¿Por qué las chicas beben como chicos?

  • Una investigación del Instituto de Estudios de las Mujeres y de Género pone de relieve cómo las adolescentes están redefiniendo su identidad de género a través del 'botellón' · La directora del proyecto, Nuria Romo, reivindica políticas preventivas de los riesgos del alcohol que no traten como a un todo a hombres y mujeres jóvenes.

Imagen del botellódromo de Granada tomada durante la fiesta de la primavera de 2011. 

La brecha de género se ha roto en el botellón. Las adolescentes están redefiniendo su identidad a través del consumo intensivo de alcohol. Valores y significados tradicionales atribuidos a lo masculino y femenino se están redibujando a través de la bebida en espacios públicos. Esta nueva realidad reclama también políticas preventivas que tengan en cuenta la perspectiva de género, de acuerdo con las conclusiones alcanzadas en una investigación realizada por Instituto Universitario de Investigación de Estudios de las Mujeres y de Género de la Universidad de Granada

Chicas y chicos participan en botellones de forma muy similar, aunque los investigadores de las universidades de Granada y Sevilla que han realizado el proyecto han constatado que el porcentaje de chicas que se emborracha entre los 14 y 16 años es mayor que el de chicos. Ellas, además, empiezan a beber antes “por su tendencia a juntarse con gente mayor de edad”. En un artículo publicado en la Revista Española de Drogodependencias, bajo el elocuente título Bebiendo como chicos: consumo compartido de alcohol y rupturas de género en poblaciones adolescentes, detallan las secuelas que estos comportamientos tienen desde la perspectiva de la salud pública y la biología, pero también desde el punto de vista de género.

El consumo intensivo en jóvenes anticipa la ingesta abusiva en la edad adulta. Para los adolescentes beber representa un escalón en su camino de acceso a la edad adulta . “No se percibe como un hecho prohibido”, sino “inevitable y normalizado, conectado a sus perspectivas personales”, según la investigación, coordinada por Nuria Romo, directora del Instituto de Estudios de las Mujeres y de Género

Desde un punto de vista meramente biológico advierten del mayor impacto que la bebida tiene en la población femenina porque “una misma cantidad de alcohol por peso corporal, consumido en el mismo espacio de tiempo, conduce a mayores niveles de alcohol en sangre en las mujeres que en los hombres”. Las diferencias metabólicas implican que las chicas sean “más vulnerables a los efectos tóxicos del alcohol, desarrollando problemas hepáticos, cardíacos y neurológicos más severos y en menor tiempo”.

No obstante, el impacto va más allá. “El botellón ha igualado las conductas entre ambos sexos en lo que a consumo de alcohol se refiere, pero no en cuanto a los procesos sociales en los que se produce este mismo consumo”. Nuria Romo enfatiza la normalidad con la que se registran estos comportamientos en una sociedad “en la que nuestras abuelas no podían entrar en un bar”. Se están produciendo rupturas de género dentro de la sociedad española asociadas a la bebida que tienen que ver con “el hecho de que las adolescentes asocien el consumo de alcohol al placer, así como a hacerlo en espacios públicos".

Sin embargo, no se acepta igual la bebida en una mujer joven que en un hombre. Socialmente el alcohol se considera más problemático en la mujer joven que en el hombre, en gran medida por las connotaciones de “rebeldía” que implica. Existe una tendencia a catalogar a las adolescentes que beben de forma intensiva de sexualmente promiscuas y se considera mayor la probabilidad de verse involucradas en prácticas sexuales de riesgo. En este sentido, los investigadores también observan nuevos elementos de ruptura en el sistema de género a partir de la disyuntiva que afrontan las adolescentes entre “el deseo de cuidar su reputación femenina, pero disfrutando de mayores libertades”.

Los investigadores concluyen poniendo de relieve la necesidad de seguir indagando si estas prácticas, finalmente, desembocarán en el “empoderamiento transformador” o si de forma paralela actuarán “como un factor que contribuye a potenciar ciertas vulnerabilidades, como el hecho de aumentar los casos de relaciones sexuales no deseadas”.

Nuria Romo reivindica políticas preventivas adaptadas a la perspectiva de género. En otro artículo publicado  por el grupo en Journal of Drug Policy se afirma que "las intervenciones de reducción de daños no deben considerar a los adolescentes como si fueran un grupo homogéneo". Defiende la intervención desde la diversidad con mensaje más contextualizados, que tengan en cuenta las diferencias entre chicos y chicas, que transmitan las "estrategias de reducción de daños de forma creíble.

El equipo ha realizado el trabajo con financiación del Ministerio de Sanidad, ha llevado a cabo la investigación de campo con un centenar de adolescentes de Granada y Sevilla. Se han elegido ambas ciudades porque representan diferentes modelos de botellón. El Ayuntamiento granadino optó por crear un espacio específico para este fin: el botellódromo, mientras en Sevilla el fenómeno se extiende por varios espacios públicos no acotados.


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