuerte y tiene que buscar financiación externa y el grupo británico hace la mayor oferta. Dcoop, o sea Hojiblanca, no estaba de acuerdo, ha cogido su dinero y se ha retirado. Ahora tendremos que ver cómo se posiciona Hojiblanca en el mercado, si compra las marcas, si vuelve a la suya o si se va a integrar en algún grupo. Por ahí se sigue pensando que el aceite bueno es de Italia y tendríamos que hacer un esfuerzo porque ahí podríamos generar muchísimo más valor.

–¿De qué manera?

–Los productos tienen dos componentes: hard y soft. La gente no paga por la parte hard, sino por el  soft. ¿Qué es? Las sensaciones que recibe cuando consume algo. El mundo de las sensaciones es el que genera valor y los españoles en el mundo de las sensaciones no somos muy buenos. Si te dedicas solo a la parte hard estás compitiendo en costes y siempre hay alguien en China o en el Norte de África que fabrica más barato. Cuando hablas de soft, no hablas de un coche, sino de que te gusta conducir, de que te miran cuando conduces, de que te sientes seguro... Por eso es por lo que se paga. En el mundo del aceite falta producto soft. Tenemos que cambiar muchas cosas, necesitamos una visión diferente que no es solamente producir aceite y venderlo a granel. Estamos hablando de un consumidor más complejo que tiene una idea híperindividualista de sí mismo y es muy exigente.

–¿Existe o no riesgo de deflación? El Gobierno afirma que no, pero el FMI dice que sí y que es importante.

–El riesgo de deflación existe cuando la economía está cayendo y los precios se hunden. Tenemos que tener claro que hay dos maneras de crecer: con precios hacia arriba o con precios hacia abajo. Si creces con una demanda agregada fuerte, los precios tienden a subir. Los componentes de esa demanda agregada son el consumo, la inversión, el gasto público y el sector exterior. Pero hay otra manera de crecer que es con la oferta agregada: producción, salarios, cotizaciones a la Seguridad Social e impuestos a la producción. Si creces con oferta agregada, los precios bajan y ganas competitividad. La única manera que tiene España de salir de esta es con la moderación de los precios. Por lo tanto a mí la deflación de una economía que empieza a crecer no me preocupa porque es el único camino que tenemos.

–Después de todos los ajustes el déficit público apenas si ha bajado. ¿Qué nos tiene que pasar en este país para alcanzar los objetivos que ha marcado Europa?

–Pero, ¿hemos reducido el gasto público como debíamos? Yo creo que no. Lo que se ha hecho ha sido cortar un poco sanidad, educación y pensiones, pero la estructura de funcionamiento que es de lo que viven los que están en la clase política apenas se ha tocado. Mantenemos una estructura excesiva. El ciudadano lo que quiere es que su hijo tenga la educación garantizada, que le traten bien cuando esté enfermo y tener una pensión más o menos digna. También quiere salir a la calle sin que le roben y que haya una infraestructura mínima para desplazarse por tren, carretera o avión. Ya está. ¿Para eso necesitamos tanta cantidad de funcionarios, parlamentos, diputaciones, ayuntamientos...? ¿ Para eso? Da la impresión de que no. Tenemos una burbuja de cargos y empleos públicos.

–¿En este momento económico es posible bajar impuestos?

–La bajada de impuestos va a animar el consumo. Si la economía crece y se ingresa más a lo mejor hay margen, pero hablamos de una bajada casi de maquillaje, de no más de 50 ó 100 euros más al mes de renta disponible, no creo que más.

–O sea, es gesto para la galería.

–Hay elecciones y el PP llegó diciendo que iba a bajar los impuestos. Otra cuestión sería cambiar el sistema impositivo. En España pagan los impuestos principalmente las rentas del trabajo y por otra parte los empresarios que contratan a trabajadores. Hay otros impuestos que está en torno a la vivienda y el IVA, pero hay muchas partes que no están gravadas.

–Queda el patrimonio...

–Las rentas del capital y, sobre todo, algunas actividades que escapan al fisco porque no están muy controladas.

–El fraude.

–Con todo ese tipo de cosas a lo mejor es posible ampliar la base impositiva y reducir los impuestos a las personas que lo están pagando ahora. O sea que no es solamente el decir voy a bajar impuestos y que todo siga igual, sino cambiar la forma de recaudar. Eso sí sería posible hacerlo.

–El paro juvenil es alarmante. Incluso los titulados universitarios, aunque sea en menor medida, no escapan de él.

–¿El mercado qué es lo que quiere, gente con título o que sepa hacer cosas? Un título no garantiza nada porque las empresas que no generan valor compiten en hard y van a costes bajos y salarios bajos. No requieren gente cualificada porque lo que hacen es muy básico. Para tener salarios altos hay que generar valor y no es cuestión de cambiar las leyes, subir el salario mínimo interprofesional ni cosas por el estilo ¿Cómo se genera valor? Pues necesitas una parte de formación y otra de habilidades y experiencia. Muchos de los títulos que nosotros damos se limitan exclusivamente a dar formación, en muchos casos memorística. ¡Para qué demonios queremos la memoria cuando todos estamos conectados y tenemos acceso a cualquier tipo de información! Lo que tenemos que saber es usar esa información para coger capital humano. Ahora bien, si yo trabajo seis meses de camarero, seis meses de albañil, seis meses de dependiente... ¿qué capital humano estoy cogiendo? Cero. El sistema de contratos temporales que tenemos en España es nefasto. Como no lo cambiemos los jóvenes siempre van a estar así. Van a llegar a los treinta y tantos años sin coger capital humano, con un salario inferior a 1.000 euros y echando 12 horas. El modelo español es ese y lo tenemos que cambiar. Los economistas lo hemos dicho mil veces. Hemos propuesto el contrato único y nos han mandado a paseo.

–Sus detractores afirman que es en realidad un contrato temporal.

–El contrato único lo que dice es no contrate usted temporalmente a nadie, sino fijo. Si necesita despedirlo al año, le paga 12 días de indemnización; si es a los dos años, por el segundo le paga 14 y si es a tres, por el tercer año 18 días... Va subiendo la indemnización de manera que no haya ningún incentivo para echarlo. Si hasta el 32% de la fuerza laboral del país, como ha sucedido, es temporal, ¿qué tecnología podemos tener? ¿Qué empresa va formar a sus trabajadores si los van a despedir en seis meses? Y si tengo gente sin formación, no tengo tecnología, la productividad es baja y no genero valor. Por tanto, no soy competitivo y no pago salarios altos. Este es el problema de España. Lo que sigo sin entender es por qué la gente se empeña otra vez en los contratos temporales y hablan de los contratos precarios.... Si es que lo de antes se nos ha terminado, si es que necesitamos mayor flexibilidad para responder a los nuevos retos y escenarios.

–El informe de PISA repite una y otra vez que la formación en niveles preuniversitarios no es buena.

–Tenemos un sistema ultraproteccionista, nos enseñan cosas que no nos sirven, perdemos muchas horas intentando memorizar cosas que no tienen mucho sentido, entramos en tópicos folclóricos, autonómicos, culturales … cuando lo que hay que saber ahora mismo son idiomas, matemáticas, literatura y la forma de esquematizar cómo está el conocimiento para encontrarlo. Otra cosa es quién tiene que dar la formación en las capacidades: las empresas que también tienen que destinar parte de la jornada laboral, con los incentivos que sea, para que sus trabajadores cojan capital humano y generen más valor en la empresa. Además, hay que hay que acabar ya con las horas extras.

–Que pese al alto desempleo siguen existiendo.

–No puede ser que la gente trabaje 10 ó 12 horas sin cobrarlas. El trabajador en ocho horas tiene que hacer su trabajo. A lo mejor tiene que hablar menos por teléfono o tomar menos café, lo que sea, pero esa es la jornada laboral y si se trabaja la hora nueve, se paga. El sistema será entonces suficientemente eficiente. Si el empresario pone una tarea y le da igual que se haga en ocho horas que en 15 porque va a pagar lo mismo, toda la empresa será ineficiente.

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