Investigar en Málaga

Joven y millonario sin ser futbolista

  • El investigador Juan Miguel Morales logra 1,2 millones del Consejo Europeo para hallar una fórmula matemática que dé poder a los consumidores en el mercado energético

Juan Miguel Morales Juan Miguel Morales

Juan Miguel Morales / JAVIER ALBIÑANA

Juan Miguel Morales ha aterrizado en la Universidad de Málaga con 1,2 millones de euros debajo del brazo que debe invertir en crear un grupo de investigación que desarrolle fórmulas matemáticas que permitan a los usuarios del mercado eléctrico convertirse en agentes con voz y voto en el sector de la energía. El Consejo Europeo de Investigación, el gran brazo de la UE que determina la estrategia científica en Europa y la financia, lo ha incluido en el programa Starting Grants, el club de honor de los científicos con entre dos y siete años de trayectoria postdoctoral que trabajan en las fronteras del conocimiento más desafiantes.

La última convocatoria del programa Starting Grants se resolvió el 7 de septiembre. Con un presupuesto de 605 millones de euros proporciona apoyo económico a 406 proyectos. Son posiblemente los fondos más disputados del continente por su envergadura económica y reconocimiento. Consecuentemente, su distribución geográfica es muy dispar: destacan los científicos alemanes que han conseguido financiación para cerca de 70 proyectos, seguidos de los franceses (50) e italianos. España ha logrado 22, la mitad de ellos liderados por investigadores de universidades y centros científicos catalanes. En esa liga es donde juega ahora Juan Miguel Morales.

La competitividad de los fondos Starting Grants le ha obligado a presentarse a la convocatoria en tres ocasiones. No obstante, se ha alzado con la victoria en el momento preciso, justo cuando regresaba a España, tras una fulgurante carrera en la Universidad Técnica de Dinamarca, dispuesto a empezar prácticamente de cero.

El investigador de la Universidad de Málaga logró darle esquinazo a la crisis con una estancia posdoctoral en Dinamarca. Allí fundó su propio equipo de investigación y tuvo la oportunidad de promocionar hasta ser profesor titular de grado tres, categoría próxima a la de catedrático. Su estancia en Copenhague se prolongó más allá de lo previsto, en gran medida por las dificultades para regresar cuando España sufría el impacto de los recortes y la crisis. En 2016, cuando se levantaron los vetos a la cobertura de las plazas vacantes en las universidades se vio en la tesitura de tomar una decisión. "Era ahora o nunca", dice porque comprendía que retrasar el retorno implicaba mejorar su posición científica y académica en Dinamarca, una progresión que le alejaba de un país en el que la carrera se tiene que empezar necesariamente desde abajo. En esa tesitura optó por poner fin a su etapa danesa y descartar un sueldo que superaba los 4.000 euros mensuales para volver a empezar con un salario de apenas 1.800 euros.

Aunque ganó una beca Ramón y Cajal, destinada a promover el retorno de investigadores de talento, el periodo de incertidumbre que ha vivido este programa ("Sé de cajales que se han tenido que ir otra vez", argumenta), le empujó a aceptar una ayudantía en la Universidad de Málaga y, gracias a que tiene acreditado su currículum como profesor titular, le ha permitido tener un contrato de doctor.

Además de las distancias salariales, optó por volver sin grupo de investigación ni financiación. Ese acto de valor, no obstante, se ha visto compensado por el programa Starting Grants, que le permitirá crear su propio equipo en la Escuela de Ingeniería Industrial de la Universidad de Málaga (UMA), donde fue alumno de grado, y le garantiza 1,2 millones de euros para trabajar durante los próximos cinco años, una cantidad y un plazo impensable aún en un país en el que los proyectos de I+D se financian todavía con cuentagotas.

En estos días está a la espera de instalarse en el edificio Ada Byron de la UMA y comenzar a contratar a los miembros de su grupo para sacar adelante el proyecto Análisis avanzado para empoderar a los pequeños consumidores de energía. Su campo de acción se desarrolla en el ámbito de las matemáticas aplicadas a la energía, con el objetivo de hallar algoritmos que permitan optimizar la gestión de las infraestructuras energéticas e impulsar las energías renovables procedentes del sol y del aire.

"El sistema eléctrico es una infraestructura colosal e interconectada". Por ejemplo, España está conectada al resto de Europa que, a su vez, está vinculada a Asia. "Cómo operar para que la electricidad llegue a los hogares con un alto porcentaje de renovables impredecibles, como la energía fotovoltaica o eólica, es un problema matemático difícil e interesante", explica. Su propuesta pasa por aplicar big data (procesamiento masivo de datos), machine learning (técnicas de aprendizaje automático), optimización y análisis de series temporales para hallar la fórmula ideal para el gobierno de las redes no solo eléctricas, sino del conjunto de las infraestructuras energéticas que incluyen desde la luz, hasta la calefacción, el gas o el transporte.

El objetivo tangible, por tanto, es averiguar los algoritmos matemáticos que garanticen una gestión óptima, pero la misión final del proyecto es cambiar el mundo. Juan Miguel Morales subraya a modo de ejemplo cómo el sector eléctrico español es "un duopolio y medio" en manos de Endesa, Iberdrola y Unión Fenosa en el que los consumidores se limitan a pagar las facturas. El horizonte es que los consumidores sean también productores. Es decir que generen energía renovable para su propio consumo, pero también para vender la sobrante sin alterar el sistema, teniendo en cuenta que la producción fotovoltaica y eólica siempre depende de las condiciones meteorológicas.

Conseguir una fórmula que permita este trasvase (actualmente penalizado fiscalmente en España, pero en línea con la estrategia de países como Dinamarca, que ha fijado el 2050 para que el 100% de su energía sea renovable) implica "un cambio de paradigma", para que el comportamiento de los consumidores/productores tengan impacto en el mercado y puedan corregir las desviaciones tanto a través del consumo privado como con las decisiones de venta de los excedentes que generen.

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